La Llave Psi

La clave la tenés vos

¿Para qué sirve una terapia?

Primero veamos de qué se trata una terapia. Se trata básicamente de todo proceso tendiente a la cura o bienestar a partir de la modificación de conductas disfuncionales, si la recortamos al ámbito que nos compete, que es el de la psicología. En este sentido debemos hacer una separación importante en cuanto a lo patológico y lo no patológico, porque la idea de “cura” nos remite exclusivamente a la enfermedad y al paradigma médico a partir de lo sano y lo insano, donde entran los trastornos mentales. Y de aquí parte el prejuicio, como ya veremos, asociando la psicología a la locura. Pero hay un amplio espectro, la mayoría, que no encara un tratamiento psicológico desde ninguna base patológica sino desde una neurosis normal matizada por problemas de adaptación a diversos cambios vitales o meramente por la sensación de no estar avanzando o conociéndose lo suficiente, por lo que la principal motivación para pedir ayuda es cambiar, crecer, desplegar potencialidades o conocerse mejor. En pos de esa modificación de conductas habrá que seguramente acompañar las mismas con cambios de pensamientos y emociones.

En cuanto a las terapias, hay muchos prejuicios aún arraigados. "Es para los locos", "no sirven", "para eso hablo mejor con un amigo", "te roban la plata", "no voy a pagar para que me escuchen", y muchos etcéteras. Desterremos una a una.

Grandes mitos sobre la psicología y los psicólogos

"Es para los locos". Esto ya ha quedado muy obsoleto. En un tiempo se creía que sólo hacían terapia los que sufrían de algún grave trastorno, y si bien esto podía ser cierto, la evidencia es que la mayoría son neuróticos normales con alguna vicisitud de tipo emocional, para la que están necesitando una orientación ya que por estar muy inmersos en la angustia no están pudiendo tomar decisiones ni razonar con claridad. Aquí entran los duelos, las separaciones, las peleas, las relaciones en sí.

“Eso no es para mí, yo no creo en la psicología. No sirven”. Esta falsa creencia le da un aspecto místico totalmente equivocado a la psicoterapia, cuando la realidad es que la psicología es una ciencia del comportamiento humano. Este es el resultado de personas que desconocen por completo cómo funciona la psicología. También esta creencia está más que nada asociadas a las largas terapias psicoanalíticas que podían llevar varios años, removiendo el pasado. Para quienes no conjugan con este estilo terapéutico, hay muchos otros, y nuestro centro predica un modelo integrativo, no casado con uno u otro modelo. Fomentamos una filosofía "aquí y ahora", que inevitablemente llevará a remover viejas estructuras, pero con un anclaje en el hoy. En cuanto a la duración, dependerá de cada sujeto y sus metas. Hay objetivos concretos que pueden resolverse en pocas sesiones; aunque también es cierto que en estos tiempos modernos donde todo debe solucionarse con inmediatez y mágicamente, la gente no tolera los procesos y los tiempos del inconsciente son imposibles de precisar por ser justamente inconscientes. Aquí hay que ser muy respetuoso con los tiempos del despertar que cada uno tenga de sí mismo. Darse cuenta y sanar implica tolerar este proceso.

"Para eso hablo mejor con un amigo". Típica opinión de personas que jamás han hecho una terapia y no tienen ni por asomo idea de qué se trata. Nada tiene que ver una terapia de comparable con hablar con un amigo. En terapia se da lo que se conoce técnicamente como transferencia, en la cual el analista o psicólogo cumple la función de receptor como si fuera una pantalla en blanco de aquellos deseos reprimidos o personas, que son revividos a raíz del encuadre terapéutico. Una de las principales funciones de un buen terapeuta es facilitar esta transferencia para que salga a la luz y no engancharse en ella (contratransferencia). Pero, aún más importante: un psicólogo jamás dirá que hacer. Al menos uno que se precie de tal. Un psicólogo no es un consejero, no es un orientador, no es un agente de control, no es un juez moral, ni nada por el estilo. Tampoco un modelo a seguir. Un psicólogo lo que hace es facilitar, acompañar. Muestra un camino, de ninguna manera indica cuál se debe seguir. Un psicólogo llevará el faro hacia el propio autoconocimiento del sujeto en pos de su deseo, de su verdad, aunque esta sea tremendamente dolorosa. Por eso, enlazando el punto anterior, muchos rehúsan al proceso, porque asumir el proceso es asumir llegar a ser libre, ser uno mismo, ser ante todo honesto con uno mismo, y para alcanzar ese grado de libertad, es necesario ser muy valiente y atravesar quizá mucho dolor, porque cuanto más se niega la propia verdad, descubrirla será más dolorosa ya que pondrá en jaque todo nuestro ser. Por ello, un amigo podrá aconsejar desde su experiencia o desde su bien intencionado parecer, pero no deja de ser una opinión sujeta a quien la emite, teñida por su propia subjetividad. Un buen psicólogo suspenderá su yo personal para poder entrar en comunión con el inconsciente de su analizado; de esa manera nada de su propio ser impregnará sus intervenciones, y por otra parte, su rol será el de un mero acompañante en la aventura del autodescubrimiento. Sostendrá la linterna para ayudar a alumbrar con su pericia e intuición algunos rincones, pero no caminará hacia allí por su analizado. Acompañará hasta la puerta, pero no podrá pasarla.

"Te roban la plata y no voy a pagar para que me escuchen". Los agrupamos porque están ligados. El primero obedece a falta de resultados. De vuelta, esto puede estar teñido por algún sesgo de terapias psicoanalíticas de las que han abundado en su mayoría en Buenos Aires, y su efectividad dependerá medirlas en función de qué se esperaba de ellas, en cuánto tiempo, y finalmente, entre la resistencia del paciente y la competencia del psicoanalista. Si no, es generalizar y hablar sin ningún fundamento. De todos modos, insisto: hay una terapia (o varias) y un terapeuta para cada sujeto, hay que tomarse el trabajo de encontrarlos. Y la psicología cognitivo conductual, por ejemplo, es entre todas la que recoge mayor evidencia científica de efectividad, para quienes buscan algún respaldo, lo cual no quiere decir que las demás no sean serias o no sirvan, todo depende para qué y quién. Después, cada profesional deberá ser medido en cuanto a su ética en cuanto a permitirse derivar o cerrar un proceso cuando se ve sobrepasado o trancado en el avance de un paciente. El segundo punto apunta más a un planteo de índole moral, como una especie de reproche por tener que verse en la necesidad de pagar para poder ser escuchado porque nadie más quiere hacerlo. Esto puede hablarnos de mucha omnipotencia o tal vez de soledad. En cualquiera de los puntos, implica reconocer una falta, un pedido de ayuda, y siempre lo primero es pedir ayuda para bajarnos del pedestal y empezar a salir.

“La terapia es muy cara. ¡Es solo para ricos!” Falso de nuevo. Existen centros de atención psicológica públicos que tienen muy bajos precios, accesibilidad de pago e incluso consultas gratuitas. Aunque en realidad muchos prefieren gastar la misma cantidad en ir a un spa o en ir de shopping, así que más que ser una creencia errónea, es una pobre excusa para no buscar la ayuda más idónea. “La terapia no soluciona nada”. Si bien esta creencia surge a partir de personas que pasaron por malas experiencias, no podemos generalizar todas las terapias psicológicas, pues existen diversos tipos de intervenciones y los psicólogos sabemos cómo adaptar estos estilos al paciente o recomendarlo con el mejor especialista para su caso particular. “Es una pérdida de dinero.

"¡El tiempo lo cura todo!” ¡Completamente falso! El tiempo en sí mismo es sólo eso, tiempo. Si ese tiempo no es invertido en un proceso de sanación, lo único que logramos es una falsa sensación emocional de que estamos más aliviados y tranquilos, pero en realidad hemos solamente evitado el duelo. Por ello, apenas se vuelva a tocar la herida, ésta renacerá con todas sus fuerzas porque aún no está cerrada. Especialmente cuando se trata de un problema recurrente que está afectando gran parte de las áreas de desarrollo diario o si la persona ha pasado por un trauma, un duelo o una ruptura sentimental difícil. El sanar es un proceso largo y lento, el cual debe ser asistido por un profesional para lograrlo por completo sin dejar secuelas negativas.

“No quiero ir porque el psicólogo querrá cambiar lo que soy”. Una de las creencias erróneas más populares y por la que muchos temen a la terapia, pero esto no es cierto ya que las personas no cambian su esencia. Nuestra estructura psíquica más profunda no puede modificarse, a lo sumo podremos corregir aquellas cuestiones de personalidad que han sido construidas socialmente. Lo que hacemos en terapia es redireccionar estas características a formas adaptativas más positivas que armonicen con el entorno y con el interior de la persona.

¿Para qué hacer una terapia? Fundamentalmente para descubrir nuestro deseo, que es otra forma de saber quiénes somos y cuál es nuestro propósito o razón de ser. Para dejar de obedecer mandatos, esquemas, modelos impuestos o copiados. Para tomar las riendas de nuestras propias vidas, hacernos cargo de nuestras decisiones. Para dejar de culpar a todos y empezar a ser responsables y generadores de nuestros actos. Para ser congruentes, para vivir en equilibrio, para pensar, sentir y actuar en concordancia y no llenarnos de máscaras o caretas que piensan, sienten y actúan cada una por su lado. Para dejar de sufrir vínculos tóxicos o amores mercantiles. Para dejar de repetir historias o personas. Para ser verdaderamente libres.

¿Qué terapia hacer? Como decíamos antes, dentro del autoconocimiento hay que tomarse el trabajo de saber qué terapia es la indicada para uno, y esto no implica necesariamente con la cual me sienta más cómodo, sino todo lo contrario. Es decir que si soy muy mental no tiene sentido hacer una terapia cognitiva o psicoanalítica porque esto reforzará mis mecanismos defensivos de racionalización, en tanto una gestalt o una humanista me serían mucho más útiles para sacarme de mi zona de confort y trabajar mis partes más débiles.

¿Qué enfoque tenemos? Somos plurales y múltiples, por tanto abrazamos un paradigma biopsicosocial y espiritual, esto es entender al sujeto en todas sus dimensiones y no recortado por sus partes orgánicas, psicológicas, sociales o espirituales. No nos hacemos llamar holistas porque el holismo tiende a ver el todo por encima de la parte, vamos más allá. El nombre adecuado sería hologramáticos, que es juntar la parte holística (el todo) con la gramática (que se encarga de estudiar los elementos o las partes). Se presenta bajo tres modalidades: 1) holonómica: el todo, en tanto que todo, puede gobernar las actividades locales. El cerebro, en tanto que todo, gobierna los núcleos de neuronas que lo gobiernan; 2) hologramática: el todo puede, aproximadamente, estar inscrito o engramado en la parte inscrita en el todo. En cada célula está la totalidad de la información genética del organismo; 3) holoscópica: el todo puede estar contenido en una representación parcial de un fenómeno o de una situación. Es lo que ocurre en los procesos de rememoración y de percepción. La noción de holograma parece capturar, siquiera de forma metafórica, un principio de organización general que estaría presente en muy diversos dominios de lo real: cada parte contiene dentro de sí el todo; cada parte debe su singularidad justamente a que, controlada por la organización del todo (producido por las interacciones de las partes), una pequeña parte del todo se expresa en él, pero, al mismo tiempo, sigue siendo portadora de las virtualidades del todo. Parece claro, entonces, que el pensamiento complejo dispone de la posibilidad de religar el todo con la parte y la parte con el todo, así como de la posibilidad de no recaer en las trampas de la simplificación. Y a ello aspiramos: a potenciar un pensamiento complejo que escape de los recortes simplificadores binarios que buscan sólo certeza, control y orden (medir, encasillar, etiquetar, predecir, juzgar bajo la fórmula de opuestos: blanco/negro, bueno/malo, azul/rosa, hombre/mujer, hétero/homo, etc.). Se trata de una invitación a recorrer los grises, los intersticios, las grietas, las calles internas, los caminos intransitados, lo impredecible, lo incierto, lo insondable. Para ello podremos vestirnos ocasionalmente el traje de sistémicos, psicoanalistas, humanistas, cognitivistas-conductistas, transpersonalistas, arteterapistas, etc, etc., pero nunca un solo camino y una única verdad.

Aclaración final sobre la psicología y los psicólogos

La salud mental tiene la misma importancia que la salud física, por lo que si tenemos algún tipo de problema que esté afectando nuestra calidad de vida (ansiedad, depresión, fobias...), desempeño profesional, relaciones interpersonales o confianza propia, debemos tomarlo con seriedad y atenderlo.