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PENSAMIENTO DUALISTA: QUÉ ES Y CÓMO NOS AFECTA

Esta manera de pensar nos lleva a simplificar la realidad descomponiéndola en dos categorías. Cuando pensamos en las cosas que nos rodean, o en las personas, o en nosotros y nosotros mismos, tendemos a categorizar de dos en dos: hombre-mujer, bueno-malo, hetero-homo, naturaleza-cultura, mente-cuerpo, innato-aprendido, individual-colectivo, y así sucesivamente. Lejos de ser una casualidad, este pensamiento dualista ha sido la solución transitoria a dilemas filosóficos, sociales y científicos que han resultado de procesos históricos y culturales. A muy grandes rasgos, en occidente hemos organizado (pensado y manipulado) jerárquicamente al mundo de dos en dos a partir de la época que conocemos como “la modernidad”.

La mente y el cuerpo: el dualismo moderno

El pensamiento dualista, dicotómico o binario, es una tendencia que tenemos en Occidente y que nos ha llevado a organizar el mundo de una forma que hasta hace poco había pasado desapercibida por ser considerada "sentido común". Según este, lo que existe puede ser dividido en dos categorías fundamentales, cada una de las cuales es relativamente independiente. Por un lado, estaría la mente, las ideas y la racionalidad, y por el otro lo material.

Este pensamiento dualista es también conocido como cartesiano porque en historia de las ideas se considera que fueron las obras de René Descartes las que finalmente inauguraron el pensamiento racional moderno. Esto a partir del famoso cogito cartesiano: “pienso, luego existo”, que indica que la mente y la materia son entes separados, y que la materia (y todo lo que puede conocerse) se puede conocer mediante el pensamiento racional y el lenguaje lógico matemático (para Descartes, la mente, dios y el razonamiento lógico se relacionan estrechamente).

Es decir que muy cerca de esta tendencia (y por ende de la forma de hacer ciencia y de nuestros pensamientos y prácticas), se encuentra la filosofía occidental moderna de tradición racionalista (la que está fundamentada en la creencia de que la única o la principal forma válida de conocer objetivamente el mundo es la que se realiza con base en el razonamiento lógico). Por eso mismo la tradición racionalista también se conoce como objetivista o abstracta, y se vincula con otros conceptos que tienen que ver con la forma tradicional de hacer ciencia, por ejemplo, conceptos como “positivismo”, “reduccionismo” “computacionalismo”.

Con sus obras, Descartes representó gran parte del proyecto de la modernidad, no obstante, estas obras también son producto de un debate que en su época se estaba tratando de solucionar: la relación mente-cuerpo, cosa que él resuelve, entre otras cosas, mediante su oposición.

Impacto en la psicología y en la organización social

El pensamiento dualista fundamentalmente racional marcó de manera importante el desarrollo de la ciencia moderna, que comienza a estudiar la realidad separando a la mente de la materia (y a partir de ahí el cuerpo del alma, la vida de la no vida, la naturaleza de la cultura, hombre-mujer, occidental-no occidental, modernos-no modernos, etc.). De ahí que esta tradición guarde una estrecha relación con el conocimiento y la práctica de la psicología moderna, cuyas raíces se establecen precisamente en las divisiones entre el mundo físico y el mundo no-físico.

Es decir que la psicología está fundamentada en un modelo físico-psíquico; donde se supone que hay una realidad mental (que se corresponde con la realidad “objetiva”) y otro ente, material, que es el cuerpo. Pero no solo eso, sino que el conocimiento racional era también androcéntrico, con lo que el hombre se posiciona como el centro de la creación del conocimiento y el peldaño más alto de los seres vivos. Así se fortalece, por ejemplo, la división entre los mundos “natural” y “humano” (lo que se encuentra en la base de la crisis ecológica y también en muchas de las alternativas ineficaces para repararla); lo mismo que podríamos analizar sobre las divisiones entre los sexos, o en las bases de la colonización, donde se establecen ciertos paradigmas (occidentales) como los únicos o los mejores mundos posibles.

El problema de razonar de esta manera

En el fondo, el problema de separar las cosas y de explicarlas en binomio es que se simplifica de manera importante nuestro conocimiento del mundo, así como nuestras posibilidades de acción e interacciones; además de que son binarismos asimétricos, es decir que operan en la base de relaciones de poder frecuentemente desiguales. En otras palabras, el problema en sí no es pensar de dos en dos (cosa que también ocurre en sociedades no occidentales), sino que esos dos son casi siempre desiguales en términos de dominación y opresión. Un ejemplo claro es el dominio de la naturaleza que a partir de la modernidad se ha constituido como un imperativo humano occidental y que recientemente se nos ha enfrentado como un problema serio. Así que, tal como otros paradigmas filosóficos y científicos, el pensamiento dualista no se queda solo en el plano de lo mental, sino que genera relaciones, subjetividades, formas de identificación y de interactuar con el mundo y con las otras personas.

El retorno al cuerpo y la superación de los dualismos

Recuperar el terreno del cuerpo, la materia y la experiencia es una de las grandes tareas posmodernas. En otras palabras, la cuestión actual en muchos contextos, sobre todo de las ciencias humanas y sociales, es cómo salir del pensamiento dualista para generar alternativas de relación e identificación. Por ejemplo, son varias las teorías que desde las ciencias sociales se han posicionado críticamente ante la epistemología realista, el androcentrismo y a la verdad fundamentada en la ciencia moderna. Lo que algunas de ellas proponen, a muy grandes rasgos, es que si bien hay una realidad externa (o muchas realidades), no tenemos acceso neutro a ella, ya que el conocimiento que construimos está sujeto a las características del contexto donde lo construimos (un realismo crítico o un conocimiento situado).

Hay otras propuestas que plantean que no es necesario un rechazo absoluto de la racionalidad y del pensamiento cartesiano, sino una reorientación de esta tradición, con lo cual reformulan el concepto mismo de cognición, entendiéndola como una acción corporizada. Así, se extienden los horizontes de la misma racionalidad, y la comprensión de la realidad se desarrolla considerando las interacciones, ya que se entiende que lo que está entre la mente y el cuerpo (y de las demás dicotomías) es la relación, y es esto lo que hay que analizar y comprender. Se han desarrollado incluso algunos principios relacionales, como un nuevo paradigma de comprensión y organización del mundo, así como numerosos estudios sociales de la emoción que van más allá del marco racionalista (de hecho, su desarrollo se ha reconocido como un giro afectivo).

ADOLESCENCIA HOY

 

La palabra adolescencia remite a una experiencia grupal, dolorosa y de crecimiento. Crecer-nacer, crecer con dolor. “Tomar cuerpo”, pasaje “entre”, transformar, trascurrir, trascender. Inaugura el desenvolvimiento de un saber. Se trata de una etapa decisiva del proceso de desprendimiento que comienza en el nacimiento. Se desprende del mundo infantil para ser expulsado al mundo adulto.

Los cambios vertiginosos físicos de la pubertad tienen un correlato psíquico en el proceso de la adolescencia, en la que se redefine la relación con el mundo y los padres, este proceso implica 3 duelos: 1) el cuerpo infantil perdido, 2) la identidad infantil, 3) los padres de la infancia. Se une a estos duelos el duelo por la bisexualidad infantil también perdida.

Es esperable que el adolescente sea inestable, sería anormal lo contrario (sobreadaptación), esta entidad semipatológica que se forma llamada “síndrome normal de la adolescencia” describe esta anormal normalidad. Es un período perturbador para el adulto y necesario para el adolescente. Se enfrenta a una exigencia doble, por parte del cuerpo y del mundo externo. Debe elaborar pautas de convivencia y modos de manejarse. Estas exigencias se viven como invasivas, intenta por ende retener los logros infantiles y a su vez coexiste el placer y afán de alcanzar la madurez (contradicción). Suele refugiarse en su mundo interno como una forma de conectarse con su pasado, para elaborar el duelo por la pérdida de identidad de la niñez, una vuelta a sí mismo para reconectarse con el objeto perdido y así poder volver al mundo. Son necesarios permanentes en sayos y pruebas de pérdida y recuperación de ambas edades: la infantil y la adulta, es normal entonces que el adolescente se presente como varios personajes a la vez.

A su vez, los padres deben hacer una serie de renuncias: 1) aceptar el paso del tiempo, 2) aceptar la muerte, 3) abandonar su lugar idealizado, 4) aceptar y moverse en la relación de ambivalencia y crítica, 5) los logros del hijo que enfrenta a los fracasos de los padres. La desidealización de los padres sume al adolescente en el más profundo desamparo. La actitud del mundo externo es decisiva para la resolución de este proceso (el adolescente busca otros ídolos fuera de los padres), el paso puede ser un camino a la libertad con o sin límites, pero la libertad excesiva es tomada como abandono.

Las características esperables son: 1) búsqueda de sí mismo y de identidad, 2) tendencia grupal (exogamia), 3) necesidad de intelectualizar y fantasear, 4) crisis religiosas (del ateísmo al extremismo), 5) desubicación temporal, 6) evolución sexual manifiesta (autoerotismo a relaciones con otro), 7) actitud social reivindicatoria con tendencias antisociales o asociales 8) contradicciones sucesivas de la conducta, dominada por la acción, 9) separación progresiva de los padres, 10) cambios de humor.

Retrato del adolescente de hoy

Se trata de un pasaje obligado que va desde el fin de la infancia hasta la adultez. La define según 3 puntos de vista diferentes que se complementan: 1) Biológico: el principio de la adolescencia corresponde a la pubertad que es el período en donde se desarrollan los órganos genitales. La adolescencia es sinónimo del advenimiento de un cuerpo maduro, sexuado y susceptible de procrear. 2) Sociológico: abarca el período de transición entre la dependencia infantil y la emancipación del joven adulto. La pubertad arranca a los 11 y la emancipación alrededor de los 25. 3) Psicoanalítico: el adolescente es un ser trastornado que se precipita alegre hacia delante en la vida. Luego se detiene agobiado, vacío de esperanza, para volver a arrancar llevado por la acción.

Características: todo es contraste y contradicción. El adolescente tiene cambios bruscos de humor, a veces lleno de vanidad o por lo contrario no se quiere, idolatra a personas de más edad siempre y cuando sea totalmente opuesto a los valores familiares y adhiere fuertemente a su grupo de pares e ideales. A sus padres les demuestra lo opuesto a lo que realmente siente. Comienza una fase intensamente creativa. Pensamiento abstracto y anticipatorio. Puede discernir lo importante de una situación. Todo esto es lo esperable en esta etapa.

Tres tipos de manifestaciones de sufrimiento inconsciente: moderado (yo inmaduro, esperable y pasajero por exigencias pulsionales y sociales, neurosis normal de crecimiento con síntomas como angustia, tristeza y rebeldía); intenso (comportamientos peligrosos, pasaje al acto) y extremo (perturbaciones mentales, especialmente esquizofrenia y delincuencia).

La adolescencia es una saludable histeria del crecimiento

Encontramos tres estados del Yo del adolescente histérico: 1) estado angustiado: el joven se siente impedido de actuar, desear o pensar. Es tímido, temeroso e indeciso. La intolerancia es propia de la juventud y esto no es solo por su superyó, sino también porque el nuevo Yo adolescente es tan frágil que el joven quiere protegerse de toda amenaza del otro que atente contra la afirmación de sí mismo. 2) estado triste: se da sobre todo en las jóvenes, víctimas de una autodesvalorización exagerada o de denigración operada por un superyó tiránico. Se sienten tan culpables que pueden llegar a ser presa de ideas suicidas, sin pasar necesariamente al acto. 3) estado rebelde: es el estado del Yo más característico de la histeria juvenil. Es el más frecuente en la población masculina y el más parecido al Yo histérico. El joven es susceptible, irritable, provocador y agresivo. Solo vive en el presente, ignora el pasado y desprecia el futuro. Está en oposición y en rebeldía permanente.

Tres tipos de histeria: en la histeria siempre se trata de una desilusión amorosa. Ya sea que esté angustiado o fóbico, deprimido o paranoide (resentido), el joven histérico sufre invariablemente por creerse mal amado. El angustiado tiene miedo de amar, el depresivo llora su amor perdido y el paranoide grita su rabia de haber sido abandonado cuando en realidad fue sobreprotegido.

Dos peores amenazas para un adolescente histérico: fantasmas de humillación porque no soportan mostrarse inútiles o ser el hijo ideal que complace a sus padres (Freud la llama fantasma angustiante de castración por temor a la pérdida del falo). El falo del adolescente histérico es su propio yo, al que aman desmesuradamente para consolidar ese yo frágil (narcicismo hipertrofiado del adolescente).

La adolescencia es un duelo de la infancia: el joven debe perder el cuerpo del niño y el universo familiar en el cual creció y a la vez conservar todo lo que sintió, percibió y quiso, en particular su inocencia de niño y conquistar la edad adulta. El duelo de la infancia es un vaivén entre el presente y el pasado, un movimiento con retrocesos sucesivos al pasado infantil y por resurgimientos sucesivos de ese pasado en el presente. Cada retorno o cada resurgimiento del pasado es un micronacimiento. No hay progreso continuo; solo hay nacimientos sucesivos. Habla de adolescencias en cuanto 1) una turbulenta neurosis histérica y 2) duelo silencioso de la infancia. La adolescencia es a la vez una histeria y un duelo necesario para volverse adulto.

Principales signos de la entrada a la edad adulta: dos indicadores afectivos: 1) el joven adulto ya no se avergüenza de jugar como un niño, comprendió que ser adulto es permitirse regresar a la infancia cuando y como quiera; 2) ya no le molesta mostrarse obediente frente a la autoridad. Como indicador social: ya tiene independencia económica. Tres indicadores psíquicos: reconocer las propias imperfecciones y aceptarse tal como es; estar cómodo consigo mismo y disponible con otros; haber aprendido a amar al prójimo y a amarse a sí mismo de otra manera que cuando era niño.

Encrucijadas de los adolescentes de hoy

La mirada social sigue siendo la de estar en guardia. Los adolescentes son y serán peligrosos para todo lo establecido. El sostén narcisista proveniente de vínculos exogámicos durante la adolescencia es clave para el decurso del proceso adolescente. Se necesita a los padres conectados con sus hijos, no por nada los adolescentes que se drogan hablan de llenar un vacío. No sienten porque no pudieron identificarse con otros que se conectaran empáticamente con ellos. También habla de vacío por ausencia de ideales, se encuentran con un mundo de todo vale. Se hace difícil buscar un lugar. Los adolescentes se refugian en el aquí y ahora. La adolescencia es un momento vital proclive a las situaciones de crisis, gran parte de la patología que se ve tiene que ser pensada en un contexto de falla de constitución del ideal del yo cultural. Uno de los problemas más graves es la ausencia de proyectos lo que refleja un vacío interno.

Los duelos: los adolescentes se miran al espejo y este le ofrece una imagen discordante y variable de sí. Perder los soportes infantiles se torna insoportable cuando éstos no fueron firmemente internalizados. Los ideales cobran una importancia fundamental. Frente al quiebre de la imagen de sí mismo, los ideales son sostén narcisista. La creación supone normas, reglas y posibilidades de ir más allá de ellas, de romper con los caminos ya establecidos, retomando la historia para abrir recorridos nuevos. La transgresión implica la desestimación de la norma en una suerte de burla omnipotente que lleva a la autodestrucción.

La violencia: puede ser pensada como un recurso, generalmente autodestructivo, al que muchos adolescentes apelan frente al terror de verse desdibujados en un mundo en el que se suponen sin lugar. Los adolescentes necesitan reaseguros externos para sostener el narcisismo. El modo en que transite la adolescencia dependerá en gran medida de que encuentren esos reaseguros en el mundo externo y a la vez que el contexto les ofrezca un espacio de sostén narcisista. Los jóvenes pueden luchar contra sus propios deseos, en tanto sientan que el desear implica necesitar a otro que puede no estar. Y la presencia del otro puede hacer resurgir el dolor por la ausencia posible, cuestión a tener en cuenta en la transferencia. Los proyectos: muchas veces tienen la exigencia de sostener a los adultos, de hacerse cargo de lo que sus padres no pueden resolver. Los proyectos son la presencia de la pulsión de vida allí donde el narcisismo primario se quiebra.

La adolescencia en la era digital

Los más jóvenes encuentran en lo virtual un espacio habitable ya que es la era de la instantaneidad, simultaneidad y multifuncionalidad. El límite entre lo virtual y lo real es permeable y desdibujado. Efectos psíquicos en la adolescencia: la red es una superficie privilegiada para desplegar los trabajos psíquicos de la adolescencia. La web funciona como un espacio donde alojar el jugar en toda su dimensión, más allá de lo lúdico, constituyéndose en un indicador de salud. El jugar se comparte on line y se extiende a lo cultural. Una particularidad del espacio virtual es su doble faceta, por un lado, superficie de escritura; por el otro, herramienta de trabajo y construcción. Los adolescentes son intérpretes y hacedores de la cultura que habitan. De ahí el concepto de prosumidores que surge de la unión de los productores y los consumidores.

Narcisismo 2.0: hoy la satisfacción pulsional jugada en el mirar, mirarse y ser mirado, se produce a través de videos, fotos y relatos que ofrece el mundo virtual. On line los jóvenes encuentran imágenes y significantes con los cuales identificarse. El joven tomará del mundo virtual imágenes y palabras que incidirán de modo singular en su constitución, ya que hoy no se puede pensar el tránsito adolescente sin el tránsito por las nuevas tecnologías.

La exogamia en la adolescencia digital: el espacio virtual permite el despliegue narrativo, individual y compartido, que opera como puente entre los jóvenes y la generación de sus progenitores, posibilitando la tramitación del duelo por los padres de la infancia y por el lugar infantil. Para los nativos digitales, la intimidad se crea, se construye y delimita en la escritura on line. Los jóvenes cercan el espacio de lo íntimo y eligen con quien compartir esa intimidad, suelen sentir que pueden velar más su intimidad en la red que en los encuentros cara a cara. Las redes sociales pueden pensarse como plataformas donde escenificar la contienda generacional. Es aquí donde está el armado de la “diferencia” en sus diversas versiones.

Armado necesario para la construcción de lo “propio”: ideales, deseos, opiniones, diferenciados de los referentes parentales. La apertura de Facebook en la pubertad se podría pensar como un ritual iniciático, como un pasaje de la infancia hacia la adolescencia. El tema es cuando lo adolescente deviene modelo e ideal de una apoca: vestimenta, uso de lenguaje, dan cuenta de un barramiento de las diferencias entre niñez, adolescencia y adultez.

¿POR QUÉ NOS CUESTA CAMBIAR?

Muchas veces nos encontramos con que quisiéramos cambiar algo de nosotros, pero no podemos. Tal vez queremos bajar de peso, empezar a hacer ejercicio, o terminar una relación que nos perjudica. Cuando se fracasa en estos intentos muchos lo explican como falta de voluntad o lo atribuyen a procesos “inconscientes” diciendo frases como: “tal vez soy masoquista”, “tal vez inconscientemente me estoy castigando”. A veces sucede algo peor, son los terapeutas quienes dicen que los pacientes se resisten al cambio. Sin embargo, hay una mejor explicación. Prochaska y Prochaska (2001) escribieron un conocido artículo que se llama “¿Por qué no se mueven los continentes? ¿Por qué no cambian las personas?”. En este articulo explican las razones por las cuales las personas no cambian y proponen un modelo transteórico del cambio.

Entonces ¿Por qué no cambia la gente según Prochaska y Prochaska?

Porque:

1) No puede: No podemos cambiar aquello que no podemos controlar voluntariamente, y es ajeno a nuestro control. Por ejemplo, nuestra genética. Tampoco se puede cambiar aquello de lo que no somos conscientes, por ejemplo, el caso de los adictos que niegan tener un problema. La gente tampoco puede cambiar si cree que no se pude cambiar, por ejemplo, cuando pensamos que no tenemos la capacidad o poder para cambiar. Cuando las personas consideran que sus problemas se deben enteramente a factores biológicos o sociales externos es muy probable que concluyan que no pueden cambiar.

2) No quiere hacerlo: No se puede cambiar cuando se considera que los pros de las conductas problemáticas superan los contras de esos comportamientos. En general, en estos casos, las recompensas a corto plazo de la conducta problemática refuerzan la conducta y hacen más difícil pensar en los beneficios a largo plazo de hacer un cambio. Si quiero hacer dieta, comer algo rico me da un placer inmediato, en cambio, seguir la dieta implica postergar el placer para recibir una recompensa en el largo plazo.

3) No sabe cómo hacerlo: A veces queremos cambiar pero no sabemos cómo hacerlo. Este es el caso de muchas personas que recurren a terapia buscando un cambio. Muchas veces se espera que se produzca un cambio rápido. En algunos casos esto es posible, pero en muchos otros los problemas son crónicos y aun cuando los terapeutas tenemos las herramientas para ayudar a las personas a cambiar, esto puede tomar un tiempo.

4) No sabe qué cambiar: Puede suceder que sepamos que las cosas no nos están yendo bien, pero no sabemos qué tenemos que cambiar. No sabemos cuál es la causa del problema ni cuales son las soluciones posibles.

5) Todo junto.

Las 6 etapas del cambio

Precontemplación: la persona aún no es consciente de un problema o que necesite hacer un cambio en su vida. Necesita información y feedback para que pueda concientizar el problema y tener la posibilidad de cambiar.

Contemplación: oscilación entre los motivos para cambiar y para continuar de la misma manera. Es decir, considera y rechaza el cambio a la vez.

Determinación: la persona asume que algo tiene que cambiar y hacer algo con su problema. La tarea del terapeuta, counselor o agente motivador será la de mostrarle el recurso más adecuado.

Acción: es la que habitualmente se considera como la etapa de inicio de la terapia o del counseling. La persona se implica en acciones buscando producir un cambio. Mantenimiento: el reto consiste en mantener el cambio conseguido en la etapa anterior, y el de prevenir la recaída. Puede necesitar otras habilidades y estrategias de las que fueron necesarias para conseguir el cambio inicial para sostenerlo.

Recaída: La tarea de la persona será volver a girar alrededor de la rueda antes de permanecer inmóvil en esta etapa. Las recaídas son normales y esperables cuando se intenta cambiar cualquier patrón de conducta de larga data. El terapeuta/counselor deberá ayudar a la persona a evitar el desconsuelo y la desmoralización, a renovar la determinación y los esfuerzos realizados para retomar las etapas de acción y mantenimiento.

Beneficio secundario

Término acuñado por Freud para detallar la ventaja que el sujeto pudiera obtener de su patología ya que curarse le acarrearía más angustia que la enfermedad.

“Al hombre se le puede arrebatar todo salvo una cosa: la última de las libertades humanas – la elección de la actitud personal ante un conjunto de circunstancias - para decidir su propio camino”.

Víktor E. Frankl

¿Es posible vivir sin cambiar?

El cambio es inevitable, forma parte de la vida y del crecimiento. La vida está compuesta de innumerables, sucesivos y constantes cambios de distinto tenor. Es decir que, vivir implica cambiar. Pero ¿qué significa el concepto de cambio? Podríamos definirlo como la acción de transformar, modificar o reemplazar algo; que puede ser un objeto, una persona, una actitud, una condición, un estado, un trabajo, una relación, una creencia, etc. Todo a nuestro alrededor está en constante cambio, aún sin que nos demos cuenta: el clima, la tecnología, la economía, el conocimiento, la comunicación, etc. Y a su vez, las distintas situaciones que vamos viviendo a lo largo de la vida van modificando nuestro carácter y van surgiendo así nuevas formas de sentir, pensar y actuar. Por lo cual, el cambio se presenta en diferentes ámbitos de nuestra vida: personal, académico, laboral, económico, cultural, religioso, etc. El cambio es una situación novedosa, algo diferente a lo ya conocido, que conlleva un cierto período de ajuste y que nos permite desplegar nuestros recursos, estrategias y todo nuestro potencial para lograr una mejor adaptación frente a los nuevos desafíos y continuar aprendiendo cosas nuevas.

¿Por qué nos resultan difíciles los cambios?

Nadie dijo que fuera un proceso fácil, y como todo proceso no se produce en un abrir y cerrar de ojos. El cambio es un proceso que genera grandes resistencias, porque que nos obliga a movernos hacia un terreno desconocido dejando atrás nuestras zonas de confort, que son áreas seguras y estables guiadas por los mismos entornos, hábitos y rutinas, que nos retroalimentan positivamente, pero que también nos privan de entrar en otras zonas que harían posible la creación de nuevos aprendizajes y un mayor crecimiento y desarrollo. Muchas veces, aunque queramos salir de donde estamos, nos resulta difícil porque ese movimiento implica perder un beneficio secundario o una ganancia encubierta. Este beneficio puede ser obtener cierta comodidad o atención extra de los demás, eludir responsabilidades, evitar situaciones desagradables o temidas, etc, y no siempre somos muy conscientes de estos beneficios secundarios. Otras veces la falta de propósito y de sentido suele generarnos la sensación de resignación y nos vamos conformando con nuestro modo de vida actual, aunque este nos genere malestar, bajo el autoengaño y la falsa creencia de que “es imposible cambiar”. Por lo general, los cambios pequeños los aceptamos sin mayores inconvenientes. La mayor dificultad se nos suele presentar con los cambios más grandes, cuando nos hacemos conscientes de ellos y los relacionamos con las adversidades. Ahí es cuando surge el miedo al cambio.

¿Por qué nos da miedo cambiar?

El miedo puede aparecer ante la incertidumbre e inestabilidad de lo nuevo, ante un posible fracaso, ante la sensación de algún tipo de pérdida, ante la falta de control o de rumbo, etc. Y frente al miedo que nos genera la posibilidad cambio tenemos dos opciones para escoger: podemos resistirnos aferrándonos a lo viejo ya conocido, con la esperanza de que el tiempo vuelva a poner las cosas su lugar y eludiendo la responsabilidad de dicho cambio. O podemos enfrentarlo reconociendo cuáles son nuestros temores y preocupaciones, para luego poder analizarlos y descartarlos o combatirlos con todos nuestros recursos, que seguramente serán ampliados y fortalecidos luego del cambio. Decidir por un cambio o aceptarlo es un proceso que implica poder dejar atrás lo seguro, lo estable, lo cómodo y avanzar hacia lo nuevo, lo desconocido, lo diferente aún a pesar de la incertidumbre, el miedo y el dolor que conlleva esta transición.

La actitud frente al cambio

¿Por qué a mí me tiene que pasar esto?, ¿Por qué cambiar si siempre lo hice así? ¿Y si no puedo afrontarel cambio?, ¿Qué voy a perder si cambia esta situación? Son preguntas formuladas desde una perspectiva del cambio como una amenaza, como algo que viene a romper nuestra estructura y estabilidad actual. Esta postura nos posiciona en el lugar de víctimas, resistiéndonos a una mejor adaptación al cambio. Sin embargo, también podemos encarar la posibilidad de cambio desde una perspectiva de oportunidad, como una situación potenciadora de nuestro crecimiento y desarrollo personal; promoviendo una actitud constructiva y de adaptación. Desde esta mirada podríamos formularnos preguntas tales como: ¿Por qué no cambiar?, ¿Qué recursos y capacidades tengo que me podrían ser útiles para afrontar el cambio?, ¿Qué puedo aprender de esta nueva situación?, ¿Qué beneficios podría traerme cambiar? La actitud que se tome frente al cambio aceptado o elegido, depende de la propia persona. Se puede optar por vivirlo como espectador o víctima, o por el contrario como protagonista y artífice del propio cambio.

La ganancia del cambio

Todo cambio implica en cierta medida una pérdida, un duelo por lo que dejamos atrás. Por lo que la manera de relacionarnos con los cambios dependerá en gran medida de lo aprendido en situaciones previas y de nuestra capacidad para elaborar dichas pérdidas. Pero cambiar no es desechar todo lo conocido y aprendido, sino más bien incorporar nuevos aprendizajes, para crecer, para evolucionar, para progresar. Por eso el cambio también depende de la confianza que tengamos en nosotros mismos, de la capacidad para reconocer, elaborar y enfrentar nuestros temores y fantasías, y de la capacidad para poder verlo como un reto o un desafío. A partir del cual podemos aprender cosas nuevas, encontrar nuevos propósitos, dar un nuevo sentido a las experiencias vividas y continuar creciendo y progresando en nuestro desarrollo. En suma, el cambio vivido como un desafío nos permite evolucionar. Y esa, sin duda, es nuestra mejor ganancia.

Tipos de crisis (Teoría de la Participación)

Existen dos tipos de crisis, las evolutivas (que necesariamente todos atravesamos en algún momento de la vida) y las accidentales, que tienen que ver con sucesos más allá de lo previsible evolutivamente (ruptura en la cotidianeidad). Cualquier crisis tiene el potencial de volverse una crisis vital.

Momentos de la crisis vital

Primer momento: duda existencial. Supone el cuestionamiento y ruptura de la forma de ver el mundo. La pregunta no es qué me pasa o por qué, sino quién soy, o sea que la identidad social y los patrones de conducta de una persona dejan de dar respuesta.

Segundo momento: participación (crisis vital propiamente dicha): se “suspende el Yo” como una forma de quitar la lupa con la que se percibe la realidad. Se pasa de una “identidad del yo” a una identidad grupal que se define como “nosotros”, libre en un campo de valores que puede recibir por intuición –vivencialmente- y así crear formas nuevas.

Tercer momento: ilusión. Surge cuando ponemos palabras a esa imagen o vivencia para hacerla propia, objetivándola (aunque sea ilusoriamente). Prevalece nuevamente la identidad del yo.

Cuarto momento: vuelta a lo social. Una vez generada la ilusión, es necesaria una cuota determinada de desilusión para retornar a lo social. Esto posibilita, en definitiva, salir de una estructura simbiótico-narcicista que, de sostenerse, no podría terminar en otra cosa que una patología.

LA FAMILIA COMO SISTEMA

¿Qué es familia?

Para Andolfi (1982) la familia es un sistema relacional que supera a sus miembros individuales y los articula entre sí. La define como un sistema activo en transformación constante, un organismo complejo que se modifica en el tiempo para asegurar continuidad y crecimiento psicosocial a los miembros que la componen, esto implica tolerar la transformación permanente. El sistema debe lograr que sus miembros dejen de necesitarlo imperiosamente para lograrse la individuación y formar un nuevo sistema familiar; para ello pendula entre la necesidad de diferenciación (expresión del sí mismo) y la necesidad de cohesión y de mantenimiento de la unidad del grupo en el tiempo. Desde la cohesión, asegura, formamos la familia segura para que después suceda la individuación.

Tipos de familia

Distingue dos tipos de familias como respuesta a una demanda de cambio: 1. Familias en riesgo: en estas familias la designación del chivo emisario (portador del síntoma, denunciante, catalizador) es provisoria. 2. Familias con designación rígida: en este tipo de familia puede suceder que se perciba catastrófico el paso de un estadio evolutivo al siguiente, por ende se bloquea toda tentativa de experimentación y aprendizaje. Tiende a ser irreversible, porque se la considera indispensable para evitar el riesgo de inestabilidad y la evolución posterior de la familia. Este proceso de estabilización utiliza las energías del sistema para mantener funciones rígidas y esquemas repetitivos de interacción.

Familia real y fantaseada

Laing (1969), por su parte, diferencia el concepto de familia al de “familia” internalizada. Desde muy pequeños internalizamos (como una forma de trasposición, transición o modulación de lo externo a lo interno) la familia como sistema. Lo que se internaliza, sostiene el autor, no son objetos como tales, sino pautas de relación. Entonces la familia internalizada es un sistema témporo-espacial y lo que la une, como diría Sartre, es la internalización recíproca de sus miembros. Es transferida de modos vinculares (al trabajo, por ejemplo, proyectando en nuestros jefes a nuestros padres, o a nuestros hermanos en los compañeros, etc.).

El sistema familiar

Entendemos entonces por sistema familiar al conjunto de individuos dinámicamente estructurados, cuya totalidad genera normas de funcionamiento, independientes de las que rigen el comportamiento individual.

SE COMPONE DE: Límites: El sistema se compone de varios subsistemas, entre los que existen límites con una permeabilidad de grado variable.…….. (difusos) ___ ___ ___ (claros) __________ (rígidos). Están constituidos por las reglas que definen quiénes participan y de qué manera. Su función es proteger la diferenciación del sistema. Jerarquías: la familia está estructurada jerárquicamente de acuerdo con varias formas de organización. Ejemplo: padre (mayor autoridad), abuela paterna (ocupando rol materno), madre (ausente), abuelo paterno (fallecido), abuelos maternos (ausentes ambos), hijos (2 en edad escolar). Coalición: dos personas del mismo subsistema se alían contra otra de otro subsistema. Alianza: unión, relación muy estrecha, no necesariamente en contra de.

En general, observamos: 1) como son los subsistemas, 2) cómo actúan los individuos que ocupan los subsistemas (quién está en qué función, si por ej. un hijo está en un rol de autoridad va a producir alianzas y coaliciones), 3) diferentes subsistemas requieren diferentes niveles de participación, poder y funcionamiento, 4) reglas de participación de los miembros del sistema (quiénes están incluidos, quiénes excluidos, etc), cómo es la redundancia (quiénes, cuándo, cómo participan, género, etc), 5) reglas de poder (quién o quiénes deciden qué se hace y qué no, quienes entran y quienes no).

Desde la psicología sistémica,  se apunta a: 1) cuál es el problema, 2) soluciones intentadas, 3) ¿por qué consulta ahora?, 4) meta mínima, 5) modelar una estrategia.

Roles

Pichon define rol como “modelo organizado de conducta, relativo a cierta posición del individuo, en una red de interacción, ligado a expectativas propias y de los otros”. El rol que cada uno desempeña no tiene que ver con los propios deseos sino cómo se da ese interjuego de interacciones de mis propios deseos y los deseos de los demás. En los grupos hay dos fuerzas en oposición, una hacia el cambio y otra hacia la resistencia al cambio. Hay 4 roles fijos, que se dan por 2 motivos: la adjudicación (horizontalidad, me adjudican un rol) y la asunción (verticalidad, asumo un determinado rol).

Portavoz: aquel que enuncia lo implícito dentro de un grupo. Es el emergente, el que denuncia y muestra la que estaba oculto. Es el alcahuete del grupo, el que delata. Puede ser chivo en determinado momento, pero también líder o saboteador.

Líder: es el que define la situación y organiza la acción, lleva adelante la tarea. Es el que tiene mayor consenso en el grupo. No siempre son positivos, pueden ser negativos y es el saboteador las acciones de los integrantes del grupo.

Chivo emisario: es el que se hace cargo de todos los aspectos negativos, es alguien que inconscientemente se siente desvalorizado y necesita poner la cabeza para que se la corten.

Coordinador: es un co-pensor, que trata de colaborar desde un lugar diferenciado resolviendo los obstáculos para lograr la producción. Silencioso: es una esponja, se carga demasiado.

Secretos y triangulación

La creación de cualquier secreto entre dos personas de una familia hace un triángulo. Esta pareja constituye en realidad un trío ya que un secreto entre dos personas siempre excluye a una tercera o a varias. Los niños que crecen en una familia donde todos saben ciertos secretos que deben permanecer dentro de ella a toda costa aprenden como lección que la unidad de la familia siempre es por encima del bienestar individual. La lealtad familiar se valora más que la personal. El miedo a ser expulsado impide a muchas personas tener tan sólo la idea de revelar un secreto.

Los secretos son dinámicos, se trasladan de una persona a otra, de relación en relación y del interior de una familia al mundo exterior. Si se crea un secreto en un momento clave en el desarrollo familiar, el natural desenvolvimiento de la personalidad y de las relaciones puede congelarse. Cuando surge un secreto en medio de un proceso vital, lo que debería cambiar se detiene.

Tipos de secretos

Placenteros: tiempo limitado. Propósito de diversión y sorpresa. Ej: fiesta.

Esenciales: necesarios, marcan límites. Generan bienestar. Ej: hijos no deben saber temas sexuales o económicos.

Nocivos: envenenan relaciones, desorienta la identidad (de subjetivación). Cercenan la capacidad de decisiones claras. Efectos negativos crónicos en la capacidad de solucionar los problemas, poca energía, mucha ansiedad.

Peligrosos: maltrato físico, abuso sexual, mujer u hombres golpeados, alcoholismo, drogadicción.

Congelado: cuando un problema, un secreto, un trauma, etc, no se ha tratado, crisis de indecisiones crónicas, se dice “esta persona está congelada en este aspecto”. Todo ese potencial se estanca. Cuando se crea un secreto en un momento vital clave se produce un congelamiento.

Genogramas

Es un formato para dibujar un árbol familiar que registra información sobre sus miembros durante por lo menos tres generaciones. Permiten ver la familia de origen, la familia creada y la familia extensa. Cómo el pasado se actualiza en el presente. Información a nivel demográfico, problemas médicos o psicológicos, sucesos familiares críticos, lo que está y lo que está omitido. Dinámica de funcionamiento a través de las relaciones, cómo este proceso puede contribuir al síntoma. Relaciona el síntoma con lo que ocurre, una herramienta interpretativa subjetiva que permite generar hipótesis.

Interpretación de los genogramas

1) Estructura familiar: composición del hogar, constelación fraterna y configuraciones familiares inusuales.

2) Adaptación al ciclo vital

3) Repetición de pautas a través de generaciones: de funcionamiento (ej: alcohólico), vinculares (ej: madre con hija mayores),

4) estructurales repetidas.

¿PARA QUÉ HACER UNA TERAPIA?

Primero veamos de qué se trata una terapia. Se trata básicamente de todo proceso tendiente a la cura o bienestar a partir de la modificación de conductas disfuncionales, si la recortamos al ámbito que nos compete, que es el de la psicología. En este sentido debemos hacer una separación importante en cuanto a lo patológico y lo no patológico, porque la idea de “cura” nos remite exclusivamente a la enfermedad y al paradigma médico a partir de lo sano y lo insano, donde entran los trastornos mentales. Y de aquí parte el prejuicio, como ya veremos, asociando la psicología a la locura. Pero hay un amplio espectro, la mayoría, que no encara un tratamiento psicológico desde ninguna base patológica sino desde una neurosis normal matizada por problemas de adaptación a diversos cambios vitales o meramente por la sensación de no estar avanzando o conociéndose lo suficiente, por lo que la principal motivación para pedir ayuda es cambiar, crecer, desplegar potencialidades o conocerse mejor. En pos de esa modificación de conductas habrá que seguramente acompañar las mismas con cambios de pensamientos y emociones. En cuanto a las terapias, hay muchos prejuicios aún arraigados. "Es para los locos", "no sirven", "para eso hablo mejor con un amigo", "te roban la plata", "no voy a pagar para que me escuchen", y muchos etcéteras. Desterremos una a una.

Grandes mitos sobre la psicología y los psicólogos

"Es para los locos". Esto ya ha quedado muy obsoleto. En un tiempo se creía que sólo hacían terapia los que sufrían de algún grave trastorno, y si bien esto podía ser cierto, la evidencia es que la mayoría son neuróticos normales con alguna vicisitud de tipo emocional, para la que están necesitando una orientación ya que por estar muy inmersos en la angustia no están pudiendo tomar decisiones ni razonar con claridad. Aquí entran los duelos, las separaciones, las peleas, las relaciones en sí. “Eso no es para mí, yo no "creo" en la psicología. No sirven”. Esta falsa creencia le da un aspecto místico totalmente equivocado a la psicoterapia, cuando la realidad es que la psicología es una ciencia del comportamiento humano. Este es el resultado de personas que desconocen por completo cómo funciona la psicología. También esta creencia está más que nada asociadas a las largas terapias psicoanalíticas que podían llevar varios años, removiendo el pasado. Para quienes no conjugan con este estilo terapéutico, hay muchos otros, y nuestro centro predica un modelo integrativo, no casado con uno u otro modelo. Fomentamos una filosofía "aquí y ahora", que inevitablemente llevará a remover viejas estructuras, pero con un anclaje en el hoy. En cuanto a la duración, dependerá de cada sujeto y sus metas. Hay objetivos concretos que pueden resolverse en pocas sesiones; aunque también es cierto que en estos tiempos modernos donde todo debe solucionarse con inmediatez y mágicamente, la gente no tolera los procesos y los tiempos del inconsciente son imposibles de precisar por ser justamente inconscientes. Aquí hay que ser muy respetuoso con los tiempos del despertar que cada uno tenga de sí mismo. Darse cuenta y sanar implica tolerar este proceso.

"Para eso hablo mejor con un amigo". Típica opinión de personas que jamás han hecho una terapia y no tienen ni por asomo idea de qué se trata. Nada tiene que ver una terapia de comparable con hablar con un amigo. En terapia se da lo que se conoce técnicamente como transferencia, en la cual el analista o psicólogo cumple la función de receptor como si fuera una pantalla en blanco de aquellos deseos reprimidos o personas, que son revividos a raíz del encuadre terapéutico. Una de las principales funciones de un buen terapeuta es facilitar esta transferencia para que salga a la luz y no engancharse en ella (contratransferencia). Pero, aún más importante: un psicólogo jamás dirá que hacer. Al menos uno que se precie de tal. Un psicólogo no es un consejero, no es un orientador, no es un agente de control, no es un juez moral, ni nada por el estilo. Tampoco un modelo a seguir. Un psicólogo lo que hace es facilitar, acompañar. Muestra un camino, de ninguna manera indica cuál se debe seguir. Un psicólogo llevará el faro hacia el propio autoconocimiento del sujeto en pos de su deseo, de su verdad, aunque esta sea tremendamente dolorosa. Por eso, enlazando el punto anterior, muchos rehúsan al proceso, porque asumir el proceso es asumir llegar a ser libre, ser uno mismo, ser ante todo honesto con uno mismo, y para alcanzar ese grado de libertad, es necesario ser muy valiente y atravesar quizá mucho dolor, porque cuanto más se niega la propia verdad, descubrirla será más dolorosa ya que pondrá en jaque todo nuestro ser. Por ello, un amigo podrá aconsejar desde su experiencia o desde su bien intencionado parecer, pero no deja de ser una opinión sujeta a quien la emite, teñida por su propia subjetividad. Un buen psicólogo suspenderá su yo personal para poder entrar en comunión con el inconsciente de su analizado; de esa manera nada de su propio ser impregnará sus intervenciones, y por otra parte, su rol será el de un mero acompañante en la aventura del autodescubrimiento. Sostendrá la linterna para ayudar a alumbrar con su pericia e intuición algunos rincones, pero no caminará hacia allí por su analizado. Acompañará hasta la puerta, pero no podrá pasarla.

"Te roban la plata y no voy a pagar para que me escuchen". Los agrupé porque están ligados. El primero obedece a falta de resultados. De vuelta, esto puede estar teñido por algún sesgo de terapias psicoanalíticas de las que han abundado en su mayoría en Buenos Aires, y su efectividad dependerá medirlas en función de qué se esperaba de ellas, en cuánto tiempo, y finalmente, entre la resistencia del paciente y la competencia del psicoanalista. Si no, es generalizar y hablar sin ningún fundamento. De todos modos, insisto: hay una terapia (o varias) y un terapeuta para cada sujeto, hay que tomarse el trabajo de encontrarlos. Y la psicología cognitivo conductual, por ejemplo, es entre todas la que recoge mayor evidencia científica de efectividad, para quienes buscan algún respaldo, lo cual no quiere decir que las demás no sean serias o no sirvan, todo depende para qué y quién. Después, cada profesional deberá ser medido en cuanto a su ética en cuanto a permitirse derivar o cerrar un proceso cuando se ve sobrepasado o trancado en el avance de un paciente. El segundo punto apunta más a un planteo de índole moral, como una especie de reproche por tener que verse en la necesidad de pagar para poder ser escuchado porque nadie más quiere hacerlo. Esto puede hablarnos de mucha omnipotencia o tal vez de soledad. En cualquiera de los puntos, implica reconocer una falta, un pedido de ayuda, y siempre lo primero es pedir ayuda para bajarnos del pedestal y empezar a salir.

“La terapia es muy cara. ¡Es solo para ricos!” Falso de nuevo. Existen centros de atención psicológica públicos que tienen muy bajos precios, accesibilidad de pago e incluso consultas gratuitas. Aunque en realidad muchos prefieren gastar la misma cantidad en ir a un spa o en ir de shopping, así que más que ser una creencia errónea, es una pobre excusa para no buscar la ayuda más idónea. “La terapia no soluciona nada”. Si bien esta creencia surge a partir de personas que pasaron por malas experiencias, no podemos generalizar todas las terapias psicológicas, pues existen diversos tipos de intervenciones y los psicólogos sabemos cómo adaptar estos estilos al paciente o recomendarlo con el mejor especialista para su caso particular.

Es una pérdida de dinero. ¡El tiempo lo cura todo!” ¡Completamente falso! El tiempo en sí mismo es sólo eso, tiempo. Si ese tiempo no es invertido en un proceso de sanación, lo único que logramos es una falsa sensación emocional de que estamos más aliviados y tranquilos, pero en realidad hemos solamente evitado el duelo. Por ello, apenas se vuelva a tocar la herida, ésta renacerá con todas sus fuerzas porque aún no está cerrada. Especialmente cuando se trata de un problema recurrente que está afectando gran parte de las áreas de desarrollo diario o si la persona ha pasado por un trauma, un duelo o una ruptura sentimental difícil. El sanar es un proceso largo y lento, el cual debe ser asistido por un profesional para lograrlo por completo sin dejar secuelas negativas.

“No quiero ir porque el psicólogo querrá cambiar lo que soy”. Una de las creencias erróneas más populares y por la que muchos temen a la terapia, pero esto no es cierto ya que las personas no cambian su esencia. Nuestra estructura psíquica más profunda no puede modificarse, a lo sumo podremos corregir aquellas cuestiones de personalidad que han sido construidas socialmente. Lo que hacemos en terapia es redireccionar estas características a formas adaptativas más positivas que armonicen con el entorno y con el interior de la persona.

¿Para qué hacer una terapia?

Fundamentalmente para descubrir nuestro deseo, que es otra forma de saber quiénes somos y cuál es nuestro propósito o razón de ser. Para dejar de obedecer mandatos, esquemas, modelos impuestos o copiados. Para tomar las riendas de nuestras propias vidas, hacernos cargo de nuestras decisiones. Para dejar de culpar a todos y empezar a ser responsables y generadores de nuestros actos. Para ser congruentes, para vivir en equilibrio, para pensar, sentir y actuar en concordancia y no llenarnos de máscaras o caretas que piensan, sienten y actúan cada una por su lado. Para dejar de sufrir vínculos tóxicos o amores mercantiles. Para dejar de repetir historias o personas. Para ser verdaderamente libres.