La Llave Psi

La clave la tenés vos

EMOCIONES

 

Psicología emocional: principales teorías de la emoción

Las emociones ejercen una gran fuerza sobre nosotros e influyen en nuestro pensamiento y nuestra conducta, por eso tienen un gran peso en el estudio de la psicología. En los últimos años, han surgido distintas teorías que intentan explicar el cómo y el porqué de las emociones humanas y, además, en el mundo de la psicología, la inteligencia emocional ha ido ganando terreno por sus beneficios en el bienestar de las personas y el desarrollo emocional.

Conceptos como validación emocional, autocontrol emocional o gestión emocional, nos resultan cada vez más familiares, y tanto en el mundo organizacional como en el deporte, la correcta gestión emocional está íntimamente relacionado con el rendimiento.

Emociones: ¿qué son exactamente?

Proviene del latín “emotio”, que significa movimiento, impulso, aquello que mueve hacia. Es la energía que lidera, organiza, amplifica y atenúa la actividad cognitiva, también se compone de reacciones psicofisiológicas frente a ciertos estímulos, tales como recuerdos, experiencias actuales, pensamientos sobre el futuro, etc. Función: adaptativa, comunicativa, motivacional. A nivel psico generan una alteración del ánimo y a nivel físico cambios orgánicos y somáticos.

Regula todo el procesamiento de la información. No solo componente cognitivo sino funcionamiento en el contacto interpersonal, básicamente son esenciales para la comunicación. Están reguladas y al mismo tiempo ejecutan funciones regulatorias (funcionamiento mental, organizando tanto pensamiento como acción, y también los vínculos sociales). Pueden ser reguladas por nosotros mismos, esta habilidad permite a la persona tener una conducta más flexible y adaptativa.

Todo el procesamiento de la información es emocional, es omnipresente. Son mayoritariamente inconscientes. Se manifiestan con: 1) señales de mayor actividad cerebral, 2) respuesta de orientación inicial, 3) circuitos de estimación/valoración (bueno/malo, aproximación/alejamiento), 4) procesamiento: prepara cuerpo para la acción.

Emociones primarias: son como la música del cerebro. Cambios en el estado cerebral que resultan del proceso de orientación inicial estimación/activación, generan un tono histórico, una valencia. Puede ser clasificada como “buena” (aproximación) o “mala” (alejamiento), se reproducen sin palabras y pueden existir fuera de la conciencia, están por fuera del lenguaje, cambios que pueden ser sutiles o intensos, persistentes o fugaces.

Emociones categoriales: diferenciación de esos estados primarios. Son innatas y fueron desarrollándose a través de la especie. Funciones de supervivencia. A diferencia de la emoción, afecto es el modo en el que se rebela externamente el estado emocional interno.

Estado de ánimo: tono general de las emociones a lo largo del tiempo. Sesgo de la mente hacia ciertas emociones categoriales.

Señaladores somáticos: cambios musculares de miembros del cuerpo y rostro son altamente sensibles a las reacciones emocionales. A medida que nos desarrollamos adquirimos la capacidad de disponer de un circuito “como si” en el que un estímulo interno (pensamiento, imagen o recuerdo) puede activar un señalador como si fuera somático.

¿Qué es primero?

Etimológicamente, emoción apunta a algo que se pone en movimiento, refiriéndose a procesos neuroquímicos y cognitivos, los cuales se traducen en impulsos involuntarios que inducen sentimientos (entendidos como la percepción consciente de las emociones) y que desencadenan reacciones automáticas.

Ciertas emociones despiertan respuestas fisiológicas universales; sin embargo, en algunos casos, estos efectos son perceptibles sólo de forma inconsciente. Mientras que en Occidente se considera a la emoción como opuesta al pensamiento (implicando a la conciencia), para la psicología budista no presentan mayores diferencias entre sí, formando ambos parte de una totalidad integrada.

Las emociones estarían inevitablemente cargadas de pensamientos y todo proceso mental complejo incluiría algún elemento emocional. La moderna neurociencia ha respaldado la visión budista. Nuestro cerebro no efectúa una distinción nítida entre ambos fenómenos, ya que las regiones cerebrales implicadas en lo emocional también lo están en lo cognitivo. Es decir, los circuitos neuronales involucrados se encuentran tan estrechamente interrelacionados que se trata de dos aspectos indisociables, aunque distintos.

Consecuentemente, no podemos dejar afuera nuestras emociones de nuestros pensamientos ni podemos tener pensamientos sin ninguna connotación emocional, lo cual tendría un sentido adaptativo, puesto que el aprendizaje suele ser más rápido y efectivo gracias a las emociones. Existen dos niveles o formas en que pueden relacionarse las emociones con los pensamientos.

El primero se refiere a procesos básicos de tipo instintivo-biológico-emocional y el segundo a procesos cerebrales que comprometen las funciones superiores (procesamiento de significados emocionales, de pensamientos, aprendizaje, memoria, atención, etc.)

Las emociones se distinguen de otros fenómenos mentales principalmente por dos características: por su mayor velocidad (se despliegan en fracciones de segundo) y por la existencia de una tan veloz evaluación automática, que no advertimos un estado emocional sino hasta que ya estamos sumidos en el mismo. Solemos tomar conciencia de una emoción entre medio segundo y un cuarto de segundo – después – de que ha aparecido, no antes, no durante su gestación.

Por ejemplo, no es que decidamos enojarnos, sino que súbitamente nos sentimos así y lo atribuimos a algo externo ajeno a nosotros mismos, siendo que fue nuestro propio cerebro el que evaluó las circunstancias de manera tan rápida que no nos dimos cuenta. Es por esto que a dicho proceso se lo denomina como automático e inconsciente.

En otras palabras, si bien no somos consciente de ello, es nuestro sistema evaluativo el que determina la emergencia de una determinada emoción; por lo tanto, no es que estemos a merced de fuerzas internas “desconocidas” ni de estímulos externos “conocidos”. Respecto a la interacción entre lo emocional y lo cognitivo las experiencias emocionales y los sentimientos serían estados corporales resultantes de la activación amplia del núcleo amigdalar, implicando con ello que lo emocional ya ha sido mediado por procesos de la corteza y del hipocampo, por lo cual habría un cierto nivel de desarrollo consciente del cual no nos damos cuenta.

En resumen, lo más frecuente es que la emoción preceda o facilite la aparición de un pensamiento. No obstante, en términos muy generales, también es posible que “bajo ciertas circunstancias” una sensación y un razonamiento puedan ocurrir al mismo tiempo e, incluso, hay situaciones en las que el pensamiento puede anteceder a la emoción. Por otra parte, cuando ya nos encontramos inmersos en una emoción, existe un período refractario de tiempo durante el cual nuestra mente no puede considerar ninguna información nueva que refute la evaluación anterior.

En consecuencia, si queremos modificar nuestro estado emocional y comportarnos racionalmente, es imprescindible que esperemos. A modo de conclusión, una especie de “decisión” evaluativa automática e inconsciente, es la que desencadena una determinada emoción y nuestra percepción de dicha sensación nos lleva a pensar en una cierta dirección. Somos nosotros – ya conscientemente – quienes le damos una interpretación a lo que estamos sintiendo y quienes atribuimos lo que sentimos a ciertas “causas”, de acuerdo con nuestros sistemas de creencias.

Pasado el periodo refractario, dado que un pensamiento suele desencadenar a su vez otros subsiguientes que mantienen o aumentan la emoción primigenia, dependerá de nosotros si la seguimos alimentando o dejamos de hacerlo, en lo cual está implicado lo que se conoce como el componente subjetivo de la emoción. En todo caso, respecto a la conducta, como esta sí que es voluntaria, vale la frase: “pensar primero y actuar después”.

Teorías de la Emoción

Las teorías más importantes de la emoción se pueden agrupar en tres categorías: fisiológicas, neurológicas y cognitivas.

Las teorías fisiológicas sugieren que las respuestas intracorporales son las responsables de las emociones. Ej.: imagina que caminas por el bosque y ves un oso. Comienzas a temblar y tu corazón se acelera. Según esta teoría, no tiemblas porque estás asustado, sino que estas asustado porque tiemblas. Otros autores desestimaron esto ya que por el corazón se puede acelerar porque practicas deporte, no necesariamente por el miedo. Y sugirieron que sentimos las emociones al mismo tiempo que las reacciones fisiológicas.

Las teorías neurológicas proponen que la actividad en el cerebro lleva a respuestas emocionales. Y, finalmente, las teorías cognitivas argumentan que los pensamientos y otras actividades mentales juegan un papel esencial en la formación de las emociones.

Según esta teoría, el pensamiento debe ocurrir antes que la experiencia de la emoción. La secuencia de eventos primero implica un estímulo, seguido de una emoción. Por ejemplo, si estás en un bosque y ves un oso, primero pensarás que estás en peligro. Esto provoca la experiencia emocional de miedo y la reacción fisiológica, que puede acabar en huida.

Otra teoría interesante es la del feedback facial, según los teóricos de esta teoría, las emociones están relacionadas directamente con los cambios producidos en los músculos faciales. Por ejemplo, las personas que tienen que forzar su sonrisa en un ambiente social determinado, se lo pasarán mejor que aquellas personas que tengan una expresión facial más neutra.

La relación de las emociones con el bienestar

Tiene su origen en la visión de la inteligencia del profesor Howard Gardner, la teoría de las inteligencias múltiples. Son numerosos los estudios que afirman que la inteligencia emocional es clave para el bienestar de las personas, pues el autoconocimiento, la regulación emocional o la empatía afectan positivamente al bienestar psicológico de los individuos, así como a las relaciones personales o el desarrollo laboral o deportivo.

INTELIGENCIA EMOCIONAL

 

¿Qué es la Inteligencia Emocional?

La Inteligencia Emocional es un constructo que nos ayuda a entender de qué manera podemos influir de un modo adaptativo e inteligente tanto sobre nuestras emociones como en nuestra interpretación de los estados emocionales de los demás. Este aspecto de la dimensión psicológica humana tiene un papel fundamental tanto en nuestra manera de socializar como en las estrategias de adaptación al medio que seguimos.

Inteligencia Emocional: ¿en qué consiste?

Los investigadores y las corporaciones empezaron a detectar hace unas décadas que las capacidades y habilidades necesarias para tener éxito en la vida eran otras que iban más allá del uso de la lógica y la racionalidad, y estas capacidades no eran evaluables mediante ningún test de inteligencia. Es necesario tener en cuenta una concepción más amplia de lo que son las habilidades cognitivas básicas, aquello que entendemos que es la inteligencia.

Prueba de ello es que empezaron a ganar terreno algunas teorías de la inteligencia que intentaban comprenderla desde ópticas diferentes, como la Teoría de las Inteligencias Múltiples de Howard Gardner, la teoría de Raymond Cattell (y otros) que explicaba las diferencias entre Inteligencia fluida y cristalizada, o la Inteligencia Emocional que popularizó Daniel Goleman.

Las emociones juegan un papel vital en nuestro día a día

Si pensamos detenidamente en la trascendencia de nuestras emociones en nuestra vida diaria nos daremos cuenta rápidamente que son muchas las ocasiones en que éstas influyen decisivamente en nuestra vida, aunque no nos demos cuenta. Podríamos plantearnos: (1) ¿Compré mi coche haciendo cálculos sobre la rentabilidad y los comparé con otros modelos y marcas? (2) ¿Elegí a mi pareja porque era objetivamente la mejor opción? (3) ¿Es mi empleo el que me ofrece el mejor salario? Gran parte de nuestras decisiones son influenciadas en mayor o menor grado por las emociones.

Ante esta realidad, cabe resaltar que existen personas con un dominio de su faceta emocional mucho más desarrollado que otras. Y resulta curiosa la baja correlación entre la inteligencia clásica (más vinculada al desempeño lógico y analítico) y la Inteligencia Emocional. Aquí podríamos ejemplificar esta idea sacando a colación el estereotipo de estudiante “empollón”; una máquina intelectual capaz de memorizar datos y llegar a las mejores soluciones lógicas, pero con una vida emocional y sentimental vacía.

Por otro lado, podemos encontrar personas cuyas capacidades intelectuales son muy limitadas, pero en cambio consiguen tener una vida exitosa en lo que refiere al ámbito sentimental, e incluso en el profesional.

Este par de ejemplos llevados al extremo son poco habituales, pero sirven para percatarse de que es necesario prestar más atención a esta clase de habilidades emocionales, que pueden marcar nuestra vida y nuestra felicidad tanto o más que nuestra capacidad para puntuar alto en un test de inteligencia convencional. Para eso es importante profundizar en la Inteligencia Emocional.

Elementos de la Inteligencia Emocional

El gran teórico de la Inteligencia Emocional, el psicólogo estadounidense Daniel Goleman, señala que los principales componentes que integran la Inteligencia Emocional son los siguientes:

  1. Autoconocimiento emocional (o autoconciencia emocional)

Se refiere al conocimiento de nuestros propios sentimientos y emociones y cómo nos influyen. Es importante reconocer la manera en que nuestro estado anímico afecta a nuestro comportamiento, cuáles son nuestras capacidades y cuáles son nuestros puntos débiles. Mucha gente se sorprende de lo poco que se conocen a ellos mismos.

Por ejemplo, este aspecto nos puede ayudar a no tomar decisiones cuando estamos en un estado psicológico poco equilibrado. Tanto si nos encontramos demasiado alegres y excitados, como si estamos tristes y melancólicos, las decisiones que tomemos estarán mediadas por la poca racionalidad. Así pues, lo mejor será esperar unas horas, o días, hasta que volvamos a tener un estado mental relajado y sereno, con el que será más sencillo poder valorar la situación y tomar decisiones mucho más racionales.

  1. Autocontrol emocional (o autorregulación)

El autocontrol emocional nos permite reflexionar y dominar nuestros sentimientos o emociones, para no dejarnos llevar por ellos ciegamente. Consiste en saber detectar las dinámicas emocionales, saber cuáles son efímeras y cuáles son duraderas, así como en ser conscientes de qué aspectos de una emoción podemos aprovechar y de qué manera podemos relacionarnos con el entorno para restarle poder a otra que nos daña más de lo que nos beneficia.

Por poner un ejemplo, no es raro que nos enfademos con nuestra pareja, pero si fuéramos esclavos de la emoción del momento estaríamos continuamente actuando de forma irresponsable o impulsiva, y luego nos arrepentiríamos. En cierto sentido, buena parte de la regulación de las emociones consiste en saber gestionar nuestro foco de atención, de manera que no se vuelva contra nosotros y nos sabotee.

Se ha observado que la capacidad de autocontrol está muy ligada a la habilidad a la hora de utilizar el lenguaje: en muchos aspectos, saber gestionar adecuadamente las propias emociones depende de encontrar narrativas que nos permitan priorizar más unos objetivos a largo plazo que otros que tienen que ver con ceder a los impulsos de lo inmediato. Esto encaja con el hecho de que la Inteligencia Emocional tiene mucho en común con la Inteligencia Verbal; tal y como se ha visto al analizar las puntuaciones en pruebas de inteligencia de muchos individuos, ambos constructos psicológicos se solapan mucho.

  1. Automotivación

Enfocar las emociones hacia objetivos y metas nos permite mantener la motivación y establecer nuestra atención en las metas en vez de en los obstáculos. En este factor es imprescindible cierto grado de optimismo e iniciativa, de modo que tenemos que valorar el ser proactivos y actuar con tesón y de forma positiva ante los imprevistos.

Gracias a la capacidad de motivarnos a nosotros mismos para llegar a las metas que racionalmente sabemos que nos benefician, podemos dejar atrás aquellos obstáculos que solo se fundamentan en la costumbre o el miedo injustificado a lo que puede pasar.

Además, la Inteligencia Emocional incluye nuestra habilidad a la hora de no ceder a las metas a corto plazo que pueden llegar a eclipsar los objetivos a largo plazo, a pesar de que los segundos fuesen mucho más importantes que los primeros si nos fueran ofrecidos también a corto plazo (proyectos ambiciosos, planes de ganar mucha experiencia, etc.).

  1. Reconocimiento de emociones en los demás (o empatía)

Las relaciones interpersonales se fundamentan en la correcta interpretación de las señales que los demás expresan de forma inconsciente, y que a menudo emiten de forma no verbal. La detección de estas emociones ajenas y sus sentimientos que pueden expresar mediante signos no estrictamente lingüísticos (un gesto, una reacción fisiológica, un tic) nos puede ayudar a establecer vínculos más estrechos y duraderos con las personas con que nos relacionamos.

Además, el reconocer las emociones y sentimientos de los demás es el primer paso para comprender e identificarnos con las personas que los expresan. Las personas empáticas son las que, en general, tienen mayores habilidades y competencias relacionadas con la IE.

  1. Relaciones interpersonales (o habilidades sociales)

Una buena relación con los demás es una fuente imprescindible para nuestra felicidad personal e incluso, en muchos casos, para un buen desempeño laboral. Y esto pasa por saber tratar y comunicarse con aquellas personas que nos resultan simpáticas o cercanas, pero también con personas que no nos sugieran muy buenas vibraciones; una de las claves de la Inteligencia Emocional.

Y es que este tipo de inteligencia está muy relacionado con la Inteligencia Verbal, de manera que, en parte, se solapan entre sí. Esto puede ser debido a que parte del modo en el que experimentamos las emociones está mediado por nuestras relaciones sociales, y por nuestra manera de comprender lo que dicen los demás.

Así, gracias a la Inteligencia Emocional vamos más allá de pensar en cómo nos hacen sentirnos los demás, y tenemos en cuenta, además, que cualquier interacción entre seres humanos se lleva a cabo en un contexto determinado: quizás si alguien ha hecho un comentario despectivo sobre nosotros es porque siente envidia, o porque simplemente necesita basar su influencia social en este tipo de comportamientos.

En definitiva, la Inteligencia Emocional nos ayuda a pensar en las causas que han desencadenado que otros se comporten de un modo que nos hace sentirnos de un modo determinado, en vez de empezar pensando en cómo nos sentimos y a partir de ahí decidir cómo reaccionaremos ante lo que otros digan o hagan.

¿Por qué las empresas necesitan este tipo de inteligencia?

Hoy en día son muchas las corporaciones que invierten grandes sumas de dinero en formar a sus empleados en Inteligencia Emocional. La razón de esta apuesta estriba en que las empresas se han dado cuenta de que una de las claves del éxito comercial y de la venta de sus productos radica en el grado en que sus trabajadores son capaces de reconocer y controlar sus emociones, así como las de sus clientes.

Es casi impensable concebir un comercial de ventas que carezca de habilidades en el trato con los clientes, un empresario sin motivación para la dirección de su compañía o un negociador que no sepa capaz de controlar sus impulsos y emociones. Todo el conocimiento técnico basado en la mejor relación entre estudios académicos y experiencia no será ninguna garantía para estas personas, porque tarde o temprano malograrán operaciones económicas por un deficiente conocimiento de sus emociones.

Empleados con IE, los más demandados

Cabe resaltar que en el proceso de selección de personal de las empresas la tendencia va enfocada a poner al candidato en situaciones de fuerte estrés o incomodidad para así poder examinar su reacción y su capacidad para lidiar con sus emociones.

¿Hay evidencia empírica que la sostenga?

El constructo psicológico de la Inteligencia Emocional se basa tanto en la observación del funcionamiento del cerebro como en información obtenida mediante la psicometría.

Eso sí, los mismos problemas a la hora de definir la inteligencia general permanecen a la hora de explicar qué es la Inteligencia Emocional. No es ni una parte del cerebro ni una manera concreta de procesar la información, sino que básicamente se establece su existencia observando cómo se actúa en condiciones determinadas y de qué manera eso nos lleva a obtener ventajas o desventajas en una situación. La naturaleza de lo que es la Inteligencia Emocional sigue siendo en gran parte un misterio.

ALGUNAS REFLEXIONES RESPECTO AL DESEO

 

Invitamos a desmenuzar juntos esta cuestión del deseo. Una de las cuestiones que he notado en mi trabajo personal y terapéutico es tendemos naturalmente a sentir que el pasto del vecino es siempre más verde. O sea, nunca estamos satisfechos. Si estamos casados, añoramos la soltería; si estamos solteros, nos sentimos solos. ¿Cómo llegar entonces a un sano equilibrio entre la tenencia y la falta?

Uno de los nuevos talleres que estamos ofreciendo es sobre cómo sostener el deseo en la pareja. Porque la experiencia nos muestra que la mayoría de las parejas no logran superar la caída del idilio, de la idealización, la máscara de la ilusión. Se compran expectativas, que obviamente después del período donde todo es maravilloso y perfecto y empiezan a notarse las fallas, las faltas, sobreviene la desilusión, el cansancio, la rutina y la falta de deseo.

Y entonces, el deseo se empieza a poner en otro lado y aquí encontramos todo tipo de evasivas: infidelidades, relaciones abiertas para ponerle “sal” a la pareja y quedarse en un punto medio entre el amor y la pasión, con el amor en casa y la pasión afuera, o por el contrario la asexualidad.

Por supuesto, es mucho más difícil intentar un camino de seguir eligiendo al otro a pesar de la tentación y el atajo de lo nuevo, pero esto sigue siendo comprar más ilusión, o seguir posponiendo el enfrentarme con la resolución del deseo. Si bien la vida es permanente cambio y devenir, el cambio constante también puede ser una excusa para no elegir, no comprometernos nunca, no trabajar en nuestras fallas y a la primera de cambio escapar a otro destino. Está bien soltar amarras donde no hay deseo, pero también lo está elegir el amarre donde lo hay y puede seguir habiéndolo.

El deseo, al ser ese misterio irreductible, también es conflicto. Un conflicto que nos desafía a superarnos y elegir día a día, momento a momento.

Fíjense lo curioso y paradójico que en las relaciones tóxicas lo único que las sostiene es el deseo, que es un deseo expresado en goce violento y sin límite, pero que los implicados en esa relación entienden como piel, como pasión. Y aquí uno de los disfraces del deseo. Pareciera que nos ata la intensidad emocional devenida drama, violencia, porque al estar presente la amenaza del abandono y la pérdida, la ruptura, el engaño y la seducción de un tercero, todo se vive más intensamente, viene luego la reconciliación, el reencuentro con el deseo (que vuelvo a decir, no es deseo pero se lo confunde con él) y así el ciclo se da una y otra vez. Pero ahí la pasión lo es todo, y falta la estabilidad, la racionalidad.

En cambio, en una pareja asentada y sin estos altibajos emocionales, aflora la rutina como amenaza al deseo. Todo está tan bien que aburre… ¿será por eso que seducen tanto los psicópatas, por vendernos tan bien este disfraz del deseo? Lo bueno y aburrido, no es popular. Lo malo y peligroso, es más piola. Estamos tentados a valorar la vida jugando en la cornisa con la muerte.

¿Cómo compatibilizar entonces deseo y amor, cómo resolver esta encrucijada, cómo tener una relación estable (con todo el significado literal de la palabra: estable en tiempo y espacio, en sentimientos, pensamientos, conductas) sin que decaiga el deseo? Bueno, ese es parte del desafío tan difícil y por qué la mayoría de las parejas sucumben a los atajos de la ilusión.

Tentaciones vamos a tener siempre, no nos engañemos. Pero eso es parte del juego del discernimiento. Y por ello es imperativo registrar lo que nos pasa minuto a minuto, si es preciso. Para sobre todo ser honestos con nosotros.

Es un verdadero camino de autoconocimiento: implica ir subiendo de niveles de amor, como en un juego multidimensional que nos desafía a retos cada vez más complejos. Pasar del idilio a la aceptación radical del otro como es; pasando a su vez por el filtro de nuestra propia aceptación radical, y así para conectar a nivel emocional más profundamente, a nivel mental y a nivel espiritual. Y más allá.

Poder un día volver a abrir los ojos y seguir viendo a nuestro compañero/a de vida como la primera vez, pero sin los ojos endulzados de la ilusión. Si me quedo detenido y arraigado en un solo nivel (físico, emocional, mental o espiritual)  inevitablemente habrá una grieta donde el deseo se desvanezca o la pareja en sí misma literalmente se rompa (en casos de violencia, por ejemplo).

Por ello se trata de un trabajo multinivel, multidimensional, en varios planos al mismo tiempo, en una cadena de crecimiento que no sabemos dónde puede tener fin, si es que lo tiene. Ahí es únicamente donde cobra sentido que el amor no conoce límites: cuando está puesto en amar el crecimiento del otro, en el propio y en el compartido, que puesto en los términos de la ilusión tóxica se traduce como “te amo a cualquier precio”, aunque ese precio sea la muerte.

Por ende, noten cómo siempre los opuestos se atraen, y como cada media verdad de cada extremo es tan distinta. Una vez más, ahí el insondable enigma del deseo.

EN EL NOMBRE DEL PADRE: LA NOVELA FAMILIAR (PARTE 1)

 

Para hablar de la novela familiar, primero tenemos que hablar del mito, que es lo que va a dar origen posterior a la novela. El mito familiar presenta las siguientes particularidades:

Es un sistema de creencias que afecta a los miembros de la familia, sus roles y sus atribuciones en sus interrelaciones.

Son “convicciones compartidas” por el grupo familiar y “aceptadas a priori” a pesar de su característica de irrealidad, como una cosa sagrada y tabú que se evita examinar y menos aún desafiar.

Si un miembro reconoce su carácter falso e ilusorio, esto deberá estar guardado para sí mismo, mantenido oculto como secreto.

Esta representación singular corresponde a un mecanismo homeostático (esto es un mantenimiento de una cierta constancia y estabilidad del sistema) para mantener la cohesión del grupo familiar, reforzando los roles de cada uno. El mito familiar funciona como un termostato o una válvula de seguridad que impide al sistema familiar deteriorarse y eventualmente destruirse.

El mito tiene una importancia vital: se pone en marcha cuando ciertas tensiones entre los miembros de la familia alcanzan un nivel susceptible de hacer estallar las relaciones establecidas. El mito expresa y mantiene una pseudo-realidad que modela a los niños que nacen en el hogar, incluyendo el entorno extrafamiliar, constituyendo así a veces una separación patológica entre el grupo familiar y la realidad.

Desde la visión sistémica, el mito familiar es “la interpretación común que los interesados dan a sus dificultades”. Ejemplo: una “hermana enferma” que se define a sí misma como tal y exige que se definan los roles familiares en función de este subgrupo “hermana enferma” que ella crea. O dichos como: “Nosotros permanecemos como una familia modelo” (¿qué sería una familia modelo?), otro ejemplo el racismo en la familia, donde para definir la esencia de un nuevo integrante en la familia todos los padres tienen necesidad de un rasgo particular que sea parecido a uno de ellos.

Propiedad del mito familiar: se transmite de una generación a la siguiente, reforzándose, rigidizándose al punto de congelar al extremo las reglas familiares, creándose así un clima favorable al brote psicótico, y justificando la afirmación del psiquiatra M. Bowen: “Hace falta por lo menos tres generaciones para hacer un esquizofrénico”.

La escuela sistémica de Milán propone la prescripción de un ritual a modo de contra-mito para romper con las reglas familiares anquilosadas y fijar otras nuevas.

Hay también una función económica de los mitos familiares por el hecho de que ellos son compartidos sin jamás ser discutidos por todos los miembros de un mismo grupo familiar. Ellos establecen una especie de área de descanso en el cual el acuerdo es automático y el conflicto excluido. La atribución de un rol implica un “contra-rol” que refuerza y completa al otro. Por ejemplo, la etiqueta “enfermo mental” ubicada en un miembro, confiere automáticamente a los otros miembros la etiqueta complementaria de “sanos”.

Pero los mitos no son exclusivos de las familias patológicas: “Ellos existen en todos los grupos y conjuntos y parecen incluso necesarios para una relación fluida y armoniosa”. El mito “imagen interiorizada de la familia”, expresa la manera con la cual es visto por todos sus miembros y solo se vuelve patógeno en los grupos familiares “agobiados por su mitología” en los cuales sus reglas se vuelven rígidas y arcaicas, reduciendo al extremo el margen de libertad individual y generando una incapacidad de adaptación a las situaciones nuevas y a los acontecimientos imprevistos, familias cuya mitología es “la felicidad, la armonía perfecta”.

El mito familiar es la vía indirecta por la cual la fantasía –base misma de la terapia familiar psicoanalítica – entra con fuerza en la comunicación familiar, como un factor necesario para la comprensión del funcionamiento grupal. De esta manera notamos que la acepción del término “mito” desde lo sistémico va desde una representación falsa pero generalmente admitida por todos los miembros de un grupo hacia una producción imaginaria, fantasmática, cercana al delirio colectivo.

Ahora vamos a ver la relación del mito con la fantasía.

De la descripción clínica sistémica corriente del mito familiar se desprenden tres características:

  • Es una construcción imaginaria ilusoria que incluye una importante falsificación o interpretación de la “realidad”.
  • Es un mecanismo defensivo contra un peligro de estallido del grupo familiar, o para huir de una u otra realidad insoportable.
  • Se presenta como un secreto, un no dicho común, pensamiento compartido por todos los miembros del grupo familiar, cuyo carácter de falsedad no puede ser develado si se ha reconocido.

 

La fantasía 

Mientras el mito aparece como una producción del imaginario colectivo, la fantasía, en el sentido psicoanalítico del término, es una producción individual que puede ser inconsciente o consciente. El psicoanálisis nos va a hablar de sueño diurno, rememoración de sueños nocturnos, elaboración intelectual, lapsus, pasaje al acto, o la formación de síntomas.

La fantasía inconsciente es la unión entre la pulsión y el pensamiento y la fantasía consciente es un intento de dominar y simbolizar las pulsiones brutas del inconsciente. Es una puesta en escena de un deseo, generalmente un deseo infantil; es la satisfacción imaginaria de un deseo inconsciente. La fantasía inconsciente es siempre una formación de compromiso entre el deseo y la prohibición, una suerte de traducción revisada y corregida de la pulsión, una traducción que se volvió relativamente conforme a las exigencias morales del Superyó (o sea las prohibiciones parentales interiorizadas), y del exterior (el contexto familiar).

Es así, que debido a estos elementos defensivos (conformidad a las normas lógicas y morales del grupo y dotar de lógica a los fenómenos brutos del inconsciente), la fantasía individual consciente corresponde a esta exigencia del mito familiar de ser, no solamente compartida, sino también parte misma de la fantasmática familiar, de la racionalización común a todos los miembros del grupo familiar para construir un mito común, una suma de las fantasías individuales deformadas por la censura familiar consciente o inconsciente. De esta forma se crea una realidad psíquica familiar muy alejada, frecuentemente, de la realidad familiar tal como es percibida por un observador externo.

Se constituye el mito familiar con esos aspectos de consenso y de creencias grupales, de convicciones compartidas, habiéndose moldeado inconscientemente cada psiquismo particular sobre un modelo familiar. La familia genera las condiciones para que los mitos familiares emerjan sobre la base –o a expensas– de los psiquismos individuales.

Es según esta dinámica que se constituye aquello que he denominado un “espíritu de familia”, que es una producción del aparato psíquico grupal familiar en las familias neuróticas o normales donde se crea una “imagen interiorizada común” del grupo, con mitos claros, fluidos, flexibles que tienen como función simbolizar la realidad, sin disfrazarla profundamente. En cambio, en una familia psicótica el mito no es más que un mecanismo defensivo, un rito mental rígido que perdió su sentido y que se impone al grupo familiar a costa de la fantasía individual y de la autonomía de los aparatos psíquicos de cada sujeto.

De esta forma entre el mito social –representación colectiva al nivel de los grandes grupos institucionalizados – y la fantasía individual – manifestación de la actividad psíquica singular – viene a insertarse el mito familiar elaborado por la célula familiar (nuclear y ampliada). Toda relación humana tendrá por trama de fondo un mito: una representación o proyección del imaginario individual y familiar, un intento de explicación, de interpretación y de simbolización de lo real bajo la forma de producciones fantasmáticas.

 

El individuo

El yo psíquico se constituye por identificaciones sucesivas. La autopercepción progresiva, la unificación yo psíquico-yo corporal, el reconocimiento de su propia imagen psíquica y corporal se realiza a través de un proceso a la vez de aceptación de lo real – de sí mismo y del otro – y de alienación por el otro, por la mirada del otro, por la imagen del otro. Entonces “Yo es un otro”. Yo es un mito.

En la teoría psicoanalítica la madre desde hace mucho antes que el niño advenga lo ha instalado en su subjetividad, hay una localización de este hijo como objeto de deseo, se trata del deseo de ese Otro primordial, es a través del deseo del Otro que el bebé tendrá la posibilidad de ser. Ese niño por venir ya está misteriosamente ligado a la trama imaginaria y simbólica del inconsciente materno. Está presente en el imaginario de la mujer como objeto de ensoñaciones, de proyectos, fuente de angustia. Incluso ya es nombrado antes de que nazca, y hasta probablemente ya sabemos su sexo.

 

La relación

Por el hecho de esta alienación del origen, toda relación del Yo con el otro será, en su fundamento, marcado por una ilusión. El otro es siempre por una parte este “otro yo”, este yo mítico, ilusorio, proyectivo.

 

El grupo familiar

Todo grupo familiar, más allá de su historia real tiene un poder de ilusión: la familia crea naturalmente los mitos. Los vínculos ilusorios tejidos por la pareja amorosa se desarmarían rápidamente si no recurrieran a la creación de un tercero, de un testigo, portador o heredero de esa ilusión parental, que viene a alimentar con una sangre nueva, con un sentido nuevo, el mito dual.

Esta conjunción de la triple ilusión conyugal, parental e infantil crea las condiciones ideales de nacimiento y desarrollo del mito. Esto viene dado por la resonancia que se viene dando por pueblo que los ha elegido, conservado y construido a través de esta puesta en escena mitológica.

LA NOVELA FAMILIAR: EN EL NOMBRE DEL PADRE (PARTE 2)

 

Toda familia tiene sus mitos y sus ritos

La observación más elemental revela que la vida cotidiana de toda familia está constituida por un conjunto de hábitos mentales, verbales y comportamientos comunes a todos sus miembros y que se transmiten de una generación a la otra. Es la tradición consciente de imágenes, pensamientos, conductas verbales y prácticas que constituyen los mitos y los ritos manifiestos de cada familia.

Al nivel de las representaciones toda familia alimenta una imagen grupal, idealizada o desvalorizada, de su pasado, de sus orígenes conocidos o perdidos en el tiempo; una genealogía, una historia que aunque limitada es “arreglada”, embellecida o deslucida de sus raíces, que pone en evidencia en primer lugar un ancestro, quizás un tío o tía, que es caracterizado por una conducta heroica, altruista, o a la inversa por una vida en decadencia (la oveja negra familiar).

Otro ascendiente es especialmente brillante en tal o cual área, o un portador de una tara física o mental considerada como hereditaria. Un lugar especial en esta leyenda familiar es a menudo ocupado por un ancestro desaparecido “de él no se habla y nunca lo volvimos a ver”.  Esta genealogía, es recibida como un secreto compartido que se mantiene en la oscuridad y se utiliza a la fantasía para llenar estas lagunas. La noción de pertenencia común se incluirá a menudo, sobre esta historia familiar bajo la forma del reconocimiento de parecidos físicos y morales, de una religión común, de ideales morales compartidos, de representaciones y gustos culturales semejantes. Los objetos conservados  y los lugares van a ser las representaciones concretas de este pasado fantaseado común.

A nivel de las prácticas todo grupo familiar es el lugar de una “creación” heredada de ritos que hacen a la vida cotidiana o a los grandes acontecimientos que la sacuden, un conjunto de hábitos que parecen naturales para cada miembro del grupo.

  • ritos de levantarse, acostarse, alimentación, lavado, conductas escatológicas, marcación del territorio y de organización del esparcimiento.
  • ritos que conciernen a las demostraciones afectivas (abrazos por cualquier motivo, o no se abrazan jamás en la familia o solo se abraza a los niños y las mujeres en otros casos).
  • ritos de las celebraciones, conmemoraciones (fiestas, aniversarios).
  • ritos que conciernen al culto dado a los desaparecidos
  • reglas, reconocidas por todos, modalidades de enfrentamientos verbales o físicos en el interior de la familia.
  • Lenguaje, palabras comunes, significados especiales, modos particulares

Estos ritos son sostenidos por una fantasía familiar inconsciente común. Son la expresión del aparato psíquico familiar, de su dinámica creadora pero también de su tendencia a la estabilización y a veces de su estancamiento, de su esclerosis.

Los mitos denunciados por la visión sistémica son esencialmente defensivos: paralizantes, no estructurantes, rígidos, no evolucionados. Están para mantener bloqueada la circulación de fantasías y traducen la historia bruta del grupo en términos de una estricta causalidad por no haber podido “generar mitos” o fantasear.

Ejemplos típicos: “Siempre hemos tenido un enfermo mental en cada generación”. “Era un niño no deseado, que no podía tal o cual cosa…” “El heredó de su tío esquizofrénico”. “Hubo suicidios en nuestros ascendientes”. “Solo podemos salvarnos si estamos bien unidos”. “Nuestra familia nunca tuvo problemas hasta la aparición del delirio de este niño”, “Todos tenemos el gusto por el esfuerzo, del riesgo, aunque exista el peligro de morir”. “Desde el padre hasta el hijo todos nos hacemos pis en la cama”.

Desde el psicoanálisis:

  • las familias neuróticas patológicas (es decir, que sufren su patología) exponen una carencia relativa de simbolización de las fantasías originarias
  • las familias psicóticas presentan una ausencia de simbolización de esas mismas fantasías.

 

 Fantasías originarias y mito

¿De dónde  tienen las fantasías originarias el poder estructurante sobre el psiquismo, el poder de organizar el aparato psíquico familiar y de la diferenciación de los aparatos psíquicos individuales? Las fantasías originarias son el fundamento de toda psiquis humana, individual o grupal. En tanto fantasías acerca de los orígenes, ellas corresponden al enigma que se plantea todo individuo o todo grupo humano acerca de su existencia.

Además, ellas son el origen de toda la vida fantasmática, los elementos fundadores de la psiquis. Los niños se preguntan, por ejemplo, sobre sus orígenes y elaboran todo tipo de fantasías como ya veremos. Lo real objetivo y la relación verdadera no existen para la psiquis, solo aprehende el mundo y el otro por intermedio de lo imaginario.

 

En el nombre del padre

Lacan plantea el concepto de Nombre del Padre y propone que éste es un significante que inscribe la ley. El significante que permite abrochar los tres registros que constituyen la subjetividad humana (real, simbólico e imaginario).

Real: es un resto, lo que no es imaginario ni se puede simbolizar. Tiene existencia propia y no es representable. No es la realidad, que pertenece al orden del lenguaje. Lo real aparece en la esfera de la sexualidad, de la muerte, del horror y del delirio. Lo real es lo que no podemos pensar, imaginar o representar, es decir, lo inconceptualizable, lo que no se puede poner en la palabra o en el lenguaje, constituyendo un indeterminado incontrolable.

Imaginario: se funda -tal cual su nombre lo indica- en el pensar con imágenes; pensamiento que -según Freud- es el tipo de pensamiento más primario (representación). En la concepción freudiana, la percepción deja huellas o marcas psíquicas (signos perceptuales) que conforman un espacio psíquico compuesto de imágenes provenientes de todos los sentidos y de los movimientos del otro y del propio cuerpo que, cuando logran significarse como propias, hacen a una imagen integrada del sujeto que pasa a comprenderse como uno, distinto de otro.

El aporte de Lacan es conceptualizar este proceso, definiendo que a partir del denominado estadio del espejo el sujeto puede identificar su imagen como un Yo, diferenciado de otro humano. Esto requiere una cierta enajenación estructural dado que lo designado como «yo» es formado a través de lo que es el otro —es decir, mediante la imagen que, en espejo, proviene del otro. Lo imaginario es entonces la dimensión, el continente, en el cual se desarrolla el pensar en imágenes, no solo visuales, sino imágenes en sentido semiológico.

Simbólico: es el registro psíquico que se origina en el lenguaje y la instancia del Gran Otro, o bien, la Madre. Debido a que no basta con poseer una noción de la propia imagen corporal (que como se ha visto procede de otro); el Sujeto propiamente dicho surge recién mediante la inscripción en el orden Simbólico (orden del lenguaje verbal y orden de la cultura) (ver la ley) momento en el cual el infante adquiere la habilidad de utilizar el lenguaje —es decir—, de materializar "su" deseo mediante el discurso y con un pensar basado en símbolos.

Si bien el registro de lo simbólico muy probablemente sea una capacidad innata del hombre, Lacan observa que su verdadero despliegue solo es posible a partir de un estímulo específico: el de la función paterna en los primeros años de vida.

 

LA NOVELA FAMILIAR: EN EL NOMBRE DEL PADRE (PARTE 3)

 

La novela familiar

El mito edípico – la fantasmática edípica – es la que viene a dar forma y sentido a la “relación con el mundo” del neurótico normal. La “novela familiar del neurótico” descripta por Freud en 1909 parte de la idea de que el alejamiento de la autoridad parental es en el individuo que crece “una de las operaciones más necesarias, pero más dolorosas del desarrollo”.

Y esta construcción sería el equivalente a la creación de la novela, donde el analista pone en escena fantasías que va a atribuir al pasado infantil e imaginario del paciente. No alcanza con contar la historia, tiene que ser una historia donde haya afectos contrariados, frustraciones, conflictos, una forma novelada de organizarla, un entramado de pasiones, diferente de una mera recopilación de datos.

 

Fases

Freud nos dice que esta novela familiar se constituye en varios estadios o capítulos a modo de un teleteatro. Un período inicial en el cual el niño idealiza a sus padres. Para el niño pequeño los padres son, al principio, la única autoridad y la fuente de toda fe.

El deseo más intenso y decisivo de esos años infantiles es parecerse a sus padres -sobre todo en general al del propio sexo-; y el deseo de llegar a ser grande como ellos.  Son el rey y la reina, el emperador y emperatriz como figuras arquetípicas, los dioses omnipotentes que habrá que desidealizar para frustrarse y sumergirse en el mundo mediante la simbolización de la palabra y aceptando la falta y la castración.

La pulsión de saber, de investigar va desde los 3 a 5 años. No hay un interés teórico, Sí un interés práctico: ¿De dónde vienen los niños? Para el varón es natural creer que todos tienen un genital como el suyo. Y ese supuesto es la primera teoría sexual infantil: TEORÍA UNIVERSAL DEL FALO. La niña es presa de la envidia del pene que culmina con el deseo de ser varón. La diferencia subjetiva entre lo femenino y lo masculino se va construyendo.

-Teoría de la cloaca: Aparece la primera diferencia, aunque pequeña, y es que los hombres también pueden parir. No tiene en cuanta la presencia de un tercero en la concepción. Lo genera solo y lo pare por el ano.

-Concepción sádica del sexo: Hay diferencia entre uno que genera violencia (activo) y otro que la recibe (pasivo). La concepción hombre mujer es un mito, ya que en el inconsciente no existe concepción de mujer debido a la premisa atributiva.

-Casados: El marido y la mujer orinan uno delante del otro y ensañan el trasero mutuamente sin avergonzarse.

Esta idealización es posteriormente relegada en la etapa siguiente, asociado al nacimiento de hermanos u otros motivos, donde aparece la crítica a sus padres. Las motivaciones de estas críticas parten del sentimiento de ser despreciado. La sensación de no ser suficientemente amados o retribuidos, pasa por la fantasía de ser un hijastro o un hijo adoptivo.

El estadio siguiente donde se constituye la novela familiar propiamente dicha, es en la prepubertad, donde surgen fantasías de todo tipo sobre la familia. La construcción de esta novela serviría para librar al protagonista de sus padres menospreciados reemplazándolos por otros de posición social más elevada. Se configuran dos familias: la original degradada y la ficticia enaltecida.

Poco después, cuando el niño llega a conocer el vínculo sexual entre el padre y la madre, asume que el padre es desconocido, mientras que la madre es segura, entonces pasa a exaltar al padre, pero ya no duda del origen materno, aceptándolo como algo inalterable. Esta segunda fase (sexual) de la novela familiar es sustentada asimismo por otra motivación que falta en la primera fase (asexual).

Con el conocimiento de los procesos sexuales surge en el niño la tendencia a imaginarse situaciones y relaciones eróticas, esta tendencia es impulsada por el deseo de colocar a la madre -objeto de la más intensa curiosidad sexual- en situaciones de secreta infidelidad y de relaciones amorosas ocultas.

Además, el tema de la venganza y de la ley del talión, que en la fase anterior ocupaba el primer plano, reaparece en esta fase. Por regla general, estos niños neuróticos son los que fueron castigados por sus padres para corregir sus hábitos sexuales y ahora se vengan de ellos mediante estas fantasías.

Los que más recurren a este tipo de fantasías son los hermanos menores para vengarse de los hermanos mayores por sus privilegios y no dudan en emparejar a la madre con cuanto competidor aparezca. Puede darse entonces una interesante versión de esta novela familiar, en la cual su protagonista y autor vuelve a reclamar la legitimidad para sí mismo, mientras que elimina a los hermanos y hermanas, considerándolos ilegítimos. También puede darse la fantasía de eliminar la relación de parentesco con una hermana a la cual se siente sexualmente atraído.

Desilusión, angustia, enigma se confunden y se matizan cuando se relata la historia familiar. Un tío mujeriego, noctámbulo, piola, puede pasar a ser un sujeto incapaz de sostener una relación amorosa y despegar del cálido seno de su madre, o de su casa paterna para armar su vida, y no tiene expectativas laborales más allá del día a día. Una hermana casera y siempre dispuesta a cuidar sobrinos puede pasar a ser vista como negadora/evitativa y aislada social. Un padre que llegaba tarde todas las noches por trabajo puede convertirse en sospechoso de haber tenido aventuras secretas. Una madre victimizada por su marido jugador presenta la arista de haber vivido como una reina que le permitía llevar una vida dándose gustos. 

Y así sucesivos momentos de las historias donde familiares, o padres idealizados de la primera etapa de la novela, pasan a la degradación y menosprecio de la segunda parte.

La creación de la novela expone la ruptura de ese orden y un intento de ligadura. Da explicaciones sobre los orígenes y forma parte del proceso ideal del yo (identificación con los padres e ideales colectivos). Es una historia que se hace y se deshace en ilusiones permanentes. Freud diferencia la historia real y objetiva −que sería el “acontecer histórico”− y la historia vivencial −es decir, como ocurrió para cada hombre−.

Así desde el punto de vista del acontecer histórico una familia es la auténtica y la otra la ficticia, la de la invención literaria. “Las dos familias son espejamientos de la propia”. Así pasamos a la tercera familia −que denominamos la propia− y que proviene del encuentro de ambas.

El significado de real o ficción no cambia la novela. Así, vamos a encontrar el mundo del cuento de hadas, equivalente a la primera etapa de la novela donde el niño enaltece la figura de los padres en el emperador y la emperatriz. En la etapa de latencia la concepción de un mundo previsible y lineal es irrumpido por fantasías puberales, la novela familiar propiamente dicha por Freud.

La creación de esta novela forma parte de algo que contribuye al desarrollo de capacidades creativas y simbólicas. Es signo de salud siempre y cuando no quedemos prisioneros de su ensoñación. Es importante que tengamos en lo imaginario un público donde dirigir la escena, que no son otros que los padres. En la neurosis conviven disociadamente ambas familias sin poder crear la propia, reprimiéndose aspectos de la novela, siendo causa de síntomas y malestares.

La historia que el sujeto relata es la realidad psíquica individual abierta a nuevas experiencias en la que cada uno va encontrando y perdiendo lugares en una reconstrucción continua. Después de todo como dice el dicho popular “a la familia uno no la elige” y como esto es así es necesario hacer algo con eso.

Quien mire con horror o incredulidad toda esta construcción infantil debería entender que no son anormales ni perversas sino que esconden en realidad el deseo de no perder a sus padres, o mejor dicho, a sus padres originarios idealizados, la nostalgia de los tiempos felices pasados donde su padre le parecía como el más distinguido y el más fuerte y su madre como la mujer más querida y la más bella. Esta elaboración mítica de los orígenes expresa el acceso del neurótico al Complejo de Edipo, la constitución de una “neurosis infantil”, un “modo de curación de la psicosis infantil normal”.

El Edipo es un momento lógico en el cual el niño, el sujeto, se encuentra con la castración, por lo tanto recae en él una barra, surge la posibilidad del deseo, de la falta. En este momento, siguiendo a Lacan, el sujeto es capaz de asumir una posición sexuada. El sujeto se inscribe en la ley, se inscribe en la cultura, en lo simbólico. La estructuración subjetiva del niño se efectúa en el complejo de Edipo. Desde el momento que decimos esto no hablamos ya de niño, sino de sujeto, sujeto del inconsciente.

En cambio, el psicótico no pudo estructurar una neurosis infantil; no pudo acceder a la mitología edípica de la ley y del deseo. En esos casos el mito edípico no tomó sentido. En su lugar aparece el rito, rituales desvitalizados, “actuados”, que no llevan un sentido, con comportamientos sin dimensión simbólica. Lo que la cura analítica familiar intenta progresivamente en esos grupos familiares, es el acceso al sentido, la abertura a lo simbólico a través de las fantasías originarias.

 

 

SOLEDAD Y CARENCIAS

 

¿Podemos estar solos? La clave está en elegirlo, y es imprescindible ser capaces de ponernos en primer lugar y no desde una visión egoísta, sino teniendo en claro cuál es mi deseo y mis límites. Un correcto balance entre la separatividad, la individualidad, y la espiritualidad y humanidad, sin disolverme en la ilusión de que dependo y necesito, o en la omnipotencia de que nadie más existe y que nada ni nadie más importa. De vuelta se trata de reconciliar estas dos medias verdades, estos opuestos contradictorios trascendentales.

¿Somos seres sociales? Sí, y al mismo tiempo, venimos y nos vamos solos. Somos en espejo, en relación, nos construye la mirada del otro, y al mismo tiempo nuestro camino de evolución es individual…Otra vez la paradoja de unir lo que es aparentemente irreconciliable.

La soledad y la sensación de soledad: no es lo mismo estar solos a sentirnos solos. La sensación de soledad es no tenernos a nosotros mismos, ser carentes de nosotros.

El vacío y el abandono: desde nuestra crianza vamos configurando nuestros patrones mentales, iremos construyendo una creencia irracional de que “nadie nos quiere” y que no somos merecedores de nada bueno, más si hemos experimentado situaciones que han dejado marcas o huellas psíquicas graves como maltratos o abusos de quienes deberían haber sido nuestras figuras de atención y cuidado.

Entonces, si quienes debían enseñarnos a amar, nos enseñan un amor patológico, crecemos naturalizando lo tóxico como forma de amor, que es lo que va a alimentar nuestro niño interior de miedo, desconfianza, enojo y resentimiento. Si ese enojo no es sanado y liberado, nos vamos volviendo adultos resentidos y tristes, enojados con nosotros por no haber podido poner límites y con una sensación con el mundo de que todo es oscuro, malo, y que el mundo nos debe.

El problema no es perdonar a quien nos lastimó, sino perdonarnos a nosotros porque no teníamos recursos para defendernos, y al no perdonarnos lo más irónico es que ese enojo lo dirigimos sobre nosotros en lugar de dirigirlo a quien nos lastimó, con lo cual encima quien se sigue enfermando somos nosotros.

Por eso es tan importante el perdón como forma de liberación emocional, pero perdonarnos nosotros y soltar esa emoción que quedó atrapada, liberarla, transformarla, devolvérsela a quien la produjo. Perdonar no es olvidar ni exculpar al victimario, es dejar de seguir estando atrapados bajo las garras del resentimiento y la sed de venganza. El otro recibirá su merecido tarde o temprano porque todo vuelve, pero esto ya no depende de nosotros. De nosotros sí depende lo que hagamos con nosotros.

Las carencias materiales como consecuencia de las emocionales: muchas veces pensamos que como no tenemos suficientes cosas, eso nos hace infelices. Y esto es justamente al revés: no es que seamos pobres por no tener, si no pobres por no ser, y si no soy, no tengo.

La carencia es primordialmente emocional, no material. Si no me tengo, entonces no soy nada. Puedo tener de todo materialmente, ser millonario, pero si no me tengo a mí mismo, me voy a seguir sintiendo tan vacío y angustiado como si fuera el más miserable. Esa desconexión la da el no sentirme digno y merecedor de nada, entonces nada es suficiente, nada alcanza, esto tiene que ver con lo que hablábamos del narcisismo en la otra charla…y está estrechamente ligado también con el dinero.

Por eso se dice que el dinero no hace a la felicidad. Soy pobre ante todo de mí, no por no tener dinero. Entonces, la solución a esto es primero empezar a sentirse digno, merecedor, a llenar ese vacío con amor propio, recién a partir de ahí voy a empezar a atraer lo material automáticamente por atracción. De lo contrario no voy a tener y si lo tengo lo voy a perder porque no lo voy a saber cuidar y valorar.

¿Por qué no nos queremos lo suficiente? Bueno, es lo que hablábamos al comienzo: esto está atado a cómo fuimos construyendo nuestra realidad consciente desde lo que fuimos mamando inconscientemente y desde lo ancestral, si venimos arrastrando huellas de memoria de “no me quieren” y las hemos grabado como un decreto, tenemos que empezar a bucear, a meternos profundo en estos patrones y desarmarlos, hacer el camino inverso e imprimir otro chip, otro decreto, desarmar la ilusión y llegar a la verdad de que sean cuales sean nuestras cartas tenemos que hacernos cargo de nuestra vida, sea cual sea el restringido margen de libertad que tengamos.

La depresión, la desvalorización del Yo y la autodestrucción: la soledad nos expone al miedo más arcaico y primario de todos: la angustia existencial de la muerte, la finitud y la nada. El desvanecernos frente a la intrascendencia. Y acá tenemos la paradoja: desde la psicología se nos habla de que venimos escindidos, separados de un inconsciente del que poco o nada conocemos y que maneja nuestra vida automáticamente, la espiritualidad por otro lado nos habla de que somos una gota que viene del océano y que en esencia lo tenemos todo y nada nos falta, bueno, esto que parece paradójico y contradictorio en realidad no es tan diferente: el inconsciente es atemporal, y es ese todo al que todos volvemos, en el que todos nos desintegramos, es la tánatos que al final nos viene a buscar y le gana a eros, del polvo venimos y al polvo vamos, y también es esa gota separada del océano que contiene en sí misma al océano y vuelve a él.

O sea, en otras palabras, este mundo de la materia nos obliga a enfrentarnos tarde o temprano a ese gran arquetipo ancestral, a resolverlo. Si me quedo con la realidad de la finitud y la separatividad y elijo la ilusión del tener para atenuar la angustia existencial, viviré la vida gris de la masa automatizada como decía Heidegger “un ser para la muerte”, un ser sin sentido que vive temiendo a la muerte, muerto en vida.

¿Y para resolver esto tenemos que creer en algo? No necesariamente, al menos creer en nosotros mismos, volvernos una completud habiendo sanado ese niño interior, transformando nuestros patrones mentales, siendo emocionalmente genuinos y espontáneos, lo que nos permitirá conductas congruentes y ser como habitualmente se dice, la mejor versión de nosotros, en el sentido de expresar nuestras múltiples potencialidades sin limitaciones.

Y así, sin darnos cuenta, nos va a acercar a la espiritualidad desde el desapego, desde recorrer las cuatro nobles verdades del budismo que veíamos la semana pasada, y no por seguir algún dogma, si no por estar recorriendo nuestra propia verdad, que es paradójicamente la que nos va a llevar a reconciliar la separatividad con la unidad, porque al encontrar mi propia unidad, la integración de mis opuestos, el trascender de mis ilusiones, el hacer consciente mis sombras, esto es lo que me va a llevar a extrapolarlo hacia los arquetipos colectivos, hacia el inconsciente colectivo. Entenderme y conocerme es lo que me va a llevar a entender y conocer el mundo. “Conocete a ti mismo y conocerás el mundo”.

Moraleja: ¿por qué nos sentimos solos y carentes? La raíz está en el deseo, en el desear lo que creo que me falta y no tengo, y acá la paradoja porque precisamente la psicología nos va a decir que somos básicamente seres en falta, seres deseantes por naturaleza y que ese deseo nunca serpa satisfecho, que desear equivale a estar vivo. Que satisfecho un deseo voy a desear más. Entonces, ¿cómo lleno esa soledad, esa carencia insaciable?

El budismo nos va a decir que dejando de desear, yo me inclino por un punto medio y apunto a transformarnos hacia lo que llamo un estado de no apego, un equilibrio entre seguir deseando y agradecer o aceptar lo alcanzado, lo que tengo. Un cierto estado de paz que no es conformidad, si no la satisfacción de lo alcanzado e ir siempre por más, pero con la mirada en ambas (falta y poder), es decir sin ponerme en ninguna de las polaridades.

Poe tanto la clave entonces para no reencarnar no sería dejar de desear, yo diría que es alcanzar la conciencia de ver más allá de lo ilusorio de la materialidad y de las cosas mundanas, o mejor dicho de ver la espiritualidad incluso en la materialidad y las cosas mundanas, entonces dejar de necesitar las cosas, lo que me va a llevar a no desearlas porque ya las tengo y a dejar de apegarme a ellas porque en todo caso si las perdiera tendría la certeza absoluta de que volverán a mí, porque parto de la conciencia de que nada me falta, que he logrado disminuir el dique de la represión inconsciente, de que iluminado suficientemente mi sombra y he integrado mis opuestos, desde luego que esto es un constante “proceso de ir siendo…” y nunca, al menos mientras siga manejando materia, se llega a alcanzar plenamente, pero llega un momento en que ya soy capaz de elegir conscientemente volver a encarnar o no, si vuelvo será para ayudar a otros a enseñarles un camino de librarse del ciclo de repeticiones y sufrimiento, por servicio y amor, y no como uno más de los “seres para la muerte” de Heidegger, de los dormidos.

Somos al mismo tiempo nada y todo, falta y poder, ilusión y verdad, soledad y totalidad, carencia y completud, de vuelta se nos presenta aquí el desafío de trascender los binarismos, el pensamiento binario, las polaridades, dejar de pensarnos en términos de opuestos para ser multiplicidades

LA ORIENTACIÓN AL SER O AL TENER

 

El psicólogo Erich Fromm nos dice que el hombre sólo puede ser él mismo cuando es capaz de expresar sus potencialidades innatas, pero esto difícilmente llegue a ocurrir cuando su objetivo es poseer la mayor cantidad de cosas, si sólo se empeña en obtener posesiones concluirá convirtiéndose en un objeto más. En cambio, para lograr “ser” debe dedicarse a una actividad auténtica que no es otra que aquella que le permite un pleno desarrollo de sus capacidades.

Orientación de ser

Prestemos atención a la definición sobre la que denominó la orientación de ser: “El modo de ser tiene como requisitos previos la independencia, la libertad y la presencia de la razón crítica. Su característica fundamental es estar activo, y no en el sentido de una actividad exterior, de estar ocupado, sino de una actividad interior, el uso productivo de nuestras facultades, el talento, y la riqueza de los dones que tienen (aunque en varios grados) todos los seres humanos. Esto significa renovarse, crecer, fluir, amar, trascender la prisión del ego aislado, estar activamente interesado, dar”.

Nos dice Fromm que sólo abandonando el modo de tener, donde nos aferramos a las pertenencias y a nuestro ego, puede surgir el modo de ser. Para ser es necesario evitar el egoísmo y el egocentrismo, pero para muchos esto es dificultoso, renunciar a la orientación de tener les provoca angustia, sin llegar a percibir que al dejar de apoyarse en las propiedades pueden empezar a utilizar plenamente sus fuerzas y caminar por sí mismos.

El tener en la sociedad moderna

En la vorágine de la sociedad moderna los individuos tienden a sentirse más aislados y solitarios, esto los obliga a buscar paliativos que les permitan superar ese sentimiento de inseguridad, una de las formas generalmente utilizadas es la de acumular un número creciente de posesiones, de tal manera que esos objetos se convierten en una extensión de su propio ser. Cuando esas adquisiciones se pierden es como que la persona pierde parte de su yo y se siente como incompleto.

Otros factores que complementan a las posesiones son el prestigio y el poder, casi tan imprescindibles como las primeras en su función de paliativos. Incluso para aquellos con escaso poder adquisitivo la familia puede ser una fuente de prestigio, en su seno los hombres pueden fantasear con la ilusión de sentirse poderosos.

El cambio se produce cuando las cosas dejan de ser un medio para la vida y se convierten en un medio para el consumo pasivo o en un elemento de estatus. Fromm señalaba que estaba claro que nadie debería poseer más que aquello que pueda usar racionalmente. Difícilmente pueda surgir la avaricia cuando la cantidad de cosas que poseo está limitada al uso que puedo hacer de ellas. También resultará raro que aparezca la envidia porque mientras me mantenga ocupado utilizando aquello que tengo difícilmente me dedique a controlar cuáles son las posesiones de mis semejantes.

Y, por último, no estaré temeroso de perder lo que tengo pues la propiedad funcional puede reemplazarse rápidamente. En tanto en nuestra cultura la meta suprema es tener, hasta parece sugerirse que la esencia misma de los seres humanos está en tener y que el individuo que nada posee no es nadie.

Diferencia entre ser y tener

La diferencia entre ser y tener es la que corresponde a una sociedad interesada principalmente por las personas y otra que da preeminencia a las cosas. La orientación de tener es característica de la sociedad industrial occidental en la que el afán de lucro, la fama y el poder se han convertido en los problemas predominantes de la vida. Incluso el lenguaje se ha convertido en una muestra de la alienación existente donde tener es la preocupación central, por eso “tenemos un problema”, “tenemos insomnio”, “tenemos un matrimonio feliz”, todo puede ser convertido en una posesión.

 Fromm consideraba estas dos formas de existencia, la de ser y la de tener, como posicionamientos ante la vida y nuestros semejantes. También le asignaba a ambas la categoría de conformar dos estructuras de carácter cuyo predominio en uno u otro sentido, determinaban los pensamientos, los sentimientos y los actos de los seres humanos.

En el modo de tener, la fe consiste en la posesión de una respuesta de la que no se tiene una prueba racional. Alivia al individuo y le evita pensar por sí mismo y tomar decisiones, esa fe le brinda certidumbre. De esta manera la fe se convierte en el apoyo para aquellos que quieren sentirse seguros, de aquellos que quieren obtener respuestas de la vida pero que no se animan a buscarla por ellos mismos.

En el modo de ser, la fe no consiste en creer en determinadas ideas sino en una orientación interior, en una actitud. La fe en uno mismo, en los demás, en la humanidad, en nuestra capacidad de ser plenamente humanos, no en la sumisión a una autoridad que impone una determinada creencia.

Carácter anal - Freud

Según los descubrimientos efectuados por Freud, los seres humanos luego de transitar una etapa infantil meramente receptiva y pasiva, y antes de alcanzar la adultez pasan por una fase anal, pero existen personas en que el carácter anal continúa predominando, son aquellos cuyas energías siguen enfocadas en tener, ahorrar y acumular cosas materiales. Es el carácter que predomina en los avaros y que también suele estar acompañado por rasgos como el orden, la puntualidad y la terquedad.

Si soy lo que tengo, y si eso lo puedo perder entonces cabe preguntarse ¿quién soy? Por eso vivimos con permanente temor: le tememos a los ladrones, a las revoluciones, a los cambios económicos, a la enfermedad, a la muerte, a la libertad, a lo desconocido, etc. Esta situación provoca un continuo estado de preocupación, nos volvemos desconfiados.

En el modo de ser no hay cabida para el miedo a perder lo que se tiene, si soy lo que soy, nadie puede amenazar mi seguridad ni mi identidad. En el modo de tener, las relaciones entre las personas son de competencia, de antagonismo y de temor. La codicia es el producto natural de esta orientación, el codicioso además raramente queda saciado. Esto también puede aplicarse a las naciones, mientras éstas estén compuestas por una mayoría de la población cuya principal motivación sea la de poseer, difícilmente se puedan evitar las guerras y las conquistas.

La paz sólo puede lograrse cuando predomine la orientación de ser, la idea que indica que puede preservarse la paz mientras se alienta el lucro no es más que una ilusión. Lo mismo puede extenderse a la guerra entre clases, entre explotadores y explotados, la cual siempre existió en sociedades donde impera la codicia.

Prepararnos al Ser

Fromm estimaba que la preparación más importante para la orientación de ser consistía en todo aquello que permita adquirir la capacidad de pensar críticamente, para lo cual es necesario no dejarse influenciar por los medios de comunicación. A menos que podamos ver lo que se esconde detrás de los engaños, seremos incapaces de conocernos a nosotros mismos. La educación que recibimos raramente nos conduce a desarrollar una imaginación activa, generalmente consiste en aceptar un conocimiento adquirido por otros y aprender de memoria cierta información. El hombre medio piensa bastante poco por sí mismo, recuerda aquellos datos que les fueron expuestos en la escuela o en los medios de comunicación, sin incluir su propia observación.

Tampoco el hombre en la actualidad se inmiscuye y piensa sobre temas filosóficos, políticos o religiosos, prefiere aceptar alguno de los estereotipos que le ofrecen los intelectuales del orden establecido, en muy pocas ocasiones las opiniones son el resultado de un razonamiento propio, escoge aquella idea que mejor se adapta a su carácter y clase social. Para vencer el egoísmo producto del modo de tener es imprescindible cambiar las costumbres, empezando por dejar de estar obsesionado por la posición social, es necesario transformar la conducta rutinaria en todos los aspectos, interesarnos por los seres humanos, la naturaleza, el arte, y los acontecimientos sociales y políticos, es decir prestar especial atención a lo que ocurre en el mundo exterior en vez de estar encerrados en nosotros mismos.

Apego, desapego, libertad y karma

Desde el desarrollo de Fromm, apego equivaldría a llenarse de cosas para escaparle al sentido, al empoderamiento, a la potencia, al amor y a la espiritualidad. Por miedo a no saber cómo ser, a no animarme, a no poder, a no valer, me lleno de tener. Y eso aprisiona, porque más tengo, más deseo y quiero. Pero no es el mismo deseo del que hablábamos, un deseo-causa y potencia, sino un deseo vacío, herido, necesitado de suplementos que hagan las “veces de”. Otros “como si”, un falso Yo versus el Yo verdadero. Y lo que llamamos karma y mal asumimos como castigo, es un castigo en realidad propio, de ese falso Yo hacia mi verdadero Yo, de ese Yo sombra, inauténtico, hambriento, vampírico, que nunca será saciado porque nada material podrá saciar nunca la necesidad de sentido.

En contraste, ser uno mismo, es liberador. Y eso sería el desapego, no renunciar a todo (posesiones, afectos) e irme a meditar en la cima del Uritorco porque no es en la evasión de los problemas donde recae la espiritualidad sino en aceptarlos y trascenderlos. No es más espiritual quien nada material tiene, así como no lo es quien vive de la ostentación, el lujo y la presunción. Como diría el Indio Solari, el lujo puede llegar a ser vulgaridad. Si entendemos la materia como espíritu densificado y el espíritu como materia sutil nos daríamos cuenta que hablamos de la misma cosa con diferente vibración y nombre, pero que una no puede manifestarse sin la otra, y que nosotros, como expresiones de ambas, debemos ser quienes llevemos nuestra materia hacia el espíritu y viceversa. Porque el próximo hombre será espiritual o no será.

DESPERTAR ESPIRITUAL

 

Qué es Espiritualidad

La espiritualidad es el conocimiento, aceptación o cultivo de la esencia inmaterial de uno mismo.  La espiritualidad humana es definida como la conciencia de una parte de nosotros que no se manifiesta materialmente y que está ligada a algo superior a todos los seres vivos. En religión, la espiritualidad es dirigir la vida y el desarrollo espiritual según las enseñanzas y normas de un dios o profeta.

La religión nos cierra a un dogma, no hay lugar para cuestionamientos ni pensamiento crítico, es excluyente (pertenecer a una determinada religión excluye a las otras, cuando no las invalida). Por el contrario, la espiritualidad puede incluir cualquier religión, es inclusiva. Es un valor positivo y superior, ya que es una cualidad que determina, en la mayoría de los casos, un comportamiento coherente con los valores morales y éticos que ayudan al desarrollo individual.

Cuatro leyes de la espiritualidad

En la India, existe la enseñanza popular de las cuatro leyes de la espiritualidad, que son las siguientes:

La persona que llega es la persona correcta.

A propósito de esto, nos dice Jorge Luis Borges: «Cada persona que pasa por nuestra vida es única. Siempre deja un poco de sí y se lleva un poco de nosotros. Habrá los que se llevan mucho, pero no habrá quien no deje nada. Esta es la prueba evidente de que dos almas no se encuentran por casualidad»

Lo que sucede es la única cosa que podía haber sucedido.

En cualquier momento que comiences es el momento correcto.

Cuando algo termina, termina.

 Y sobre esto último, afirma Carl Jung: “Solo se volverá clara tu visión cuando puedas mirar en tu propio corazón, porque quien mira hacia afuera duerme y quien mira hacia adentro, despierta.”

Y agrega Chopra: “Religión es creer en la experiencia del otro. Espiritualidad es crear y tener tu propia experiencia”.

Despertar espiritual

Dividiremos el desarrollo de esta idea en varios apartados. Por un lado, el despertar espiritual nos remite a esa demanda interior de las preguntas existenciales de la vida (¿Quién soy?, ¿de dónde vengo?, ¿a dónde voy?, ¿cuál es el sentido de la vida?). Por otra parte, apuntamos al autodescubrimiento mediante el amor, que siempre empieza por uno, por tanto, podemos hacer una equivalencia amor=espiritualidad. En tercer lugar, todos estamos conectados desde los arquetipos, que a su vez nos unen a un inconsciente colectivo.

El término “arquetipo” tiene sus orígenes en la antigua Grecia: “arjé” significa “fuente” u “origen” y “tipos”, significa “modelos”. En combinación su significado se traduce como “modelo original”, es decir, un patrón único que es copiado o derivado hacia el resto de modelos. Jung hizo uso de este concepto de “modelo único” incorporándolo a sus teorías psicológicas sobre el inconsciente colectivo. Para este psicólogo y pensador, los arquetipos eran patrones universales que residían en el inconsciente colectivo de todos los seres humanos, de cualquier cultura y momento temporal. Así, los arquetipos junguianos son conceptos que forman parte de nuestra motivación más básica y a través de los cuales evolucionamos.

El Inconsciente Colectivo

El inconsciente colectivo es clave para las teorías de la mente de Jung, ya que contiene los distintos arquetipos. En lugar de nacer como tábula rasa (una «pizarra en blanco» en latín) y ser influenciado puramente por nuestro entorno, como creía el filósofo inglés John Locke, Jung propuso que todos nacemos con un inconsciente colectivo.

Este inconsciente contiene un conjunto de recuerdos e ideas compartidas, con los que todos podemos identificarnos, independientemente de la cultura en la que nacimos o el período de tiempo en el que vivimos. No podemos comunicarnos a través del inconsciente colectivo, pero reconocemos algunas de las mismas ideas de manera innata, incluidos los arquetipos.

Desmitificar mitos

En cuarto lugar, nos proponemos desmitificar mitos acerca de la espiritualidad, ya que hay múltiples usos de esta terminología. El tipo de espiritualidad que procuramos no tiene nada que ver con destacar una especialmente en detrimento de otras, sino tratar de llegar a una integración que sea la que entendemos más fielmente responde a la concepción -siempre subjetiva- de lo que entendemos por Ser Espiritual. Y esto nos lleva directamente a reflexionar sobre qué es el amor, ya que hicimos esta equiparación amor=espiritualidad.

Y el amor podemos enlazarlo a Dios, no en un sentido antropomórfico, sino de una pertenencia a un Todo, con el nombre que queramos identificarlo, del cual somos parte y al que estamos unidos. Y si esto lo pensamos con más detenimiento, desde el amor se han llevado a cabo las obras más maravillosas y desinteresadas, pero también las más cruentas; por ello una de las verdades espirituales es que toda verdad es relativa: por amar podemos crear o destruir.

Se han justificado guerras por amor, hay parejas que entienden la violencia como forma de amor. Y en su limitado mundo y entendimiento, esto es así. Lo que cambia es que a medida que evolucionamos y crecemos, nuestro espectro se amplía, y lo que antes llamábamos amor, ahora ha tomado un cáliz muy diferente.

¿Entonces siempre viviremos engañados? De alguna manera, la sabiduría oriental nos enseña que toda esta realidad que percibimos es sólo ilusión, matrix. Como diría Platón, sólo alcanzaremos la verdad cuando la tengamos por delante en el mundo de las ideas, sin velos materiales que nos impidan distinguirla. Mientras, deberemos conformarnos con acercarnos a la idea, pero nunca llegar a ella. Por eso no es mejor o peor una u otra forma de espiritualidad ni hay un único camino, más bien el mejor para cada sujeto en particular.

Entonces si entendemos espiritualidad como la mejor forma de amor a la que podamos aspirar, esto tiene que ver con la aceptación plena que no proponga una negación o alejamiento de nuestra animalidad originaria sino una integración y transmutación de ella hacia fines más trascendentales y elevados.

Sobre este particular mucho tenía que decir Jung, volviendo a sus arquetipos, especialmente al de la sombra. Al respecto decía: “Tomada en su sentido más profundo, la sombra es la cola saurí invisible que el hombre todavía arrastra detrás de sí. Amputada con cuidado, se convierte en la serpiente curativa de los misterios”.

La sombra es el arquetipo junguiano que refleja aquellos elementos que consideramos negativos. Son las características que tratamos de no mostrar a los demás porque esto podría causarnos vergüenza o ansiedad. Es derivada de un pasado animal en la que se incluyen los instintos. Dentro de la sombra, se hallan pensamientos o ideas reprimidas que, según Jung, deben resolverse para conseguir nuestra individualización total. Aunque aquello que está en la sombra puede ser considerado negativo, quizás no siempre lo es y pueden existir cualidades positivas que queremos esconder por algún motivo.

Lo interesante en el aporte de Jung es que para alcanzar un Yo completo, que sería el equivalente a conocernos en totalidad y alcanzar una identidad integrada (lo más cercano a esa verdad platónica), debemos trascender estos arquetipos venciendo las polaridades u opuestos de cada arquetipo.

No se trata de tapar o rechazar nuestros defectos, lo que no nos agrada, de recortar o simplificar la realidad. Muy por el contrario, es un estado de realidad plena o asumida que nos lleva a salir de los binarismos o del pensamiento simple que pone todo en oposición (blanco/negro, hombre/mujer, y cualquier traspolación que hagamos hacia política, religión, deporte, etc.).

Apuntamos a una forma de pensamiento múltiple que incluye y no separa amén de los riesgos de complejidad e incertidumbre que esto implica. Porque irremediablemente esto acarrea al deseo, deseo de ser y de sentido, de ser sentido. Y encontrar nuestro deseo, lo que nos mueve y causa, tiene que ver con encontrar también nuestra propia verdad, que es la única que “os hará libres”. Libres de buscar siempre la validación del otro, especialmente de esos primeros Otros significativos (nuestros padres).

Y como diría Nietzsche, alejándose de la lógica platónica, no se trata de buscar una espiritualidad más allá, irreal e imposible, inalcanzable, si no de una más acá, sintiendo amor por nuestras partes más oscuras, viviendo sin máscaras para satisfacer expectativas de esos otros.

Siendo nosotros mismos, porque de otra manera desarrollamos un falso Yo, una especie de alter ego dominado por la sombra junguiana, que se ha fagocitado a nuestra verdadera esencia. Esto se manifiesta en la permanente proyección a los demás (especialmente de lo negativo) y la permanente actitud a la defensiva.

Por ello, no es espiritual estar en contra de las polaridades, porque allí es donde nos colocamos en otra polaridad. Si atacamos el consumismo nos paramos en el comunismo, si atacamos la frivolidad nos erigimos en una supuesta autoridad moral, etc. Ninguna polaridad es buena y ambas son las dos caras de la misma energía. Son tan vacíos de sentido llenarse de cosas como no tener ninguna, vivir de relaciones de una noche como quedar atrapado en la pantomima de un matrimonio infeliz o fingido toda la vida.

Nietzsche nos diría que espiritualidad es voluntad de poder, no un poder buscado afuera sino empoderamiento tal que todo lo asume y lo encarna. Y que está aquí entre nosotros, en este mundo.

Nuestra tarea es lograr integrar el mundo imperfecto como es y apreciarlo de esa forma, y para alcanzarlo tenemos que hacerlo primero con nosotros. Desde su filosofía no haría falta un Dios para ser espiritual, que toda forma de Dios en realidad anula el sentido en lugar de darlo. Pensemos en la idolatría, o en la adoración. Como dijo Zaratustra, el profeta que utilizó para anunciar la muerte del Dios judeocristiano: "cuando hayas renegado de mí, estaré entre vosotros".

Por tanto, es un camino, a diferencia de la religión, sin libros sagrados, sin gurúes, sin profetas, sin dogmas. Es un sendero sin sendero. Caminante se hace camino al andar, no hay camino. O, mejor dicho, no hay un único camino: depende de cada caminante. No es mirar con desdén la existencia sino aceptarla, que es la palabra clave. Aceptación plena y radical, sin juicio, sin crítica, sin culpa y sin castigo. Vivir en estado mindfulness.

En ese camino aparece alguien: nosotros. Ese Yo puede debe aceptarse en su contradicción, entender que la trascendencia implica estar plena y tranquilamente (o no tan tranquilamente cuando tocan vicisitudes) en un eterno aquí y ahora. AQUÍ donde vivo con mis limitaciones y AHORA con mi realidad. Ni atrás ni adelante ni en otro lugar. AQUÍ Y AHORA.

Y volviendo a los clichés, no hace falta para hablar de espiritualidad meditar o hablar pausado. No hace falta escuchar cuencos, jazz o cantos gregorianos, se puede ser espiritual escuchando heavy metal, tango o cumbia. No implica ser espiritual el veganismo, repetir mantras y los retiros, y no serlo el asado, el vino y el boliche. Los primeros pueden ser hermosos “como sí” o maquillajes si nuestras acciones son contradictorias. Espiritual es darse cuenta de que la verdad está en todas partes. De integrar lo zen y lo nietzscheano que todos tenemos.

Se trata de asumir la vida como una aventura, como un juego, no con ojos inocentes de niño o ingenuos, sino de fluir en permanente creatividad y espontaneidad, curiosidad y sorpresa. Dejar que la vida nos sorprenda, soltando el control, que no es más que miedo. Y el miedo es lo contrario a la voluntad de poder, a la potencia y la autorrealización, a la moral de nobles como diría Nietzsche. Miedo es dejarse someter y seguir el deseo de otros, no el propio.

La espiritualidad, según Einstein, es la fuerza más poderosa para permanecer fiel a tu propósito

Albert Einstein explica un estado de experiencia religiosa que nada tiene que ver con dogmas o dioses, y que le pertenece a todos: el llamado “sentimiento cósmico religioso”. Ese sentimiento cósmico religioso, que él coloca en la más alta esfera de las capacidades humanas, puede compararse a lo que Freud llamaba el “sentimiento oceánico”, que es la intuición del infinito que todo hombre experimenta ante la mera existencia, esa sensación de inmensidad y orfandad que rodea y ahoga al ser humano y le recuerda que es parte del todo.

Para hablar de esto, Einstein reconoce los límites del lenguaje. Admite que explicar esa sensación a quien no la haya experimentado en absoluto resulta difícil, si no imposible, sobre todo porque no está asociada a ningún concepto antropomórfico correspondiente a Dios. La describe como una sensación de inutilidad de los deseos y aspiraciones humanas, al mismo tiempo que percibe el orden sublime y maravilloso en la naturaleza y el pensamiento. La existencia individual se nos impone como una especie de prisión, y ansiamos experimentar el universo como un todo único significativo.

 

ALMAS GEMELAS (PARTE 1): EL AMOR COMO CLAVE PARA EL CONOCIMIENTO DE UNO MISMO Y DEL COSMOS

 

Mitos

El filósofo griego Platón en su obra Symposium, escrita entre los años 189-191 a.C., relata sobre los inicios de la creación del mundo en una época donde los humanos convivían con los dioses. La descripción de los humanos de aquella época lejana es el punto de partida para el mito de las almas gemelas. El relato fue contado y popularizado por Aristófanes por lo tanto también recibe el nombre de “El discurso de Aristófanes”.

La historia describe a los humanos de aquella época remota como seres que tenían dos caras, cuatro brazos y cuatro piernas. Al contrario de lo que uno podría imaginar, estos humanos de la antigüedad eran ágiles y extremadamente rápidos ya que conseguían coordinar perfectamente sus extremidades y tenían un cuerpo que los ayudaba a moverse circularmente. La naturaleza humana era circular y de allí salía el resto de las extremidades. Contaban con una cabeza con dos caras viradas hacia lados opuestos.

Además, según el mito existían tres géneros: el femenino, el masculino y el andrógeno que combinaba ambos sexos. Se consideraba al género masculino como hijos del sol, al género femenino como hijas de la tierra y a los andrógenos como hijos de la luna. La ambición de los humanos los llevó a escalar hacia el cielo para enfrentarse a los dioses sin éxito. Zeus y los otros dioses pensaron en la manera adecuada de castigar esta insolencia. La exterminación no era una solución válida y no podían dejarlos ir impunemente. Finalmente, Zeus tuvo una solución que combinaba la sobrevivencia de los humanos y una fórmula para volverlos menos fuertes y hábiles. La fórmula consistía en cortar a los humanos por la mitad.

Entonces, Zeus comenzó a cortar con un hilo a los humanos por la mitad como si fuesen un huevo y pidió a Apolo que girara la cara de cada mitad hacia donde se produjo el corte como recordatorio de lo que pasó. Apolo también tuvo la misión de sellar a todas las mitades de los humanos creando los estómagos y sellando todo concentrando el amarre en un solo punto: el ombligo.

Pero debido a que los humanos separados ansiaban estar completos nuevamente se acoplaban a sus mitades olvidándose de las necesidades básicas hasta morir. Y así empezaron a morir las mitades. Al ver esto, Zeus se compadeció de los humanos ideando una nueva solución. Tomó los genitales de las mitades y los puso hacia el lado del corte donde está girada la cara. De esta manera, Zeus designaba la reproducción de los humanos por inseminación de lo femenino con lo masculino. Es así, como cada humano hoy busca su alma gemela, su otra parte o también llamada su media naranja, para poder calmar el dolor de la herida primordial de los dioses. Desde el entrelazamiento cuántico, no hablamos de un átomo dividido en dos, si no de un átomo y su doble, de un yo y su sombra, y esto es el punto clave del libro “Ecos de un viaje de amor en el tiempo…”.

La leyenda del hilo rojo

Según esta antigua creencia japonesa, las personas cuyos caminos están destinados a cruzarse se encuentran conectadas mediante un hilo rojo invisible que une sus dedos meñiques. Por este motivo las almas gemelas se reconocen, sin importar el paso del tiempo y por adversas que sean las circunstancias. El hilo rojo del destino puede enredarse o estirarse, pero nunca se rompe.

Leyenda celta

Para los celtas, dos seres que se aman profunda e incondicionalmente son aquellas que nacieron de un alma única que se separaron por orden de las deidades celtas en los comienzos de la vida para así seguir dividiéndose y poblar al mundo de almas. Así, de un alma nacieron dos, de esas dos cuatro, de esas cuatro dieciséis y así sucesivamente. A dos almas que nacieron de una, se las llaman “Almas gemelas”. Dice la leyenda, que las almas que se desprenden sienten el dolor de desarraigo y la pena ya que esas almas nacieron juntas y aprendieron a amarse: sin embargo, aquellas que nacieron juntas y son almas gemelas en el amor siempre desean reencontrarse en su paso por la Tierra.

Según los celtas, solo las almas que aprenden lo suficiente consiguen estar de nuevo juntas. Cuanto más aprenda, experimente y crezca un alma, más cerca de la divinidad estará, más cerca de Dios. De todas maneras, para el celta existe una manera muy sutil de descubrir si encuentra a su alma gemela: se dice que a los ojos del alma noble, del que sabe ver con amor, vislumbra una llama azulada violácea sobre el hombro izquierdo de su alma gemela, del lado del corazón. Solo verá esa llama en la persona de su alma gemela y no en ninguna otra y solo lo encontrará una sola vez en una vida.

En definitiva, todas las leyendas concuerdan en que las almas gemelas han estado anteriormente unidas y que, tras reencarnarse en otros cuerpos, se buscan incesantemente para reunirse de nuevo y sentirse completas. Aunque muchos creen lo contrario, no todas las almas gemelas se convierten en parejas románticas. También pueden ser personas que aportan valores muy importantes durante la etapa de evolución personal de otro individuo, como un padre, un maestro o un buen amigo. En los casos en los que sí se convierten en pareja, su amor hace posible que exista una profunda conexión espiritual entre dos personas.

Qué son entonces las almas gemelas

Las almas gemelas nos acercan inevitablemente a la cuestión del destino, del tiempo, del amor, de los misterios. Justamente de todo eso se trata “Ecos de un viaje de amor en el tiempo”. Si tomamos la visión espiritual, que fue la que Platón trató de abarcar desde la filosofía del alma, esto nos abre la puerta, en comunión con muchas filosofías orientales, a la creencia ineludible en la reencarnación y el perfeccionamiento de las almas, y en el amor como hablábamos la semana pasada, como una fuerza universal que todo lo une más allá de las dimensiones de tiempo-espacio. Esa fuerza, que es arte creador en sí mismo, ese motor primero que es causa y efecto, alfa y omega, principio y final, que es el no tiempo, el aquí y ahora, es la fuente de la que todas las almas emanan, y llegan a este mundo corrompido como diría Platón, este mundo binarizado que aprisiona el alma en el cuerpo, esta escisión o falta psicológica que todos tenemos que al mismo tiempo nos hace ser y no ser, o ser otra cosa, al estar poseídos por un inconsciente del que poco o nada sabemos, una sombra, otro yo, que es esa pareja interna, ese niño abandonado al que debemos llegar con y por amor.

De modo que a partir de la fuerza del amor salimos en búsqueda de nuestra propia otra mitad desconocida y oscura, misteriosa, pero poderosa, para volvernos otra vez esos seres completos de nuestros orígenes, al menos en nuestra ilusión o deseo, porque tal integridad por supuesto que nunca la alcanzamos, al menos no el mundo de las formas. Y curiosamente cuando alcanzamos esa integridad interna, el alma gemela aparece. ¿Irónico, no? Como si estuviera puesta ahora ahí para que podamos integrarnos no sólo en el yo espiritual de cada uno, si no en todas las dimensiones del ser: cuerpo, emoción, mente y alma. Como una confirmación de que esto realmente existe y no es una mera figura para llegar al autodescubrimiento. En realidad, sería así: llegando al autodescubrimiento, es que nos abrimos a experimentar, entender y vivenciar este y todos los grandes misterios, el camino siempre es de adentro hacia afuera, y no al revés.

Encuentros kármicos y la frecuencia vibracional de las almas

Después de explicar qué son las almas gemelas, es preciso hacer referencia a las dos teorías espirituales que explican su forma de interectuar:

Teoría 1: Encuentros kármicos

Según esta teoría, las almas gemelas ya tuvieron una relación kármica en el pasado, es decir, que estuvieron unidas por poderosos lazos (no precisamente de amor) en vidas anteriores. Al reencontrarse, la mirada de las almas gemelas se intuye y reconoce, por lo que resurge de inmediato la atracción y el entendimiento que ya existió entre ellas.

Teoría 2: Frecuencia vibracional de las almas

La segunda teoría se fundamenta en la frecuencia en la que las almas vibran. Cada persona posee un alma, la cual es su esencia más pura, por lo que todos somos almas gemelas. Como cada una de estas almas tiene una vibración, un tono, una música, vibran en una frecuencia distinta (que puede ser más sutil o más densa), dependiendo de si en ellas predomina el amor o el egoísmo, la orientación hacia el ser o el tener. Las almas que se encuentran en una onda vibratoria muy similar son las almas gemelas. Debido a que su vibración está en resonancia, en el mismo tono, sintonizan fácilmente, se atraen y complementan.

Características de las almas gemelas

Las principales características de las almas gemelas son las siguientes:

Evolución personal y espiritual

Ante la cuestión de qué pasa cuando dos almas gemelas se encuentran, lo más importante es el crecimiento personal y espiritual que esto supone. Tras su reencuentro, ambos individuos iniciarán un viaje a las profundidades de su propio ser, desarrollando su autoconocimiento y aprendiendo a aceptarse.

Un alma gemela conoce a su compañera mejor que nadie y, del mismo modo que hace un espejo, refleja por igual los puntos fuertes y los débiles, incluso los rincones más ocultos, oscuros y dolorosos. Una persona incapaz de aceptarse y amarse a sí misma nunca conseguirá tener una relación plena y feliz con otra, menos aún con su alma gemela porque le va a estar permanentemente reflejando su sombra.

Reconocimiento instantáneo

Acá entra el famoso “amor a primera vista”, pero esto excede por mucho la atracción meramente física. Hay una rara sensación de conocerse, de reconocerse.

Intuición y “deja vu”

Cuando encontramos a nuestra alma gemela surge desde lo más profundo del ser una intensa sensación de “deja vu”. Lo que sucede es que se intuye de forma inconsciente que se ha conocido a esa persona con anterioridad y que, en realidad, se trata de un reencuentro con un viejo amigo o un antiguo amor.

Más allá de las palabras

Hay una conexión que además de emocionalmente profunda, física, espiritual y mental, es natural. Incluso a través de los sueños y la intuición.

Difícilmente se separan

Tanto las kármicas como las dhármicas, las primeras desde el apego y la dependencia, y las segundas desde el destino, les es muy díficil separarse. De acá viene aquello de que “lo que Dios ha unido que no lo separe el hombre”. Como cuando uno intenta alterar el devenir del tiempo o el cauce de un río, las almas gemelas dhármicas siempre van a encontrar la forma de volver a reunirse. Las kármicas es imperativo por el contrario que se separen para que cada uno pueda evolucionar por separado hasta lograr un nivel vibracional que les permita relacionarse desde un lugar más sano.

Señales para reconocer a tu alma gemela

Conexión instantánea

Ante la cuestión de cómo saber quién es mi alma gemela, un indicativo muy importante es sentir una profunda conexión con la otra persona desde el primer momento. Aunque acaben de conocerse, de inmediato se sienten cómodos, confían el uno en el otro y la comunicación fluye desde el corazón.

Sentimientos intensos

Una relación entre dos almas gemelas es más intensa que cualquier otra, tanto en los buenos momentos como en los malos.

Entenderse con una mirada

Además de entenderse con una sola mirada, suelen adivinar cómo terminan las frases que el otro empieza a pronunciar y están llenos de sincronicidades y causalidades.

Causalidades y sincronicidades

El encuentro de dos almas gemelas suele estar rodeado de coincidencias y de un cierto toque mágico y misterioso. Por ejemplo, se conocen en la sala de espera del aeropuerto porque se ha producido un retraso en los vuelos, o se encuentran en una fiesta donde han sido invitados “por casualidad”. Por otra parte, puede que aparezca su nombre hasta en los anuncios de publicidad, como si el universo se empeñara en enviar mensajes para tu alma gemela.

Unidos por un hilo energético

El famoso brillo que perciben los demás. Cuando están juntas, las almas gemelas emanan amor. Aquellos que se encuentran a su alrededor pueden percibir con claridad el magnetismo que existe entre ellos.

El sexo es más que sexo

El sexo alcanza otra dimensión, llena de plenitud además de placer y no pierde magia con el tiempo.

Mayor comprensión y aceptación

Como el amor adquiere una dimensión espiritual, hay una mayor capacidad de integración de cada uno y hacia el otro. Es un tipo de amor con bases y valores sólidos, perdurables, ancestrales y muy profundos. Porque es la representación más cercana a la comunión espiritual con todo lo creado.

Cómo encontrar tu alma gemela

Encontrar tu alma gemela no será posible sin encontrarnos antes a nosotros. Para esto primero tenemos que lograr la pareja interna, esto es sanar a nuestro niño o niña interior que pudieran haber quedado lastimados, abandonados o rechazados, “llenarnos” como para no sentir esa necesidad de que alguien deba llenarnos, arreglarnos o cosernos. Paradójicamente al no necesitar de nadie y volver a recuperar nuestra “mitad” del mito, pero no afuera sino dentro, es que aparece nuestra alma gemela, como para volver irónicamente a recordarnos que ese es nuestro reflejo (pero ya no del vacío sino de la plenitud).  

Todo esto llevará a la madurez y adultez emocional y espiritual, al autoconocimiento, a la congruencia y a la paz interna.

 

ALMAS GEMELAS (PARTE 2): INTEGRACIÓN DE OPUESTOS Y DESMITIFICANDO LA VERSIÓN DISNEY

 

La integración de lo masculino y femenino

Desde los arquetipos junguianos, es muy interesante cómo desde su formulación, al integrar todos los arquetipos llegamos al verdadero conocimiento de uno mismo y del mundo. Y uno de los más importantes es de animus y anima, o masculino y femenino, que podemos relacionar también con el mito platoniano. Solamente dejando las polaridades y binarismos, abrazando un sano equilibrio, siendo mixturas, múltiples y no etiquetas o títulos que nos definen por estar en una punta o la otra, es que alcanzamos esta disposición espiritual vibracional, este estado de desidentificación y desapego.

La historia en el libro “Ecos de un viaje de amor en el tiempo”, de Alejandro Di Vagno,  trata justamente de la incesante búsqueda de un peregrino espiritual errante que busca desesperadamente su alma gemela a través de su viaje en distintos tiempos y espacios, para lo que deberá superarse primero a sí mismo a través de varias pruebas en lo más hondo de sus infiernos para llegar a conocerse y curarse. Desde el Ser, volviendo a la visión de Fromm que hablábamos la semana pasada, sin importar el poder, el dinero o la sabiduría, el amor es la fuerza más importante que no sólo mantiene todo unido, sino que insiste y persiste.

 

Desmitificando la versión “Disney”

Las almas gemelas por serlo, tampoco auguran “comieron perdices y vivieron felices para siempre”. No significa que no tendrán peleas, por supuesto que las habrá, pero la gran diferencia es que los conflictos son de forma y no de fondo. Es decir, podremos discutir por cómo nos decimos las cosas, forma, es la dimensión del SER, prima la comprensión, aceptación, crecimiento, servicio (doy en la medida que esto me hace feliz, y como este dar coincide con el dar de mi pareja se genera una rueda virtuosa de múltiples retribuciones naturales que no esperan validación ni confirmación para volver a generarse, es decir doy por dar, no por manipular; en cambio el fondo involucra toda la dimensión del TENER: necesidad, y esta necesidad lleva al control, sometimiento o humillación, violencia, maltratos y faltas de respeto.

Por ello las almas gemelas kármicas deben separarse porque si lo pensamos como una escalera evolutiva, los niveles vibracionales o de evolución son muy dispares, por lo tanto, si uno está en 8 y el otro en 3 cuando el que está en 3 llegue a 8 el que estaba en 8 estará en 20. Van a hablar siempre idiomas distintos, no hay forma de que se entiendan. Hasta que no encaren un proceso interno no podrán nivelarse y estar juntos, al menos como pareja.

No es común que nuestra alma gemela esté dispuesta para nosotros en este momento, es decir, no son comunes las almas gemelas. Incluso puede no estar encarnada. Lo que más abundan son parejas kármicas, o dhármicas, que son parejas de crecimiento, pero no son almas gemelas, sino complementarias. Para que se entienda: las almas gemelas son básicamente los dos lados de un mismo ser, y siempre una parte va a estar un poco más desarrollada que la otra para que haya una posibilidad de intercambio y aprendizaje, porque de otra manera serían tan iguales que no habría ningún crecimiento.

En cambio, las parejas dhármicas son opuestas en muchos aspectos para que puedan llegar al equilibrio. Para graficarlo: diríamos que del universo de parejas un 60% son parejas kármicas (que si están en el mismo nivel evolutivo pueden virar a dhármicas), un 30% dhármicas y un 10% almas gemelas.

Desde ya que existen las almas gemelas y el amor a primera vista, pero para no caer en la versión “Disney” y confundir un alma gemela con una pareja tóxica, uno puede dar fe de que fue amor a primera vista, al menos dos años después, una vez corrido el velo de la idealización.

Perlas a tener en cuenta

  1. Mirarse a los ojos puede ser una experiencia demasiado abrumadora. Es entrar a otra dimensión, en la que el tiempo no existe. De hecho, suelen pasar dos cosas: o no pueden dejar de mirarse profundamente o no pueden ni siquiera mirarse a los ojos.
  2. El encuentro (o reencuentro) con el alma gemela abre el camino espiritual. Y parte de ese camino es encontrar nuestra misión en esta vida. Ese es el gran desafío de las almas gemelas, crecer cada una por separado para poder transformarse juntas y brindar esa fuerza amorosa al mundo.
  3. Es un amor que nunca muere. Y tal vez este sea el mayor regalo que nos trae el encuentro con nuestra alma gemela: descubrir que el amor verdadero es eterno y que vive en nuestros corazones. Que nadie se lo lleva y nadie lo trae, sino que siempre estuvo ahí, esperando ser descubierto. Y no hay manera más bella de vivir que compartiéndolo con todo y con todos. Si están separados, recuerden: este encuentro es un don, vívanlo día a día con todas las emociones y las enseñanzas que tiene para darles.

Y así lo describió Robert (Clint Eastwood) a la bella Francesca en Los Puentes de Madison: “De manera que aquí estoy, andando por ahí con otra persona dentro de mí. Aunque creo que lo expresé mejor el día que nos separamos, cuando dije que hay una tercera persona que hemos creado de nosotros dos. Y ahora, me acecha ese otro ser”.

 

La obra de Alejandro Di Vagno: Ecos de un viaje de amor en el tiempo

Ecos de un viaje de amor en el tiempo se trata de una epopeya cósmica librada por un aprendiz de mago, Archer, que intenta perfeccionar sus artes alquímicas en busca de su alma gemela, para de esa forma demostrarle al mundo no sólo sus poderes sino que el mito del amor imperecedero y trascendental realmente existe.

En pos de esta titánica odisea, deberá enfrentar todo tipo de pruebas que harán estremecer sus creencias, sus posesiones y todo su ser, perdiendo su materialismo y ego a cada paso que avanza. Incluso deberá redimir los males que él mismo causó bajo otros nombres y formas en tiempos inmemoriales, para luego intentar redimir al mismísimo Lucifer y que pueda volver al sendero de la luz.

En un juego donde el amor permanentemente se esconde en pequeñas hendiduras, lugares y tiempos, dos almas destinadas y empeñadas a reencontrarse, vivirán múltiples aventuras por separado, llegando al final de todos los caminos representando una a la luz y la otra a la sombra. Una, queriendo desapegarse de todo, dejando de lado el deseo; la otra, todo lo contrario: hambrienta y sedienta.

¿Podrán fundirse e integrarse los opuestos?

La obra invita además a pensar que el sentimiento, sea este el más puro como el amor, o cualquiera tan intenso o apasionado que tenga la suficiente fuerza, puede ser capaz de atravesar los límites físicos que actualmente conocemos del espacio y el tiempo. Y de hecho, que esta es la única y verdadera máquina capaz de surcar dimensiones. No se trata de construir un aparato tecnológico, sino de un perfeccionamiento del hombre devenido suprahombre espiritual, cuyos poderes y virtudes pueden superar los de cualquier invento.

El propio humano transmutado mediante la esforzada alquimia de autosuperación vuelto semidios. Porque si uno lo logró, la potencialidad existe. Archer se volverá entonces ejemplo y faro para el mundo entero, demostrando que el camino de la salvación y el perfeccionamiento infinito no tiene límite más que aquel que el hombre en su afán de control quiera imponerle. Y esa es la moraleja de toda la historia, al final: dejar ir, no aferrarse, porque allí reside la arrogancia y necesidad de dominio.

CHICOS EN RED...SIN RED

 

EL JUEGO

Jugar es hacer. Es algo que se construye. Es un espacio y un tiempo. Para que se pueda armar esto es necesario un ambiente facilitador, que sostiene y genera confianza y seguridad en el niño a partir de su relación con su madre. El jugar opera como un fenómeno transicional, un espacio potencial entre el bebé y la madre. Por ende, es universal y corresponde a la salud ya que facilita el crecimiento y por lo tanto conduce a relaciones de grupo.

El juego implica siempre algo incalculable, cuantas más cosas fijas hay menos se puede jugar. Así que el juego desemboca en el problema de la libertad. Sin libertad no hay juego. Los niños inventan reglas e incluyen hacer trampa. Hacer trampa es un momento constituyente ya que subjetivamente se inscribe la categoría de ley, que está lejos de ser un síntoma fallido. La prioridad es que el chico pueda jugar. Es decir hacer espacio para que se pueda crear un espacio de juego.

Cuatro tipos de juegos: de encuentro (primer año, localiza dos posiciones subjetivas como las del bebé y su madre), exploratorio (de 1 a 3, hegemonía del juego exploratorio -agarrar quiere decir mío-), narrados (de 3 a 5, usa elementos pero no para explorar sino para narrar una historia - todo el material de su vida cotidiana retocándola a menudo en el sentido de la realización de deseos o plasmación de un héroe es otro rasgo que no puede faltar) y reglados.

Lugares donde se trama la subjetivación: cinco instancias: la familia, la escuela, los pares, la pantalla y todo el campo de lo ficcional, de la ficción (el cuento, el mito).

VISION “DECADENCIA DEL EDIPO”

CONTEXTO DE JUEGO ACTUAL Y RELACION PADRES/HIJOS: hay una tendencia en el pensamiento humano a pensar todo oposicionalmente (mamá-papá) y en forma centralizada. En este sentido, el matrimonio igualitario dio un golpe en el plano jurídico al binarismo. Muchos se quejan de que están estremecidas las jerarquías. Pero lo que tiende a no respetarse en efecto es la idea de un centro sagrado intocable.

Ahora lo que prima en general es una franja ambigua, que ha dejado de ser mala palabra y por el contrario es el término más pertinente para caracterizar la relación entre padres e hijos. El niño puede ser hoy el profesor de computación o playstation de los padres pero lo más importante es que esto se junta con un adulto puesto en duda. Hay niños de 5 o 6 años que exhiben una notable capacidad de juicios críticos que testimonian una visión no tan idealizada de los mayores. Las cosas se han invertido y son los grandes los que temen a los chicos, hay chicos de 6 años que les pegan a los grandes y estos no saben qué hacer.

La pantalla hoy es como el cuarto miembro virtual) y esto ha desnaturalizado en parte el Edipo, sumado a los nuevos tipos de familia y formas de concepción. La declinación del paradigma edípico se lee como el declive de la subjetividad misma.

Hijos y padres: hablamos del dolor de la dependencia, admitirla y hacerlo público causa una herida a la autoestima. La lucha por desconocer esa dependencia es una de las fuentes del odio o por lo menos de una hostilidad (no excluye querer a alguien). Como si fuera más insufrible no solo sufrir por la dependencia sino depender de un adulto que es débil y no sustenta los emblemas fálicos de antaño. Se ha vuelto común una violencia del chico hacia el grande que también afecta lo escolar.

LOS CHICOS USUARIOS EN LA ERA DE LA INFORMACIÓN

El niño como usuario de tecnologías destituye la subjetividad pedagógica porque en las operaciones propias del entorno informacional cae la posibilidad de transferir. Es una dimensión de aprendizaje más conectiva y menos racional. Por ende, es imposible transferir el “esforzate que más adelante te va a servir”. Por otro lado, la infancia contemporánea juega mucho más con los adultos. La infancia actual es mucho más difusa en sus bordes, no es una edad más bien es una forma de estar en las situaciones. Por ende, las situaciones de la infancia pueden ser habitadas también por los adultos que se constituyen subjetivamente en ese modo de estar.

La desaparición de la vereda y de espacios públicos para el encuentro del juego es un dato relevante para entender la destitución de la infancia como institución. La variación de los juguetes es otra vía para pensar la variación del juego mismo ya que a los nuevos juguetes no es posible transferirles un sentido instituido (no es igual una play a un soldadito). Los niños en contacto con los juguetes tecnológicos están llamados a hacer un trabajo de significación muy importante.

VISION “CONTINUIDAD DEL PARADIGMA EDIPICO”

Encontramos dos ejes de constitución del sujeto: 1) Producción de subjetividad (antropología, sociología): habla de cómo se produce un sujeto en un contexto socio cultural determinado.

2) Producción psíquica (psicología, psicoanálisis): cosas que no cambian, por las cuales podemos pensar que un sujeto se arma como tal. Si bien hay cosas que fueron cambiando con el tiempo en la cultura/sociedad, hay estructuras que se siguen sosteniendo. Como el concepto del Edipo. Si le sacamos el ropaje, nos quedamos en que siempre necesitamos armarnos con otro. Esto es invariante. La idea que tenemos de niño cambió. El saber que se suponía que tenía el adulto, ya no lo tiene más. Hoy en día el niño entra a internet, se informa. Se produce una asimetría, ejemplo: los niños enseñan a los adultos a usar la tablet. El adulto tenía un guion de lo que era la asimetría. Algo vertical. Hoy los adultos tienen que re-ubicar la asimetría generando condiciones favorables de estructuración psíquica.

El niño que tenemos enfrente ya no es más el niño sometido, hoy tiene más armas para preguntar, para fundamentar, etc.  Son sujetos de derechos. Que los padres/adultos no sepan de tecnología no hace que se recorte la función de preocupación y presencia de la mirada, del cuidado parental. Esto es una invariancia. La ley es invariante, lo que está en cuestión es la arbitrariedad. Hoy hablamos de infancias, adolescencias, familias.

Reformas en el nuevo código civil: parentalidad compartida y capacidad progresiva. Hasta los 13 años el niño no puede decidir algunas cosas, pero sí decidir qué le gustaría y qué no. De 13 a 16 puede decidir por ejemplo: intervenciones invasivas. De 16 en adelante puede decidir por tratamientos, incluso invasivos. Y en la mayoría de edad, 18, cambio de sexo, por ejemplo. El poder de decidir sobre su propio cuerpo. Proceso de deconstrucción.

EL MODELO DE TERAPIA COGNITIVA BASADO EN LA CONCIENCIA PLENA (MINDFULNESS)

Steven Hayes, líder del grupo de la terapia de aceptación y compromiso, postula que en la actualidad estamos viviendo una tercera ola dentro de la terapia cognitiva.

En la primera los fundamentos estuvieron dados por tratamientos conductuales específicos para los trastornos mentales.

La segunda se dio a partir de la aparición de la terapia cognitiva, cuyo principal eje se ubicó en el rol de la cognición, la atención y la memoria.

La tercera ola se estaría desarrollando en la actualidad, en la que ya no se discute el contenido del proceso cognitivo, sino que lo que se busca es trabajar sobre el proceso general. Para algunos autores su principal característica es que mientras el modelo cognitivo basa sus técnicas principalmente en la relación entre pensamiento, emoción y conducta, el modelo de aceptación y conciencia plena tiene su eje en la respuesta a la emoción o al pensamiento como forma de estrategia terapéutica, donde el énfasis se ubica en la aceptación.

El desarrollo del mindfulness nace de las características específicas de la depresión. Existe un consenso acerca de que un número importante de los pacientes tratados con cualquiera de los tratamientos existentes recaen, de estos datos surge la importancia de desarrollar una terapia de mantenimiento que podría servir para tratar el problema de la recurrencia en este trastorno.

Jon Kabat Zinn define a la conciencia plena como “prestar atención de un modo particular: con intención, en el momento presente y no llevando a cabo juicios de esa experiencia”. En la conciencia plena, los pensamientos, sensaciones y emociones son tomados como eventos que acontecen sin más noticia que su existencia y sin reaccionar a ellos, evitando de este modo la respuesta automática. Se introduce un espacio entre la forma en que percibimos y la respuesta inmediata, permitiendo otro tipo de acción en contraposición al modo reflejo que implica conectar los pensamientos con la realidad.

La conciencia plena permite una respuesta más reflexiva sin que reaccionemos de manera automática. El programa combina prácticas tradicionales de meditación, tales como el escaneo corporal, entrenamiento en respiración y técnicas tradicionales de la terapia cognitiva como la psicoeducación (que posibilita la toma de conciencia de los pensamientos negativos y de la posibilidad de recaída).

Mindfulness puede definirse sencillamente como la capacidad de:

Prestar atención de manera consciente a la experiencia del momento presente con interés, curiosidad y aceptación.

Historia del término

Las traducciones más comunes son Atención Plena, Plena Conciencia, Presencia Mental y Presencia Plena/Conciencia Abierta entre otras. Emplearemos la traducción más utilizada en este momento que es "Atención Plena".

La palabra Mindfulness es también una de las primeras traducciones que se hicieron de la palabra "sati" en pali, un idioma similar al sánscrito que se hablaba en la época en que el Buda comenzó a enseñar hace 2500 años. Sati es la nominalización del verbo "sarati" que significa rememorar o recordar. Puesto que recordar es precisamente traer al presente, en su concepción última sati o mindfulness es la capacidad humana básica de poder estar en el presente y de "recordarnos" estar en el presente, es decir, constantemente estar volviendo al aquí y ahora.

Vivir en el presente

Aunque creemos tener control consciente de nuestra atención, lo que normalmente sucede es que estamos constantemente atendiendo a pensamientos acerca del pasado o del futuro o bien, reconociendo solo una pequeña porción de lo que está sucediendo en el presente: si lo que estoy experimentando me gusta, quiero que continúe o si lo que estoy experimentando me desagrada, quiero que desaparezca. Mindfulness permite reconocer lo que está sucediendo mientras está sucediendo, aceptando activamente el fluir de la experiencia tal cual se está dando.

Así es que, aunque experimentemos algo desagradable (por cierto, algo inevitable en la medida en que estemos vivos), podremos ahorrarnos el sufrimiento añadido de tener que lograr que aquello desagradable desaparezca. Quedarse solo con lo que experimentamos sin agregar nada más es lo que la práctica de mindfulness permite. Aunque comúnmente se asocia mindfulness o sati con el budismo, muchas de las tradiciones religiosas del mundo utilizan mindfulness de manera implícita o explicita, pues es una capacidad básica y humana de conexión con el presente.

La asociación con el budismo debe su razón a que fue en el seno de esta tradición que se generaron varias prácticas que permiten refinar y profundizar esta capacidad hasta grados altísimos. La meditación mindfulness o de insight es una de ellas y se practica en una gran cantidad de formas.

Mindfulness en Occidente

Jon Kabat-Zinn, conocido referente mundial de Mindfulness por haber introducido esta práctica dentro del modelo médico de Occidente hace más de 30 años, fundó la Clínica de Reducción de Estrés en el Centro Médico de la Universidad de Massachusetts. Allí introdujo a los pacientes a la práctica de Mindfulness para aumentar la autoconciencia, reducir los síntomas físicos y psicológicos asociados al estrés y mejora del bienestar general.

Este tipo de atención nos permite aprender a relacionarnos de forma directa con aquello que está ocurriendo en nuestra vida, aquí y ahora, en el momento presente. Es una forma de tomar conciencia de nuestra realidad, dándonos la oportunidad de trabajar conscientemente con nuestro estrés, dolor, enfermedad, pérdida o con los desafíos de nuestra vida.

En contraposición, una vida en la que no ponemos atención, en la que nos encontramos más preocupados por lo que ocurrió o por lo que aún no ha ocurrido, nos conduce al descuido, el olvido y al aislamiento, reaccionando de manera automática y desadaptativa.

La atención plena nos ayuda a recuperar nuestro equilibrio interno, atendiendo de forma integral a los aspectos de la persona; cuerpo, mente y espíritu. Practicando la atención plena desarrollamos una mayor capacidad de discernimiento y de compasión. La práctica de esta atención abre la puerta hacia nuevas posibilidades, nos trae al aquí y al ahora, nos invita a vivir una vida de manera plena y en el presente. El Mindfulness puede considerarse una filosofía de vida que incluye la práctica de la meditación. Juntamente a varias técnicas de relajación, su apogeo es reciente.

A pesar de que muchas personas dicen que realizan meditación, es en ocasiones un concepto equívoco, por tanto, antes de hablar del Mindfulness debemos aclarar qué es la meditación. La meditación es una actividad intelectual en la que se busca lograr un estado de atención centralizada en un pensamiento o sentimiento (felicidad, tranquilidad, armonía), un objeto (una piedra), la concentración propiamente dicha, o algún elemento de la percepción (los latidos del corazón, la respiración, el calor corporal…). Este estado se recrea en el momento presente y pretende liberar la mente de pensamientos nocivos. Como el Mindfulness tiene tanto que ver con el modo en el que manejamos nuestro foco atencional, también se lo llama atención plena.

Mindfulness: partiendo de la meditación tradicional

Ciertamente, además del Mindfulness también existe una meditación de cariz religioso y otra orientada a mejorar la salud, tanto física como, en términos más abstractos, psicológica. Sus principios elementales son muy similares, puesto que el origen de la meditación, con todas las ramas que existen en la actualidad, se desarrolló en las religiones orientales tales como el budismo. Sin embargo, podemos entender el Mindulness como un giro pragmático a la concepción de meditación tradicional. Es decir, que las propuestas de investigación y práctica del Mindfulness tienen el objetivo de mejorar la calidad de vida de las personas en unos términos muy concretos, y no están vinculadas a una religión o una filosofía de vida determinadas.

Por lo tanto, la práctica del Mindfulness está desvinculada de creencias religiosas y filosofías de vida concretas; es, simplemente, una práctica que puede convertirse en herramienta para mejorar la calidad de vida de las personas de manera demostrable.

El enfoque científico del Mindfulness

Practicar Mindfulness significa creer que eso va a servir para mejorar la calidad de vida en ciertos aspectos, pero no implica creer en ideas relacionadas con el dualismo, los espíritus, los dioses o la vida después de la muerte.

Es por eso que con frecuencia se utiliza el término Mindfulness para hablar sobre una especie de meditación basada en los principios de la ciencia. Una versión sistematizada y "aconfesional" de la meditación, capaz de ser moldeada por los descubrimientos científicos y orientada hacia objetivos concretos y "terrenales". Esto es importante no solo porque desvincula el Mindfulness de la religión. También lo es porque lo transforma en una herramienta cuya modalidad de aplicación está relativamente bien consensuada y, por tanto, es posible investigar con ella desde diferentes equipos científicos y en cualquier parte del mundo sabiendo que todas las personas han seguido los mismos criterios a la hora de realizar Mindfulness. Es decir, que permite comparar casos y cruzar datos de diferentes investigaciones, además de garantizar de que todos los equipos de investigación han hecho lo mismo. Esto es algo difícil de conseguir a la hora de investigar acerca de la meditación en general, porque al ser "un arte" cada persona puede hacerlo de distinto modo.

De esta forma, mientras que en la meditación a secas hay diferentes maneras de interpretar la tradición, en el Mindfulness se trata de crear una herramienta avalada científicamente. De hecho, si se ha demostrado que ayuda a prevenir las recaídas en la depresión es porque se concibe como un recurso que debe ser utilizado para intervenir sobre objetivos concretos... Aunque también hay personas que lo utilizan en su día a día simplemente por pasar por esa experiencia.

PENSAMIENTO DUALISTA: QUÉ ES Y CÓMO NOS AFECTA

 

Esta manera de pensar nos lleva a simplificar la realidad descomponiéndola en dos categorías. Cuando pensamos en las cosas que nos rodean, o en las personas, o en nosotros y nosotros mismos, tendemos a categorizar de dos en dos: hombre-mujer, bueno-malo, hetero-homo, naturaleza-cultura, mente-cuerpo, innato-aprendido, individual-colectivo, y así sucesivamente. Lejos de ser una casualidad, este pensamiento dualista ha sido la solución transitoria a dilemas filosóficos, sociales y científicos que han resultado de procesos históricos y culturales. A muy grandes rasgos, en occidente hemos organizado (pensado y manipulado) jerárquicamente al mundo de dos en dos a partir de la época que conocemos como “la modernidad”.

La mente y el cuerpo: el dualismo moderno

El pensamiento dualista, dicotómico o binario, es una tendencia que tenemos en Occidente y que nos ha llevado a organizar el mundo de una forma que hasta hace poco había pasado desapercibida por ser considerada "sentido común". Según este, lo que existe puede ser dividido en dos categorías fundamentales, cada una de las cuales es relativamente independiente. Por un lado, estaría la mente, las ideas y la racionalidad, y por el otro lo material.

Este pensamiento dualista es también conocido como cartesiano porque en historia de las ideas se considera que fueron las obras de René Descartes las que finalmente inauguraron el pensamiento racional moderno. Esto a partir del famoso cogito cartesiano: “pienso, luego existo”, que indica que la mente y la materia son entes separados, y que la materia (y todo lo que puede conocerse) se puede conocer mediante el pensamiento racional y el lenguaje lógico matemático (para Descartes, la mente, dios y el razonamiento lógico se relacionan estrechamente).

Es decir que muy cerca de esta tendencia (y por ende de la forma de hacer ciencia y de nuestros pensamientos y prácticas), se encuentra la filosofía occidental moderna de tradición racionalista (la que está fundamentada en la creencia de que la única o la principal forma válida de conocer objetivamente el mundo es la que se realiza con base en el razonamiento lógico). Por eso mismo la tradición racionalista también se conoce como objetivista o abstracta, y se vincula con otros conceptos que tienen que ver con la forma tradicional de hacer ciencia, por ejemplo, conceptos como “positivismo”, “reduccionismo” “computacionalismo”.

Con sus obras, Descartes representó gran parte del proyecto de la modernidad, no obstante, estas obras también son producto de un debate que en su época se estaba tratando de solucionar: la relación mente-cuerpo, cosa que él resuelve, entre otras cosas, mediante su oposición.

Impacto en la psicología y en la organización social

El pensamiento dualista fundamentalmente racional marcó de manera importante el desarrollo de la ciencia moderna, que comienza a estudiar la realidad separando a la mente de la materia (y a partir de ahí el cuerpo del alma, la vida de la no vida, la naturaleza de la cultura, hombre-mujer, occidental-no occidental, modernos-no modernos, etc.). De ahí que esta tradición guarde una estrecha relación con el conocimiento y la práctica de la psicología moderna, cuyas raíces se establecen precisamente en las divisiones entre el mundo físico y el mundo no-físico.

Es decir que la psicología está fundamentada en un modelo físico-psíquico; donde se supone que hay una realidad mental (que se corresponde con la realidad “objetiva”) y otro ente, material, que es el cuerpo. Pero no solo eso, sino que el conocimiento racional era también androcéntrico, con lo que el hombre se posiciona como el centro de la creación del conocimiento y el peldaño más alto de los seres vivos. Así se fortalece, por ejemplo, la división entre los mundos “natural” y “humano” (lo que se encuentra en la base de la crisis ecológica y también en muchas de las alternativas ineficaces para repararla); lo mismo que podríamos analizar sobre las divisiones entre los sexos, o en las bases de la colonización, donde se establecen ciertos paradigmas (occidentales) como los únicos o los mejores mundos posibles.

El problema de razonar de esta manera

En el fondo, el problema de separar las cosas y de explicarlas en binomio es que se simplifica de manera importante nuestro conocimiento del mundo, así como nuestras posibilidades de acción e interacciones; además de que son binarismos asimétricos, es decir que operan en la base de relaciones de poder frecuentemente desiguales. En otras palabras, el problema en sí no es pensar de dos en dos (cosa que también ocurre en sociedades no occidentales), sino que esos dos son casi siempre desiguales en términos de dominación y opresión. Un ejemplo claro es el dominio de la naturaleza que a partir de la modernidad se ha constituido como un imperativo humano occidental y que recientemente se nos ha enfrentado como un problema serio. Así que, tal como otros paradigmas filosóficos y científicos, el pensamiento dualista no se queda solo en el plano de lo mental, sino que genera relaciones, subjetividades, formas de identificación y de interactuar con el mundo y con las otras personas.

El retorno al cuerpo y la superación de los dualismos

Recuperar el terreno del cuerpo, la materia y la experiencia es una de las grandes tareas posmodernas. En otras palabras, la cuestión actual en muchos contextos, sobre todo de las ciencias humanas y sociales, es cómo salir del pensamiento dualista para generar alternativas de relación e identificación. Por ejemplo, son varias las teorías que desde las ciencias sociales se han posicionado críticamente ante la epistemología realista, el androcentrismo y a la verdad fundamentada en la ciencia moderna. Lo que algunas de ellas proponen, a muy grandes rasgos, es que si bien hay una realidad externa (o muchas realidades), no tenemos acceso neutro a ella, ya que el conocimiento que construimos está sujeto a las características del contexto donde lo construimos (un realismo crítico o un conocimiento situado).

Hay otras propuestas que plantean que no es necesario un rechazo absoluto de la racionalidad y del pensamiento cartesiano, sino una reorientación de esta tradición, con lo cual reformulan el concepto mismo de cognición, entendiéndola como una acción corporizada. Así, se extienden los horizontes de la misma racionalidad, y la comprensión de la realidad se desarrolla considerando las interacciones, ya que se entiende que lo que está entre la mente y el cuerpo (y de las demás dicotomías) es la relación, y es esto lo que hay que analizar y comprender. Se han desarrollado incluso algunos principios relacionales, como un nuevo paradigma de comprensión y organización del mundo, así como numerosos estudios sociales de la emoción que van más allá del marco racionalista (de hecho, su desarrollo se ha reconocido como un giro afectivo).

ADOLESCENCIA HOY

 

La palabra adolescencia remite a una experiencia grupal, dolorosa y de crecimiento. Crecer-nacer, crecer con dolor. “Tomar cuerpo”, pasaje “entre”, transformar, trascurrir, trascender. Inaugura el desenvolvimiento de un saber. Se trata de una etapa decisiva del proceso de desprendimiento que comienza en el nacimiento. Se desprende del mundo infantil para ser expulsado al mundo adulto.

Los cambios vertiginosos físicos de la pubertad tienen un correlato psíquico en el proceso de la adolescencia, en la que se redefine la relación con el mundo y los padres, este proceso implica 3 duelos: 1) el cuerpo infantil perdido, 2) la identidad infantil, 3) los padres de la infancia. Se une a estos duelos el duelo por la bisexualidad infantil también perdida.

Es esperable que el adolescente sea inestable, sería anormal lo contrario (sobreadaptación), esta entidad semipatológica que se forma llamada “síndrome normal de la adolescencia” describe esta anormal normalidad. Es un período perturbador para el adulto y necesario para el adolescente. Se enfrenta a una exigencia doble, por parte del cuerpo y del mundo externo. Debe elaborar pautas de convivencia y modos de manejarse. Estas exigencias se viven como invasivas, intenta por ende retener los logros infantiles y a su vez coexiste el placer y afán de alcanzar la madurez (contradicción). Suele refugiarse en su mundo interno como una forma de conectarse con su pasado, para elaborar el duelo por la pérdida de identidad de la niñez, una vuelta a sí mismo para reconectarse con el objeto perdido y así poder volver al mundo. Son necesarios permanentes en sayos y pruebas de pérdida y recuperación de ambas edades: la infantil y la adulta, es normal entonces que el adolescente se presente como varios personajes a la vez.

A su vez, los padres deben hacer una serie de renuncias: 1) aceptar el paso del tiempo, 2) aceptar la muerte, 3) abandonar su lugar idealizado, 4) aceptar y moverse en la relación de ambivalencia y crítica, 5) los logros del hijo que enfrenta a los fracasos de los padres. La desidealización de los padres sume al adolescente en el más profundo desamparo. La actitud del mundo externo es decisiva para la resolución de este proceso (el adolescente busca otros ídolos fuera de los padres), el paso puede ser un camino a la libertad con o sin límites, pero la libertad excesiva es tomada como abandono.

Las características esperables son: 1) búsqueda de sí mismo y de identidad, 2) tendencia grupal (exogamia), 3) necesidad de intelectualizar y fantasear, 4) crisis religiosas (del ateísmo al extremismo), 5) desubicación temporal, 6) evolución sexual manifiesta (autoerotismo a relaciones con otro), 7) actitud social reivindicatoria con tendencias antisociales o asociales 8) contradicciones sucesivas de la conducta, dominada por la acción, 9) separación progresiva de los padres, 10) cambios de humor.

Retrato del adolescente de hoy

Se trata de un pasaje obligado que va desde el fin de la infancia hasta la adultez. La define según 3 puntos de vista diferentes que se complementan: 1) Biológico: el principio de la adolescencia corresponde a la pubertad que es el período en donde se desarrollan los órganos genitales. La adolescencia es sinónimo del advenimiento de un cuerpo maduro, sexuado y susceptible de procrear. 2) Sociológico: abarca el período de transición entre la dependencia infantil y la emancipación del joven adulto. La pubertad arranca a los 11 y la emancipación alrededor de los 25. 3) Psicoanalítico: el adolescente es un ser trastornado que se precipita alegre hacia delante en la vida. Luego se detiene agobiado, vacío de esperanza, para volver a arrancar llevado por la acción.

Características: todo es contraste y contradicción. El adolescente tiene cambios bruscos de humor, a veces lleno de vanidad o por lo contrario no se quiere, idolatra a personas de más edad siempre y cuando sea totalmente opuesto a los valores familiares y adhiere fuertemente a su grupo de pares e ideales. A sus padres les demuestra lo opuesto a lo que realmente siente. Comienza una fase intensamente creativa. Pensamiento abstracto y anticipatorio. Puede discernir lo importante de una situación. Todo esto es lo esperable en esta etapa.

Tres tipos de manifestaciones de sufrimiento inconsciente: moderado (yo inmaduro, esperable y pasajero por exigencias pulsionales y sociales, neurosis normal de crecimiento con síntomas como angustia, tristeza y rebeldía); intenso (comportamientos peligrosos, pasaje al acto) y extremo (perturbaciones mentales, especialmente esquizofrenia y delincuencia).

La adolescencia es una saludable histeria del crecimiento

Encontramos tres estados del Yo del adolescente histérico: 1) estado angustiado: el joven se siente impedido de actuar, desear o pensar. Es tímido, temeroso e indeciso. La intolerancia es propia de la juventud y esto no es solo por su superyó, sino también porque el nuevo Yo adolescente es tan frágil que el joven quiere protegerse de toda amenaza del otro que atente contra la afirmación de sí mismo. 2) estado triste: se da sobre todo en las jóvenes, víctimas de una autodesvalorización exagerada o de denigración operada por un superyó tiránico. Se sienten tan culpables que pueden llegar a ser presa de ideas suicidas, sin pasar necesariamente al acto. 3) estado rebelde: es el estado del Yo más característico de la histeria juvenil. Es el más frecuente en la población masculina y el más parecido al Yo histérico. El joven es susceptible, irritable, provocador y agresivo. Solo vive en el presente, ignora el pasado y desprecia el futuro. Está en oposición y en rebeldía permanente.

Tres tipos de histeria: en la histeria siempre se trata de una desilusión amorosa. Ya sea que esté angustiado o fóbico, deprimido o paranoide (resentido), el joven histérico sufre invariablemente por creerse mal amado. El angustiado tiene miedo de amar, el depresivo llora su amor perdido y el paranoide grita su rabia de haber sido abandonado cuando en realidad fue sobreprotegido.

Dos peores amenazas para un adolescente histérico: fantasmas de humillación porque no soportan mostrarse inútiles o ser el hijo ideal que complace a sus padres (Freud la llama fantasma angustiante de castración por temor a la pérdida del falo). El falo del adolescente histérico es su propio yo, al que aman desmesuradamente para consolidar ese yo frágil (narcicismo hipertrofiado del adolescente).

La adolescencia es un duelo de la infancia: el joven debe perder el cuerpo del niño y el universo familiar en el cual creció y a la vez conservar todo lo que sintió, percibió y quiso, en particular su inocencia de niño y conquistar la edad adulta. El duelo de la infancia es un vaivén entre el presente y el pasado, un movimiento con retrocesos sucesivos al pasado infantil y por resurgimientos sucesivos de ese pasado en el presente. Cada retorno o cada resurgimiento del pasado es un micronacimiento. No hay progreso continuo; solo hay nacimientos sucesivos. Habla de adolescencias en cuanto 1) una turbulenta neurosis histérica y 2) duelo silencioso de la infancia. La adolescencia es a la vez una histeria y un duelo necesario para volverse adulto.

Principales signos de la entrada a la edad adulta: dos indicadores afectivos: 1) el joven adulto ya no se avergüenza de jugar como un niño, comprendió que ser adulto es permitirse regresar a la infancia cuando y como quiera; 2) ya no le molesta mostrarse obediente frente a la autoridad. Como indicador social: ya tiene independencia económica. Tres indicadores psíquicos: reconocer las propias imperfecciones y aceptarse tal como es; estar cómodo consigo mismo y disponible con otros; haber aprendido a amar al prójimo y a amarse a sí mismo de otra manera que cuando era niño.

Encrucijadas de los adolescentes de hoy

La mirada social sigue siendo la de estar en guardia. Los adolescentes son y serán peligrosos para todo lo establecido. El sostén narcisista proveniente de vínculos exogámicos durante la adolescencia es clave para el decurso del proceso adolescente. Se necesita a los padres conectados con sus hijos, no por nada los adolescentes que se drogan hablan de llenar un vacío. No sienten porque no pudieron identificarse con otros que se conectaran empáticamente con ellos. También habla de vacío por ausencia de ideales, se encuentran con un mundo de todo vale. Se hace difícil buscar un lugar. Los adolescentes se refugian en el aquí y ahora. La adolescencia es un momento vital proclive a las situaciones de crisis, gran parte de la patología que se ve tiene que ser pensada en un contexto de falla de constitución del ideal del yo cultural. Uno de los problemas más graves es la ausencia de proyectos lo que refleja un vacío interno.

Los duelos: los adolescentes se miran al espejo y este le ofrece una imagen discordante y variable de sí. Perder los soportes infantiles se torna insoportable cuando éstos no fueron firmemente internalizados. Los ideales cobran una importancia fundamental. Frente al quiebre de la imagen de sí mismo, los ideales son sostén narcisista. La creación supone normas, reglas y posibilidades de ir más allá de ellas, de romper con los caminos ya establecidos, retomando la historia para abrir recorridos nuevos. La transgresión implica la desestimación de la norma en una suerte de burla omnipotente que lleva a la autodestrucción.

La violencia: puede ser pensada como un recurso, generalmente autodestructivo, al que muchos adolescentes apelan frente al terror de verse desdibujados en un mundo en el que se suponen sin lugar. Los adolescentes necesitan reaseguros externos para sostener el narcisismo. El modo en que transite la adolescencia dependerá en gran medida de que encuentren esos reaseguros en el mundo externo y a la vez que el contexto les ofrezca un espacio de sostén narcisista. Los jóvenes pueden luchar contra sus propios deseos, en tanto sientan que el desear implica necesitar a otro que puede no estar. Y la presencia del otro puede hacer resurgir el dolor por la ausencia posible, cuestión a tener en cuenta en la transferencia. Los proyectos: muchas veces tienen la exigencia de sostener a los adultos, de hacerse cargo de lo que sus padres no pueden resolver. Los proyectos son la presencia de la pulsión de vida allí donde el narcisismo primario se quiebra.

La adolescencia en la era digital

Los más jóvenes encuentran en lo virtual un espacio habitable ya que es la era de la instantaneidad, simultaneidad y multifuncionalidad. El límite entre lo virtual y lo real es permeable y desdibujado. Efectos psíquicos en la adolescencia: la red es una superficie privilegiada para desplegar los trabajos psíquicos de la adolescencia. La web funciona como un espacio donde alojar el jugar en toda su dimensión, más allá de lo lúdico, constituyéndose en un indicador de salud. El jugar se comparte on line y se extiende a lo cultural. Una particularidad del espacio virtual es su doble faceta, por un lado, superficie de escritura; por el otro, herramienta de trabajo y construcción. Los adolescentes son intérpretes y hacedores de la cultura que habitan. De ahí el concepto de prosumidores que surge de la unión de los productores y los consumidores.

Narcisismo 2.0: hoy la satisfacción pulsional jugada en el mirar, mirarse y ser mirado, se produce a través de videos, fotos y relatos que ofrece el mundo virtual. On line los jóvenes encuentran imágenes y significantes con los cuales identificarse. El joven tomará del mundo virtual imágenes y palabras que incidirán de modo singular en su constitución, ya que hoy no se puede pensar el tránsito adolescente sin el tránsito por las nuevas tecnologías.

La exogamia en la adolescencia digital: el espacio virtual permite el despliegue narrativo, individual y compartido, que opera como puente entre los jóvenes y la generación de sus progenitores, posibilitando la tramitación del duelo por los padres de la infancia y por el lugar infantil. Para los nativos digitales, la intimidad se crea, se construye y delimita en la escritura on line. Los jóvenes cercan el espacio de lo íntimo y eligen con quien compartir esa intimidad, suelen sentir que pueden velar más su intimidad en la red que en los encuentros cara a cara. Las redes sociales pueden pensarse como plataformas donde escenificar la contienda generacional. Es aquí donde está el armado de la “diferencia” en sus diversas versiones.

Armado necesario para la construcción de lo “propio”: ideales, deseos, opiniones, diferenciados de los referentes parentales. La apertura de Facebook en la pubertad se podría pensar como un ritual iniciático, como un pasaje de la infancia hacia la adolescencia. El tema es cuando lo adolescente deviene modelo e ideal de una apoca: vestimenta, uso de lenguaje, dan cuenta de un barramiento de las diferencias entre niñez, adolescencia y adultez.

¿POR QUÉ NOS CUESTA CAMBIAR?

 

Muchas veces nos encontramos con que quisiéramos cambiar algo de nosotros, pero no podemos. Tal vez queremos bajar de peso, empezar a hacer ejercicio, o terminar una relación que nos perjudica.

Cuando se fracasa en estos intentos muchos lo explican como falta de voluntad o lo atribuyen a procesos “inconscientes” diciendo frases como: “tal vez soy masoquista”, “tal vez inconscientemente me estoy castigando”. A veces sucede algo peor, son los terapeutas quienes dicen que los pacientes se resisten al cambio.

Sin embargo, hay una mejor explicación. Prochaska y Prochaska (2001) escribieron un conocido artículo que se llama “¿Por qué no se mueven los continentes? ¿Por qué no cambian las personas?”. En este articulo explican las razones por las cuales las personas no cambian y proponen un modelo transteórico del cambio.

Entonces ¿Por qué no cambia la gente según Prochaska y Prochaska?

Porque:

1) No puede: No podemos cambiar aquello que no podemos controlar voluntariamente, y es ajeno a nuestro control. Por ejemplo, nuestra genética. Tampoco se puede cambiar aquello de lo que no somos conscientes, por ejemplo, el caso de los adictos que niegan tener un problema.

La gente tampoco puede cambiar si cree que no se pude cambiar, por ejemplo, cuando pensamos que no tenemos la capacidad o poder para cambiar. Cuando las personas consideran que sus problemas se deben enteramente a factores biológicos o sociales externos es muy probable que concluyan que no pueden cambiar.

2) No quiere hacerlo: No se puede cambiar cuando se considera que los pros de las conductas problemáticas superan los contras de esos comportamientos.

En general, en estos casos, las recompensas a corto plazo de la conducta problemática refuerzan la conducta y hacen más difícil pensar en los beneficios a largo plazo de hacer un cambio. Si quiero hacer dieta, comer algo rico me da un placer inmediato, en cambio, seguir la dieta implica postergar el placer para recibir una recompensa en el largo plazo.

3) No sabe cómo hacerlo: A veces queremos cambiar pero no sabemos cómo hacerlo. Este es el caso de muchas personas que recurren a terapia buscando un cambio. Muchas veces se espera que se produzca un cambio rápido. En algunos casos esto es posible, pero en muchos otros los problemas son crónicos y aun cuando los terapeutas tenemos las herramientas para ayudar a las personas a cambiar, esto puede tomar un tiempo.

4) No sabe qué cambiar: Puede suceder que sepamos que las cosas no nos están yendo bien, pero no sabemos qué tenemos que cambiar. No sabemos cuál es la causa del problema ni cuales son las soluciones posibles.

5) Todo junto.

Las 6 etapas del cambio

Precontemplación: la persona aún no es consciente de un problema o que necesite hacer un cambio en su vida. Necesita información y feedback para que pueda concientizar el problema y tener la posibilidad de cambiar.

Contemplación: oscilación entre los motivos para cambiar y para continuar de la misma manera. Es decir, considera y rechaza el cambio a la vez.

Determinación: la persona asume que algo tiene que cambiar y hacer algo con su problema. La tarea del terapeuta, counselor o agente motivador será la de mostrarle el recurso más adecuado.

Acción: es la que habitualmente se considera como la etapa de inicio de la terapia o del counseling. La persona se implica en acciones buscando producir un cambio. Mantenimiento: el reto consiste en mantener el cambio conseguido en la etapa anterior, y el de prevenir la recaída. Puede necesitar otras habilidades y estrategias de las que fueron necesarias para conseguir el cambio inicial para sostenerlo.

Recaída: La tarea de la persona será volver a girar alrededor de la rueda antes de permanecer inmóvil en esta etapa. Las recaídas son normales y esperables cuando se intenta cambiar cualquier patrón de conducta de larga data. El terapeuta/counselor deberá ayudar a la persona a evitar el desconsuelo y la desmoralización, a renovar la determinación y los esfuerzos realizados para retomar las etapas de acción y mantenimiento.

Beneficio secundario

Término acuñado por Freud para detallar la ventaja que el sujeto pudiera obtener de su patología ya que curarse le acarrearía más angustia que la enfermedad.

“Al hombre se le puede arrebatar todo salvo una cosa: la última de las libertades humanas – la elección de la actitud personal ante un conjunto de circunstancias - para decidir su propio camino”.

Víktor E. Frankl

¿Es posible vivir sin cambiar?

El cambio es inevitable, forma parte de la vida y del crecimiento. La vida está compuesta de innumerables, sucesivos y constantes cambios de distinto tenor. Es decir que, vivir implica cambiar.

Pero ¿qué significa el concepto de cambio? Podríamos definirlo como la acción de transformar, modificar o reemplazar algo; que puede ser un objeto, una persona, una actitud, una condición, un estado, un trabajo, una relación, una creencia, etc.

Todo a nuestro alrededor está en constante cambio, aún sin que nos demos cuenta: el clima, la tecnología, la economía, el conocimiento, la comunicación, etc. Y a su vez, las distintas situaciones que vamos viviendo a lo largo de la vida van modificando nuestro carácter y van surgiendo así nuevas formas de sentir, pensar y actuar. Por lo cual, el cambio se presenta en diferentes ámbitos de nuestra vida: personal, académico, laboral, económico, cultural, religioso, etc.

El cambio es una situación novedosa, algo diferente a lo ya conocido, que conlleva un cierto período de ajuste y que nos permite desplegar nuestros recursos, estrategias y todo nuestro potencial para lograr una mejor adaptación frente a los nuevos desafíos y continuar aprendiendo cosas nuevas.

¿Por qué nos resultan difíciles los cambios?

Nadie dijo que fuera un proceso fácil, y como todo proceso no se produce en un abrir y cerrar de ojos. El cambio es un proceso que genera grandes resistencias, porque que nos obliga a movernos hacia un terreno desconocido dejando atrás nuestras zonas de confort, que son áreas seguras y estables guiadas por los mismos entornos, hábitos y rutinas, que nos retroalimentan positivamente, pero que también nos privan de entrar en otras zonas que harían posible la creación de nuevos aprendizajes y un mayor crecimiento y desarrollo.

Muchas veces, aunque queramos salir de donde estamos, nos resulta difícil porque ese movimiento implica perder un beneficio secundario o una ganancia encubierta. Este beneficio puede ser obtener cierta comodidad o atención extra de los demás, eludir responsabilidades, evitar situaciones desagradables o temidas, etc, y no siempre somos muy conscientes de estos beneficios secundarios.

Otras veces la falta de propósito y de sentido suele generarnos la sensación de resignación y nos vamos conformando con nuestro modo de vida actual, aunque este nos genere malestar, bajo el autoengaño y la falsa creencia de que “es imposible cambiar”.

Por lo general, los cambios pequeños los aceptamos sin mayores inconvenientes. La mayor dificultad se nos suele presentar con los cambios más grandes, cuando nos hacemos conscientes de ellos y los relacionamos con las adversidades. Ahí es cuando surge el miedo al cambio.

¿Por qué nos da miedo cambiar?

El miedo puede aparecer ante la incertidumbre e inestabilidad de lo nuevo, ante un posible fracaso, ante la sensación de algún tipo de pérdida, ante la falta de control o de rumbo, etc. Y frente al miedo que nos genera la posibilidad cambio tenemos dos opciones para escoger: podemos resistirnos aferrándonos a lo viejo ya conocido, con la esperanza de que el tiempo vuelva a poner las cosas su lugar y eludiendo la responsabilidad de dicho cambio.

O podemos enfrentarlo reconociendo cuáles son nuestros temores y preocupaciones, para luego poder analizarlos y descartarlos o combatirlos con todos nuestros recursos, que seguramente serán ampliados y fortalecidos luego del cambio.

Decidir por un cambio o aceptarlo es un proceso que implica poder dejar atrás lo seguro, lo estable, lo cómodo y avanzar hacia lo nuevo, lo desconocido, lo diferente aún a pesar de la incertidumbre, el miedo y el dolor que conlleva esta transición.

La actitud frente al cambio

¿Por qué a mí me tiene que pasar esto?, ¿Por qué cambiar si siempre lo hice así? ¿Y si no puedo afrontarel cambio?, ¿Qué voy a perder si cambia esta situación? Son preguntas formuladas desde una perspectiva del cambio como una amenaza, como algo que viene a romper nuestra estructura y estabilidad actual. Esta postura nos posiciona en el lugar de víctimas, resistiéndonos a una mejor adaptación al cambio. Sin embargo, también podemos encarar la posibilidad de cambio desde una perspectiva de oportunidad, como una situación potenciadora de nuestro crecimiento y desarrollo personal; promoviendo una actitud constructiva y de adaptación. Desde esta mirada podríamos formularnos preguntas tales como: ¿Por qué no cambiar?, ¿Qué recursos y capacidades tengo que me podrían ser útiles para afrontar el cambio?, ¿Qué puedo aprender de esta nueva situación?, ¿Qué beneficios podría traerme cambiar? La actitud que se tome frente al cambio aceptado o elegido, depende de la propia persona. Se puede optar por vivirlo como espectador o víctima, o por el contrario como protagonista y artífice del propio cambio.

La ganancia del cambio

Todo cambio implica en cierta medida una pérdida, un duelo por lo que dejamos atrás. Por lo que la manera de relacionarnos con los cambios dependerá en gran medida de lo aprendido en situaciones previas y de nuestra capacidad para elaborar dichas pérdidas. Pero cambiar no es desechar todo lo conocido y aprendido, sino más bien incorporar nuevos aprendizajes, para crecer, para evolucionar, para progresar.

Por eso el cambio también depende de la confianza que tengamos en nosotros mismos, de la capacidad para reconocer, elaborar y enfrentar nuestros temores y fantasías, y de la capacidad para poder verlo como un reto o un desafío. A partir del cual podemos aprender cosas nuevas, encontrar nuevos propósitos, dar un nuevo sentido a las experiencias vividas y continuar creciendo y progresando en nuestro desarrollo.

En suma, el cambio vivido como un desafío nos permite evolucionar. Y esa, sin duda, es nuestra mejor ganancia.

Tipos de crisis (Teoría de la Participación)

Existen dos tipos de crisis, las evolutivas (que necesariamente todos atravesamos en algún momento de la vida) y las accidentales, que tienen que ver con sucesos más allá de lo previsible evolutivamente (ruptura en la cotidianeidad). Cualquier crisis tiene el potencial de volverse una crisis vital.

Momentos de la crisis vital

Primer momento: duda existencial. Supone el cuestionamiento y ruptura de la forma de ver el mundo. La pregunta no es qué me pasa o por qué, sino quién soy, o sea que la identidad social y los patrones de conducta de una persona dejan de dar respuesta.

Segundo momento: participación (crisis vital propiamente dicha): se “suspende el Yo” como una forma de quitar la lupa con la que se percibe la realidad. Se pasa de una “identidad del yo” a una identidad grupal que se define como “nosotros”, libre en un campo de valores que puede recibir por intuición –vivencialmente- y así crear formas nuevas.

Tercer momento: ilusión. Surge cuando ponemos palabras a esa imagen o vivencia para hacerla propia, objetivándola (aunque sea ilusoriamente). Prevalece nuevamente la identidad del yo.

Cuarto momento: vuelta a lo social. Una vez generada la ilusión, es necesaria una cuota determinada de desilusión para retornar a lo social. Esto posibilita, en definitiva, salir de una estructura simbiótico-narcicista que, de sostenerse, no podría terminar en otra cosa que una patología.

LA FAMILIA COMO SISTEMA

 

¿Qué es familia?

Para Andolfi (1982) la familia es un sistema relacional que supera a sus miembros individuales y los articula entre sí. La define como un sistema activo en transformación constante, un organismo complejo que se modifica en el tiempo para asegurar continuidad y crecimiento psicosocial a los miembros que la componen, esto implica tolerar la transformación permanente. El sistema debe lograr que sus miembros dejen de necesitarlo imperiosamente para lograrse la individuación y formar un nuevo sistema familiar; para ello pendula entre la necesidad de diferenciación (expresión del sí mismo) y la necesidad de cohesión y de mantenimiento de la unidad del grupo en el tiempo. Desde la cohesión, asegura, formamos la familia segura para que después suceda la individuación.

Tipos de familia

Distingue dos tipos de familias como respuesta a una demanda de cambio: 1. Familias en riesgo: en estas familias la designación del chivo emisario (portador del síntoma, denunciante, catalizador) es provisoria. 2. Familias con designación rígida: en este tipo de familia puede suceder que se perciba catastrófico el paso de un estadio evolutivo al siguiente, por ende se bloquea toda tentativa de experimentación y aprendizaje. Tiende a ser irreversible, porque se la considera indispensable para evitar el riesgo de inestabilidad y la evolución posterior de la familia. Este proceso de estabilización utiliza las energías del sistema para mantener funciones rígidas y esquemas repetitivos de interacción.

Familia real y fantaseada

Laing (1969), por su parte, diferencia el concepto de familia al de “familia” internalizada. Desde muy pequeños internalizamos (como una forma de trasposición, transición o modulación de lo externo a lo interno) la familia como sistema. Lo que se internaliza, sostiene el autor, no son objetos como tales, sino pautas de relación. Entonces la familia internalizada es un sistema témporo-espacial y lo que la une, como diría Sartre, es la internalización recíproca de sus miembros. Es transferida de modos vinculares (al trabajo, por ejemplo, proyectando en nuestros jefes a nuestros padres, o a nuestros hermanos en los compañeros, etc.).

El sistema familiar

Entendemos entonces por sistema familiar al conjunto de individuos dinámicamente estructurados, cuya totalidad genera normas de funcionamiento, independientes de las que rigen el comportamiento individual.

SE COMPONE DE: Límites: El sistema se compone de varios subsistemas, entre los que existen límites con una permeabilidad de grado variable.…….. (difusos) ___ ___ ___ (claros) __________ (rígidos). Están constituidos por las reglas que definen quiénes participan y de qué manera. Su función es proteger la diferenciación del sistema. Jerarquías: la familia está estructurada jerárquicamente de acuerdo con varias formas de organización. Ejemplo: padre (mayor autoridad), abuela paterna (ocupando rol materno), madre (ausente), abuelo paterno (fallecido), abuelos maternos (ausentes ambos), hijos (2 en edad escolar). Coalición: dos personas del mismo subsistema se alían contra otra de otro subsistema. Alianza: unión, relación muy estrecha, no necesariamente en contra de.

En general, observamos: 1) como son los subsistemas, 2) cómo actúan los individuos que ocupan los subsistemas (quién está en qué función, si por ej. un hijo está en un rol de autoridad va a producir alianzas y coaliciones), 3) diferentes subsistemas requieren diferentes niveles de participación, poder y funcionamiento, 4) reglas de participación de los miembros del sistema (quiénes están incluidos, quiénes excluidos, etc), cómo es la redundancia (quiénes, cuándo, cómo participan, género, etc), 5) reglas de poder (quién o quiénes deciden qué se hace y qué no, quienes entran y quienes no).

Desde la psicología sistémica,  se apunta a: 1) cuál es el problema, 2) soluciones intentadas, 3) ¿por qué consulta ahora?, 4) meta mínima, 5) modelar una estrategia.

Roles

Pichon define rol como “modelo organizado de conducta, relativo a cierta posición del individuo, en una red de interacción, ligado a expectativas propias y de los otros”. El rol que cada uno desempeña no tiene que ver con los propios deseos sino cómo se da ese interjuego de interacciones de mis propios deseos y los deseos de los demás. En los grupos hay dos fuerzas en oposición, una hacia el cambio y otra hacia la resistencia al cambio. Hay 4 roles fijos, que se dan por 2 motivos: la adjudicación (horizontalidad, me adjudican un rol) y la asunción (verticalidad, asumo un determinado rol).

Portavoz: aquel que enuncia lo implícito dentro de un grupo. Es el emergente, el que denuncia y muestra la que estaba oculto. Es el alcahuete del grupo, el que delata. Puede ser chivo en determinado momento, pero también líder o saboteador.

Líder: es el que define la situación y organiza la acción, lleva adelante la tarea. Es el que tiene mayor consenso en el grupo. No siempre son positivos, pueden ser negativos y es el saboteador las acciones de los integrantes del grupo.

Chivo emisario: es el que se hace cargo de todos los aspectos negativos, es alguien que inconscientemente se siente desvalorizado y necesita poner la cabeza para que se la corten.

Coordinador: es un co-pensor, que trata de colaborar desde un lugar diferenciado resolviendo los obstáculos para lograr la producción. Silencioso: es una esponja, se carga demasiado.

Secretos y triangulación

La creación de cualquier secreto entre dos personas de una familia hace un triángulo. Esta pareja constituye en realidad un trío ya que un secreto entre dos personas siempre excluye a una tercera o a varias. Los niños que crecen en una familia donde todos saben ciertos secretos que deben permanecer dentro de ella a toda costa aprenden como lección que la unidad de la familia siempre es por encima del bienestar individual. La lealtad familiar se valora más que la personal. El miedo a ser expulsado impide a muchas personas tener tan sólo la idea de revelar un secreto.

Los secretos son dinámicos, se trasladan de una persona a otra, de relación en relación y del interior de una familia al mundo exterior. Si se crea un secreto en un momento clave en el desarrollo familiar, el natural desenvolvimiento de la personalidad y de las relaciones puede congelarse. Cuando surge un secreto en medio de un proceso vital, lo que debería cambiar se detiene.

Tipos de secretos

Placenteros: tiempo limitado. Propósito de diversión y sorpresa. Ej: fiesta.

Esenciales: necesarios, marcan límites. Generan bienestar. Ej: hijos no deben saber temas sexuales o económicos.

Nocivos: envenenan relaciones, desorienta la identidad (de subjetivación). Cercenan la capacidad de decisiones claras. Efectos negativos crónicos en la capacidad de solucionar los problemas, poca energía, mucha ansiedad.

Peligrosos: maltrato físico, abuso sexual, mujer u hombres golpeados, alcoholismo, drogadicción.

Congelado: cuando un problema, un secreto, un trauma, etc, no se ha tratado, crisis de indecisiones crónicas, se dice “esta persona está congelada en este aspecto”. Todo ese potencial se estanca. Cuando se crea un secreto en un momento vital clave se produce un congelamiento.

Genogramas

Es un formato para dibujar un árbol familiar que registra información sobre sus miembros durante por lo menos tres generaciones. Permiten ver la familia de origen, la familia creada y la familia extensa. Cómo el pasado se actualiza en el presente. Información a nivel demográfico, problemas médicos o psicológicos, sucesos familiares críticos, lo que está y lo que está omitido. Dinámica de funcionamiento a través de las relaciones, cómo este proceso puede contribuir al síntoma. Relaciona el síntoma con lo que ocurre, una herramienta interpretativa subjetiva que permite generar hipótesis.

Interpretación de los genogramas

1) Estructura familiar: composición del hogar, constelación fraterna y configuraciones familiares inusuales.

2) Adaptación al ciclo vital

3) Repetición de pautas a través de generaciones: de funcionamiento (ej: alcohólico), vinculares (ej: madre con hija mayores),

4) estructurales repetidas.

¿PARA QUÉ HACER UNA TERAPIA?

 

Primero veamos de qué se trata una terapia. Se trata básicamente de todo proceso tendiente a la cura o bienestar a partir de la modificación de conductas disfuncionales, si la recortamos al ámbito que nos compete, que es el de la psicología.

En este sentido debemos hacer una separación importante en cuanto a lo patológico y lo no patológico, porque la idea de “cura” nos remite exclusivamente a la enfermedad y al paradigma médico a partir de lo sano y lo insano, donde entran los trastornos mentales. Y de aquí parte el prejuicio, como ya veremos, asociando la psicología a la locura. Pero hay un amplio espectro, la mayoría, que no encara un tratamiento psicológico desde ninguna base patológica sino desde una neurosis normal matizada por problemas de adaptación a diversos cambios vitales o meramente por la sensación de no estar avanzando o conociéndose lo suficiente, por lo que la principal motivación para pedir ayuda es cambiar, crecer, desplegar potencialidades o conocerse mejor.

En pos de esa modificación de conductas habrá que seguramente acompañar las mismas con cambios de pensamientos y emociones. En cuanto a las terapias, hay muchos prejuicios aún arraigados. "Es para los locos", "no sirven", "para eso hablo mejor con un amigo", "te roban la plata", "no voy a pagar para que me escuchen", y muchos etcéteras. Desterremos una a una.

Grandes mitos sobre la psicología y los psicólogos

"Es para los locos". Esto ya ha quedado muy obsoleto. En un tiempo se creía que sólo hacían terapia los que sufrían de algún grave trastorno, y si bien esto podía ser cierto, la evidencia es que la mayoría son neuróticos normales con alguna vicisitud de tipo emocional, para la que están necesitando una orientación ya que por estar muy inmersos en la angustia no están pudiendo tomar decisiones ni razonar con claridad. Aquí entran los duelos, las separaciones, las peleas, las relaciones en sí.

“Eso no es para mí, yo no "creo" en la psicología. No sirven”. Esta falsa creencia le da un aspecto místico totalmente equivocado a la psicoterapia, cuando la realidad es que la psicología es una ciencia del comportamiento humano. Este es el resultado de personas que desconocen por completo cómo funciona la psicología. También esta creencia está más que nada asociadas a las largas terapias psicoanalíticas que podían llevar varios años, removiendo el pasado. Para quienes no conjugan con este estilo terapéutico, hay muchos otros, y nuestro centro predica un modelo integrativo, no casado con uno u otro modelo. Fomentamos una filosofía "aquí y ahora", que inevitablemente llevará a remover viejas estructuras, pero con un anclaje en el hoy.

En cuanto a la duración, dependerá de cada sujeto y sus metas. Hay objetivos concretos que pueden resolverse en pocas sesiones; aunque también es cierto que en estos tiempos modernos donde todo debe solucionarse con inmediatez y mágicamente, la gente no tolera los procesos y los tiempos del inconsciente son imposibles de precisar por ser justamente inconscientes. Aquí hay que ser muy respetuoso con los tiempos del despertar que cada uno tenga de sí mismo. Darse cuenta y sanar implica tolerar este proceso.

"Para eso hablo mejor con un amigo". Típica opinión de personas que jamás han hecho una terapia y no tienen ni por asomo idea de qué se trata. Nada tiene que ver una terapia de comparable con hablar con un amigo. En terapia se da lo que se conoce técnicamente como transferencia, en la cual el analista o psicólogo cumple la función de receptor como si fuera una pantalla en blanco de aquellos deseos reprimidos o personas, que son revividos a raíz del encuadre terapéutico. Una de las principales funciones de un buen terapeuta es facilitar esta transferencia para que salga a la luz y no engancharse en ella (contratransferencia).

Pero, aún más importante: un psicólogo jamás dirá que hacer. Al menos uno que se precie de tal. Un psicólogo no es un consejero, no es un orientador, no es un agente de control, no es un juez moral, ni nada por el estilo. Tampoco un modelo a seguir. Un psicólogo lo que hace es facilitar, acompañar. Muestra un camino, de ninguna manera indica cuál se debe seguir. Un psicólogo llevará el faro hacia el propio autoconocimiento del sujeto en pos de su deseo, de su verdad, aunque esta sea tremendamente dolorosa. Por eso, enlazando el punto anterior, muchos rehúsan al proceso, porque asumir el proceso es asumir llegar a ser libre, ser uno mismo, ser ante todo honesto con uno mismo, y para alcanzar ese grado de libertad, es necesario ser muy valiente y atravesar quizá mucho dolor, porque cuanto más se niega la propia verdad, descubrirla será más dolorosa ya que pondrá en jaque todo nuestro ser.

Por ello, un amigo podrá aconsejar desde su experiencia o desde su bien intencionado parecer, pero no deja de ser una opinión sujeta a quien la emite, teñida por su propia subjetividad. Un buen psicólogo suspenderá su yo personal para poder entrar en comunión con el inconsciente de su analizado; de esa manera nada de su propio ser impregnará sus intervenciones, y por otra parte, su rol será el de un mero acompañante en la aventura del autodescubrimiento. Sostendrá la linterna para ayudar a alumbrar con su pericia e intuición algunos rincones, pero no caminará hacia allí por su analizado. Acompañará hasta la puerta, pero no podrá pasarla.

"Te roban la plata y no voy a pagar para que me escuchen". Los agrupamos porque están ligados. El primero obedece a falta de resultados. De vuelta, esto puede estar teñido por algún sesgo de terapias psicoanalíticas de las que han abundado en su mayoría en Buenos Aires, y su efectividad dependerá medirlas en función de qué se esperaba de ellas, en cuánto tiempo, y finalmente, entre la resistencia del paciente y la competencia del psicoanalista. Si no, es generalizar y hablar sin ningún fundamento.

De todos modos, insistimos: hay una terapia (o varias) y un terapeuta para cada sujeto, hay que tomarse el trabajo de encontrarlos. Y la psicología cognitivo conductual, por ejemplo, es entre todas la que recoge mayor evidencia científica de efectividad, para quienes buscan algún respaldo, lo cual no quiere decir que las demás no sean serias o no sirvan, todo depende para qué y quién. Después, cada profesional deberá ser medido en cuanto a su ética en cuanto a permitirse derivar o cerrar un proceso cuando se ve sobrepasado o trancado en el avance de un paciente.

El segundo punto apunta más a un planteo de índole moral, como una especie de reproche por tener que verse en la necesidad de pagar para poder ser escuchado porque nadie más quiere hacerlo. Esto puede hablarnos de mucha omnipotencia o tal vez de soledad. En cualquiera de los puntos, implica reconocer una falta, un pedido de ayuda, y siempre lo primero es pedir ayuda para bajarnos del pedestal y empezar a salir.

“La terapia es muy cara. ¡Es solo para ricos!” Falso de nuevo. Existen centros de atención psicológica públicos que tienen muy bajos precios, accesibilidad de pago e incluso consultas gratuitas. Aunque en realidad muchos prefieren gastar la misma cantidad en ir a un spa o en ir de shopping, así que más que ser una creencia errónea, es una pobre excusa para no buscar la ayuda más idónea.

“La terapia no soluciona nada”. Si bien esta creencia surge a partir de personas que pasaron por malas experiencias, no podemos generalizar todas las terapias psicológicas, pues existen diversos tipos de intervenciones y los psicólogos sabemos cómo adaptar estos estilos al paciente o recomendarlo con el mejor especialista para su caso particular.

Es una pérdida de dinero. ¡El tiempo lo cura todo!” ¡Completamente falso! El tiempo en sí mismo es sólo eso, tiempo. Si ese tiempo no es invertido en un proceso de sanación, lo único que logramos es una falsa sensación emocional de que estamos más aliviados y tranquilos, pero en realidad hemos solamente evitado el duelo. Por ello, apenas se vuelva a tocar la herida, ésta renacerá con todas sus fuerzas porque aún no está cerrada. Especialmente cuando se trata de un problema recurrente que está afectando gran parte de las áreas de desarrollo diario o si la persona ha pasado por un trauma, un duelo o una ruptura sentimental difícil.

El sanar es un proceso largo y lento, el cual debe ser asistido por un profesional para lograrlo por completo sin dejar secuelas negativas.

“No quiero ir porque el psicólogo querrá cambiar lo que soy”. Una de las creencias erróneas más populares y por la que muchos temen a la terapia, pero esto no es cierto ya que las personas no cambian su esencia. Nuestra estructura psíquica más profunda no puede modificarse, a lo sumo podremos corregir aquellas cuestiones de personalidad que han sido construidas socialmente. Lo que hacemos en terapia es redireccionar estas características a formas adaptativas más positivas que armonicen con el entorno y con el interior de la persona.

¿Para qué hacer una terapia?

Fundamentalmente para descubrir nuestro deseo, que es otra forma de saber quiénes somos y cuál es nuestro propósito o razón de ser. Para dejar de obedecer mandatos, esquemas, modelos impuestos o copiados. Para tomar las riendas de nuestras propias vidas, hacernos cargo de nuestras decisiones. Para dejar de culpar a todos y empezar a ser responsables y generadores de nuestros actos. Para ser congruentes, para vivir en equilibrio, para pensar, sentir y actuar en concordancia y no llenarnos de máscaras o caretas que piensan, sienten y actúan cada una por su lado. Para dejar de sufrir vínculos tóxicos o amores mercantiles. Para dejar de repetir historias o personas. Para ser verdaderamente libres.